21 abril, 2026

«La orden de ponerlos en Iguala salió de Ayotzinapa»

«La orden de ponerlos en Iguala salió de Ayotzinapa»

Abraham Zaíd Díaz Delgado: texto. Miguel Alvarado: imagen. Brenda Cano: diseño.

Ciudad de México; 26 de marzo de 2022.

¿Quiénes son los verdaderos responsables de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa? Esa es la gran pregunta que sigue resonando en la cabeza de todos a casi ocho años de los ataques en Iguala, de donde también se registraron seis víctimas mortales y un herido que permanece en estado vegetal, Aldo Gutiérrez Solano. Familiares de los estudiantes, organizaciones sociales, colectivos de activistas, académicos, artistas, sobrevivientes, periodistas y autoridades han tratado de hallar respuestas en los lugares más diversos. Quienes buscan, han cavado a lo largo y ancho del país para desenterrar restos que se van apilando en una montaña de dudas como piezas de un rompecabezas sin formas nítidas, sin principio ni final. De todas ellas, solo dos pequeñísimos fragmentos de hueso han coincidido con el ADN de alumnos de la Raúl Isidro Burgos, Jhosivani Guerrero de la Cruz y Christian Alfonso Rodríguez Telumbre.

Se siguen buscando respuestas por todas partes excepto en un lugar, la escuela normal Rural de Ayotzinapa. En Los Infiltrados. El secreto de Ayotzinapa, Miguel Ángel Alvarado coloca la mirada en los caminos que irremediablemente conducen al sitio que ha sido descartado de facto por casi todos desde los días 26 y 27 de septiembre de 2014, pero que es fundamental para obtener verdad y justicia. Por supuesto ninguna alternativa abordada hasta ahora ha sido confortable pero aquí el propio autor nos advierte, “la respuesta no le va a gustar a nadie”.

A lo largo de 338 páginas y 14 capítulos Alvarado teje los cabos sueltos de otras investigaciones periodísticas como la de Anabel Hernández o Temoris Grecko, pero sobre todo los que han omitido las pesquisas judiciales ya sea por conveniencia o incompetencia.

El libro muestra la masacre de El Charco en Ayutla de los Libres como antecedente directo de las lógicas de infiltración estatal y paraestatal en las movilizaciones sociales y estudiantiles guerrerenses, pero que suponen una estrategia replicable para cualquier organización disidente en el país. Este ejemplo demuestra de manera contundente que la infiltración es más que una táctica disuasoria que permite el mantenimiento del poder, pues también busca exterminar la diferencia mediante la violencia extrema con recursos del Estado.

El caso de Ayotzinapa involucra agentes diversos relacionados entre sí que operan para los intereses de muchos tipos, el estatal, el narcotráfico y las mineras desde el interior de Ayotzinapa, pero no desde un sitio de invisibilidad, al contrario, desde los cargos más altos de la estructura estudiantil, ese perfil lo define una activista involucrada en la organización que fue atacada en El Charco, que define a esas personas como “las más comprometidas con el movimiento y (que) estaban en todas las brigadas, movilizaciones, asambleas y reuniones de trabajo… avanzadas, formadas, siempre presentes”, en resumen, personas de las que resulta complicado dudar, por eso sentencia que “fue un acto de ingenuidad no entender los riesgos”.


Esa misma ingenuidad u omisión predispuesta disfrazada de ineptitud, se ha hecho presente en las investigaciones de Ayotzinapa y lacera constantemente a los familiares de las víctimas.

El autor coloca especial atención en el caso de Julio César Mondragón Fontes, “El Chilango”, y de su familia, quienes edifican la lucha y resistencia dignas frente al brutal desenlace que dieron al joven durante los ataques en Iguala. La burda negación de las autoridades sobre la tortura que sufrió Julio César esa noche, donde le fueron fracturados cerca de 40 huesos de todo el cuerpo y desollada la cara, se convirtió en el inicio de la rabia e indignación colectiva porque, además, su cuerpo maltrecho fue fotografiado y divulgado en internet.

