20 abril, 2026

Las intermitencias de la luz

Toluca, México; 26 de octubre de 2024

Miguel Alvarado: texto/ Imágenes: VCV

Las ciudades son un parque de obstáculos para los inválidos, los minusválidos y los enfermos. Salir a la calle representa todo un reto que no siempre resulta bien porque los planes urbanos no contemplan a nadie que no esté entero. Y cuando lo hace, la infraestructura resulta tan limitada que en poco tiempo su utilidad real es rebasada. Así, subirse al tren, por interurbano que sea, plantea dificultades que no deberían existir porque ya deberían estar resueltas.

Este grupo de invidentes ha querido transpolar su experiencia y hacer ver a quienes pueden mirar, la brecha acuciante que representa la ceguera y que se extiende de formas muy peligrosas en lo cotidiano. Subirse solo al transporte público, de por sí un peligro por sus propias condiciones, es una odisea que muchas veces no puede superarse desde los medios con los que cuentan los ciegos y débiles visuales.

La sociedad, estructurada a partir del miedo, teme incluso pronunciar la palabra “ciego” y se ha ido inventando eufemismos para sustituirla. Débiles visuales es una de esas frases que le resta la contundencia que debe tener el término de ceguera. Y así es con todo lo demás. A los ciegos, paradójicamente, se les deja de ver y la magnitud de sus problemas ya no es la misma porque ahora son “débiles visuales”.

A la falta de inclusión, de oportunidades laborales, al abuso y desinterés que tiene que atravesar todos los días, hay que sumarle la imperiosa necesidad del transporte. Subir las escaleras, pararse en el andén, saber en qué dirección se abre la puerta del vagón más cercano, y antes comprar los boletos, utilizar las tarjetas de abordaje, y una vez adentro buscar un lugar para una persona que mira -que mira, aunque no vea- no significa gran cosa. Para un ciego, no es así.

Así, en el tren interurbano los que no ven, pero que lo hacen con el resto de sus sentidos, llevan una pareja a la que le han amarrado un trapo para que no vea. Así, ambos, el que ve pero no mira y el que no mira pero sabe ver, caminan a lo largo de los andenes del famoso tren, y buscan viajara en él. La experiencia debe ser sobrecogedora cuando uno va solo y tiene que trasladarse a lugares que no conoce. Si no se puede ver, entonces uno tiene que fijarse.

Este ejercicio, realizado a mediados de 2023 y controlado por guías y acompañantes, cumplió su cometido. Por lo menos ellos, los que participaron, no dudarán en lo necesario que es exigir a los gobiernos que incluyan a los minusválidos y enfermos por lo menos en las dinámicas del transporte. Ya que nunca seremos como Dinamarca, por lo menos seamos congruentes y solidarios.

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