Stella Cuéllar: texto. Brenda Cano: diseño. Miguel Alvarado: imagen.
Toluca, México; 26 de marzo de 2022
Llegaron y fueron toda una sorpresa, ¿pelícanos en Toluca? ¿Cómo va a ser? Primero fueron pocos. Yo conté 13 y un par de días después había 15 o 20. Hace unas semanas rebasaban la centena. Muchos nadaban juntos mientras otros volaban en círculos sobre el agua, o muy, muy alto en el cielo.
Me parecían como aviones de guerra, de esos viejos aviones que aterrorizaron a tantos, pero estos, en cambio, no eran amenazantes. Verlos no sólo me alegraba el día, sino que hasta me reconciliaban un poco con San Pablo y con Toluca, a la que no acabo de querer ni hago mi sitio, aunque la casa cada día esté más linda.
Pero no hay felicidad que dure eternamente; de hecho, casi siempre es efímera, por lo que no me extraña que esta tampoco durara. Se habían instalado en una de las presas que hay aquí. Como no son muy grandes ni se ve por dónde les llega el agua, me cuesta trabajo creer que son presas y yo prefiero llamarlas “lagunas”.
El caso es que los pelícanos aborregados se instalaron en la laguna que está a pie de carretera, que es la más grande, y es paso obligado a la casa cuando venimos de Toluca o de México, así que he podido disfrutarlos desde que hicieron su primera aparición.
Algunos días hasta nos hemos regresado de San Cayetano, a donde vamos a comer, por la carretera y no por el camino directo que une a este pueblo con San Pablo con tal de ver a los pelícanos enormes, blancos, con los filos de sus alas negros. ¡Qué bellos son! La vueltota bien vale la pena.
No recuerdo quién me contó que algunos pelícanos de este tipo llegaron también hace unos años a Xochimilco, o por allá, y ahí se quedaron. Ya no regresaron a Canadá, que es de donde vienen, y yo, ingenua, me hice ilusiones de que quizá se quedarían aquí. Para mí hace un frío horrible, pero ellos vienen de Canadá donde el frío es mucho peor. Además, en las últimas semanas hasta ha hecho calorcito.
Pero eso no va a suceder, porque los pelícanos eligieron una laguna inestable, que como sucede cada año, cuando comienza el calor, las vacían porque con esa agua riegan los campos.
Recién llegué a Toluca, hace casi cinco años, el agua no bajaba tanto, pero el año pasado sufrí mucho al ver que casi la secaron. Recuerdo que hasta pensé que no se recuperaría. El panorama se volvió horrible porque quedó al descubierto toda la basura que la laguna escondía: llantas, láminas, colchones, plásticos, botellas. Un asco.
Yo sufrí mucho. Fue tan feo que no sé quién organizó unas brigadas de limpieza del lugar y sí quitaron parte de la basura. Pero la gran laguna estaba muy vacía porque hizo mucho calor y tardaron en llegar las lluvias, además de que no fueron tan fuertes como en años anteriores.
Yo no sé por qué les sacan tanta agua. Parece que no les importa a quienes tienen el control de estas presas, que además de servir para regar los campos, son hogar de pequeñas garzas blancas y negras, y de muchos patos y peces y otros animalillos. ¿Será que no es posible equilibrar las necesidades?
El caso es que ayer que pasamos por ahí, vimos la laguna mucho más pequeña. Ya comenzaron a sacar agua para abastecer las tierras. Aún había algunos pelícanos, no muchos, quizá unos 13 o 15, como la primera vez que los vi.
El agua está tan baja que el área en la que aún pueden nadar es ya muy pequeña y poco profunda. Casi casi se les ve caminar y no nadar.
Estoy segura que están sorprendidos y deprimidos, como lo estoy yo.
Entonces sé que no tardarán en irse. Imposible que se queden ahora, que comienza a verse la basura que estaba oculta al fondo, que aunque no es tanta como el año pasado, sí es suficientemente desagradable.
Imposible que se queden si ya hay partes en que la escasa agua está anegada y apesta.
De hecho, si yo fuera un pelícano aborregado, ya me hubiera ido, con los primeros que partieron quién sabe a dónde. Y seguro que estos que vimos ayer, en unos días más ya no estarán. Pero los campos recibirán el agua que necesitan. No se puede tener todo. Y no hay alegría que dure tanto o sea perfecta.