En Los infiltrados. El secreto de Ayotzinapa, también se relatan detalladamente los días previos y la jornada de los normalistas el 26 de septiembre de 2014, retoma solamente algunos aspectos necesarios que ya son conocidos, reafirmándolos. Por ejemplo, la reunión en Amilcingo, Morelos donde la representación estudiantil de Ayotzinapa ofreció a la FECSM (Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México) sus instalaciones para recibir aproximadamente a mil 300 normalistas rurales y trasladarlos a la Ciudad de México para los actos conmemorativos del 2 de octubre de 1968; así como las redes y vendettas existentes entre los gobernantes y grupos dedicados al narcotráfico (siendo los mismos) en Iguala y otras zonas del estado de Guerrero.

De acuerdo con las fuentes citadas por Alvarado, las relaciones de lealtad se extendieron hasta el interior de Ayotzinapa y operaron (u operan) impunemente por un tiempo indefinido, pero quedaron al descubierto en aquellas horas trágicas que hicieron de Iguala un campo de tiro para la cacería de los estudiantes. Siguiendo los relatos de algunos ex alumnos se remarca la arbitrariedad de las decisiones tomadas por los comisionados estudiantiles de mayor jerarquía, encabezados por David Flores Maldonado, conocido por sus compañeros como “El Parca”.

Sobre ese personaje recaen en gran medida las acusaciones recuperadas a pie de calle, aquellas que no han sido retomadas por las autoridades correspondientes en las indagatorias oficiales durante los mandatos de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, y que tampoco se han promovido por las organizaciones defensoras de derechos humanos como Tlachinollan, Serapaz o el Centro Agustín ProDH, en un claro ejercicio de desmemoria, de olvido y de apoyo a la construcción de una sola verdad, quizá una nueva “verdad histórica”. Pero eso no significa que los señalamientos no existan o desaparezcan, pues a lo largo de los capítulos se refieren numerosas fuentes que recogen estos testimonios y pruebas sobre la atribución de responsabilidades a personajes que durante 2014 formaban parte de la Raúl Isidro Burgos en los niveles más altos de la estructura estudiantil.

A otro personaje presentado por Alvarado los estudiantes lo conocen como “El Eterno”, “Jackie Chan” o “El Abuelo”, aunque él se autodenominó “Omar García” y bajo ese pseudónimo ganó fama en México y el mundo tomando por cuenta propia el papel de “vocero” de los normalistas de Ayotzinapa, incluso nombrándose “El 44” como nuevo sobrenombre. Manuel Vázquez Arellano, como se llama realmente, también tiene la animadversión generalizada del normalismo rural, especialmente en Ayotzinapa donde en algún momento fue un miembro destacado por su esmero y preparación para la convocatoria, organización y movilización social, pero que nunca reflejó en la formación como docente. La investigación periodística que concentra este libro comprobó que a Manuel le unen lazos de sangre con un joven trabajador del crimen organizado, su hermano, quien fue asesinado debido a su oficio. Esto se suma a su “destape” como diputado plurinominal por Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), actual partido en el poder. Con ello terminó perdiendo la poca confianza que mantenía de normalistas y familiares de los desaparecidos y asesinados.


Pero las medidas compensatorias, más bien, silenciatorias, llegaron también a la normal rural Raúl Isidro Burgos y a ese modelo educativo en su conjunto.

Su marcado y cínico ascenso en la estructura estatal confirma los “ofrecimientos “atractivos” a los líderes de la escuela”. El autor señala que “El (primer) paquete incluía un millón de pesos para cada uno de los alumnos de la cúpula estudiantil y un cargo en la Secretaría de Educación en la entidad que cada uno eligiera… no faltaron las becas estatales y federales. En ese momento la oferta fue rechazada, pero vendrían otras”.

Alvarado complementa en otro apartado con lo siguiente: “El gobierno federal cambió su estrategia y quiso compensar a la normal por la desaparición de 43 de sus alumnos y el asesinato de otros, con un aumento presupuestal que pasó de 9 millones anuales que tenía en 2014 a 50 millones de pesos en 2015, beneficio que recibieron todas las normales”.

“La sola idea de la infiltración fue desechada por los familiares de los 43 desaparecidos, desde el inicio de las indagatorias acerca del paradero de los jóvenes”. Pero concretado este panorama, fue tomando fuerza la posibilidad de infiltración para los padres y madres de los desaparecidos, aspecto que, para el representante legal de las víctimas, Vidulfo Rosales, no debía ser expuesto pese a que fracturó la relación entre ambos grupos.

