16 abril, 2026

De acosos y otros demonios

De acosos y otros demonios

Fernanda García

Toluca, México; 16 de marzo de 2022.

Clara caminaba por la calle, vestía un pantalón blanco y una blusa roja con la que se sentía preciosa. Iba al súper en Toluca y caminaba enfocada en su celular, en su lista de compras. Sonreía con amabilidad hasta que puso atención al primer “piropo”: le dijeron “en esa cola sí me formo”.

Comenzó a encogerse, se sintió chiquita. Dio 20 pasos más y le dieron una nalgada. Estaba en un estacionamiento y un sujeto decidió que podía tocarla, quizá el tipo pensó que después de eso ella le iba a dar el número de teléfono.

Clara pensó que si un día le volvía a pasar, ahora sí reaccionaría, pero ahora no. Se quedó callada, pasmada, parada ahí en el pavimento y el calor que se desprendía de éste la obligó a dar otro paso en silencio. La rabia de no saber qué contestar la consumió toda la tarde.

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Como si se tratara de un ritual de amor, Leslie se tomaba selfies para su novio, algunas en ropa interior o desnuda. Era parte del coqueteo que mantuvieron por meses, un acuerdo verbal de no compartir las evidencias de su vida en pareja le hacía pensar que estaba a salvo.

La última foto la mandó en noviembre del año pasado. En febrero de 2021, uno de sus amigos le preguntó si era ella la que aparecía en unas imágenes que circulaban en un grupo de whatsapp de su escuela. Le mostró las imágenes y no supo si sus ojos se cegaban de rabia, pena o tristeza. Había terminado su relación tres meses antes y jamás imaginó que un jugueteo íntimo sería tema de conversación en grupos de “packs”.

No denunció, pese a que en el Estado de México está tipificada como delito la pornovenganza. No quería que sus padres se enteraran. Ahora convive con la depresión, la ansiedad y el enojo, se los desayuna cada mañana con café amargo y la sal de sus lágrimas. Un mar de impotencia.

Su exnovio no se responsabilizó, sólo le dijo que le habían robado el celular. No importaba, las fotos seguramente ya estaban descargadas en más de dos móviles. Ya le conocían cada peca personas que seguramente nunca le han dirigido la palabra. Ahora cada mañana se bebe su vergüenza.

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En cuanto Laura abrió su cuenta de facebook, le llegó una notificación de su ex pareja. Aceptó pensando que, después de tres años de haberse dejado, podrían ser amigos. El primer mensaje llegó y la conversación fluía hasta que un día, de la nada, el sujeto le mandó una foto de su pene. Ella lo bloqueó.

Creyó que ahí quedaría el asunto y siguió con su vida pero mensajes desde distintas cuentas llegaban al buzón. En cada uno de ellos había fotografías de penes, y de hecho uno era el de su ex. Denunció ante la Fiscalía General de Justicia del Edoméx y ante la Policía Cibernética. No pasó nada. Hizo pública la situación y más mujeres denunciaron que pasaban por lo mismo. Igual, no se dio seguimiento al caso.

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A punto de casarse, Fernanda descubrió que su prometido era narcomenudista y entonces decidió cancelar su compromiso. Pero esto trastornó al hombre. El sujeto comenzó a seguirla y a amenazarla.

“Te voy a matar y te van a encontrar en cachitos”, le dijo mil veces. No sabía qué hacer, la joven estaba desesperada. Pasaron semanas de terror, de angustia, de certeza de que iba a amanecer muerta y despedazada. Entonces su casa fue baleada.

Su padre se cansó de las amenazas y mató con tres disparos al tipo. Ahora está en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México pues sabía que las autoridades por colusión o indiferencia no iban a defender a su hija, así que lo hizo él. Fue sentenciado a 20 años de prisión pero ahora sabe que su hija vive libre y sin miedo.

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Nelly estaba cansada de jugar sola, pues ese día en casa de su abuela sólo estaban sus primos haciendo cosas que no podían compartir con ella por ser mujer. Tenía apenas cinco años y con inocencia preguntó qué tenía que hacer para que la dejaran jugar con ellos.

Nunca imaginó lo que le pedirían: “siéntate en nuestras piernas tres minutos, en las piernas de cada uno”. Jamás pensó que esa tarde de domingo la dejaría marcada y la recordaría como una pesadilla recurrente durante más de 30 años.

Al sentarse en uno de sus primos, mientras todos observaban, sintió algo raro entre sus piernas. En ese momento no le tomó importancia y repitió lo mismo cuatro veces. Años más tarde supo que eso raro que sentía era la erección de sus primos.

Nelly nunca habló del tema con su mamá, aún siente que fue su culpa.

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Los relatos de acosos son incontables y todas las mujeres los hemos vivido. Todas. No, no todos los hombres son iguales pero todas hemos vivido el terror de caminar solas por las calles, de estar con un hombre que nos ruega hasta el cansancio pese a que se le rechaza. Todas hemos vivido acoso desde niñas. Dejemos de educar a las pequeñas para que no sean víctimas y enseñemos a los chicos a no ser agresores.

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Nota de la autora: los relatos son verídicos, aunque se cambiaron los nombres para proteger a las víctimas.

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