Por si fuera poco, la Comisión de la Verdad y Justicia para el Caso Ayotzinapa no ha retomado esta alternativa con el rigor que amerita, pues personajes como David Flores Maldonado, “El Parca”; y Manuel Vázquez Arellano, “Omar García”, “El Eterno”, “Jackie Chan”, “El Abuelo” o “El 44”, colaboran con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en recorridos y declaraciones que reconstruyen los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014 pretendiendo encontrar a los jóvenes desaparecidos, pero también para hacer encajar las piezas necesarias en una “nueva verdad”, verosímil mas no cierta.

Con gran destreza Miguel Alvarado desvela estas implicaciones hacia la parte final de Los Infiltrados. El secreto de Ayotzinapa. Después de exponer las condiciones de sumisión en las que se encuentra la población del estado de Guerrero (pero que bien podría ser reflejo de otras zonas del país) por la acción violenta e impune de gobernantes, narcotraficantes y mineras apoyados en sujetos que conectan todos esos sectores, muestra esa “verdad” que se nos anticipa desde las primeras páginas, la que “a nadie le va a gustar”, y por su crudeza es difícil de asimilar.

El autor cita fuentes anónimas que emprendieron una labor de búsqueda secreta y alternativa desde el interior de la normal rural de Ayotzinapa. Desapegada del discurrir pericial de la PGR y de la dirigencia estudiantil de David Flores Maldonado a quien califican de infiltrado, un grupo de normalistas arriesgó su vida para obtener por cuenta propia la “verdad” sobre el paradero de sus 43 compañeros. Luego de una larga sucesión de peripecias llegaron hasta un líder criminal quien les detalló el desenlace mortal de los normalistas.

Paso a paso, Alvarado recupera la descripción de esos hechos en voz de los alumnos y registró la comunidad de Carrizalillo como el sitio donde deben emprenderse urgentemente las labores de búsqueda para la detección de los normalistas y la subsecuente aplicación de castigos ejemplares a los responsables. De acuerdo con las fuentes citadas, el líder criminal les confirmó que “La orden de ponerlos en Iguala salió de Ayotzinapa, vino de su escuela y ustedes conocen a quienes la dieron… fueron sus compañeros y ustedes saben quiénes son. Son sus líderes”.

Los Infiltrados. El secreto de Ayotzinapa de Miguel Ángel Alvarado ha llegado a reavivar el interés general por el caso Ayotzinapa, aunque su mayor aporte es la continuación (y en algunos casos la conclusión) de muchos trabajos periodísticos que le antecedieron desde 2014 y hasta a la fecha. Otorga una respuesta triste y cruel pero bien fundamentada sobre los hechos, las causas y consecuencias de la muerte y desaparición forzada de los estudiantes de la Raúl Isidro Burgos. Detrás de los 14 capítulos que nos presenta hay un trabajo de investigación que se extendió por más de seis años, leyendo archivos que jamás se habían leído, indagando en donde no se había indagado, escuchando a quienes no se había escuchado. Se trata de un libro que va a contracorriente porque cuando se anda un solo camino sin destino claro es necesario hacerse el propio.

Este es un libro que debe ser leído por todos, especialmente por los involucrados, por la Comisión de la Verdad y los gobernantes en turno, quienes aquí se encontrarán con material valioso y suficiente para, por lo menos, abrir una nueva línea de investigación que lleve a Carrizalillo y a las mineras que extraen oro al mismo tiempo que entierran cuerpos en el estado de Guerrero y en todo México. Pero también exhibe su complicidad y protección hacia los infiltrados de Ayotzinapa, con quienes perfila una nueva verdad oficial.

Finalmente, nuestro autor tenía razón. La verdad que sale a la luz en Los Infiltrados. El secreto de Ayotzinapa “no le va a gustar a nadie”, pero no es motivo para desestimarla. No nos gusta y no nos gustará porque más que posible es real: desearíamos que no fuera así. Porque todavía tratamos de creer en la verdad y la justicia.

*

Abraham Zaíd Díaz Delgado. Mtro. en Antropología Social, Universidad Iberoamericana.

*

Los infiltrados. El secreto de Ayotzinapa. México, Viceversa Ediciones. 2021

Tags

Cuéntaselo a todos

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestro boletín de noticias