17 abril, 2026

«Lo conociste por la tarde, en una reunión casual»

«Lo conociste por la tarde, en una reunión casual»



La primera vez que me llamaste inútil

tuve que contar ovejas para poder quedar dormida.

Reinicié la cuenta tres veces como buena para nada.

Las ovejas se burlaban de mí al son de sus balidos.

La inútil del ojo morado. La inútil de la nariz roja.

La inútil que tartamudea hasta al contar en la mente.

La oveja número 576, cansada de reír, me dejó acariciar su lana

Y soñé con ella brincando en la sala mientras yo recogía sus pelusas.

Karen Flores

Puebla, México; 5 de mayo de 2021.

Sí, adelante, sigue. Cuéntame tu historia.

Háblame primero de cuando lo conociste. De aquellos días en los que te sentías vacía y tenías miedo de estar sola. De tus dietas y esfuerzos por entrar en ese pantalón dos tallas más chico. De cuánto te alegraste con los cumplidos por verte más ‘guapa’ (léase delgada), aunque nadie se percatara de todo a lo que renunciaste para conseguirlo. De las noches en que lloraste por no sentirte suficiente. De los insultos de tu padre antes de salir de casa, tal vez para no volver, y de los ojos de tu madre fijos en el suelo. De cuán rota estuvo a partir de entonces. De cómo cargabas en silencio con estas heridas internas, que abiertas con los años no habían sanado.

Y de repente apareció él.

Lo conociste por la tarde, en una reunión casual entre amigos al salir del colegio. En la noche de fiesta de fin de cursos en la que hablaron hasta el amanecer. En el trabajo, un lunes, cuando cruzaron palabra por primera vez en meses y él, con una sonrisa cálida, te invitó un café.

Cuéntame sobre lo que conversaron. De sus gustos afines en música y películas. De lo mucho que te intrigó su mirada atenta. Cómo fue que en poco tiempo él te llenó de promesas y planes Dime cómo te emocionaste al pensar que al fin eras prioridad. De cuán agradecida te sentiste porque te amara a pesar de tus complicaciones (pues creciste escuchando que las mujeres en sí somos difíciles de amar). De cuando imaginaste poseer algo que creíste nunca habías tenido antes. De cómo a eso le llamaste ‘amor’. Y de todas esas veces que aceptaste que por él había que darlo todo.

La segunda vez que me llamaste inútil,

tuve que contarle al padre que pequé

de malos pensamientos. A veces es difícil

mantener la mente limpia con la cabeza rota.

Dieciséis padres nuestros y veintiún aves marías

me bastaron para redimirme y quedar dormida.

Soñé con un frasco de lejía

derramándose en el piso mientras

yo intentaba secarlo.

Anda, continúa.

Háblame del dolor. De la tristeza. De la soledad.

De cómo las risas murieron. De que en poco tiempo los insultos y los gritos llegaron. De esos chistes sobre grilletes y esposas neuróticas con amigos que alardeaban de su soltería. De tu sonrisa forzada para ocultar el daño mientras sola te encargabas de los niños o las labores del hogar. De cuando sus halagos terminaron y lo descubriste decir algo que habían leído juntos alguna vez en un cuento de Tishani Doshi: “¿sabes lo que dicen sobre las mujeres hermosas? Por cada una que vez caminando en la calle, hay un hombre que está cansado de cogérsela”.

Pero no importó, porque te dijeron que el amor lo soporta todo, que implica sacrificio. Porque escuchaste miles de veces que si de verdad te amaba, cambiaría. Y te quedaste esperando.

Hasta los golpes.

¿por qué grita esa mujer?

¿por qué grita?

¿por qué grita esa mujer?

Andá a saber

Sí, quisiste huir. Pero no lo hiciste. ¿Por qué?

Háblame del miedo. De la incertidumbre. De la impotencia.

De una autoestima mermada. De los niños. De lo poco que ganas a comparación de él.

De cuando te levantaste un día y viste en el noticiero el video de una maestra agredida por su pareja mientras impartía clase: los gritos te recordaron a los tuyos. Sus súplicas que no pedían un alto a los golpes, sino sólo que la dejaran vivir en secreto su dolor. Sin importarles cuánto implorara, a pesar de oírla la exhibieron hasta que se olvidaron de ella. Y te preguntaste si se habría sentido humillada. Si tú tendrías la fuerza de escuchar tus ruegos cada que encendieras el televisor. Si estarías dispuesta a soportarlo. Si podrías hablar ante comentarios que te instan a ser valiente, a tener dignidad, aún con el alma rota.

esa mujer, ¿por qué grita?

andá a saber

mirá que bonitas flores

¿por qué grita?

jacintos    margaritas

¿por qué?

¿por qué qué?

¿por qué grita esa mujer?

Semanas después leíste que el agresor no se presentó a comparecer por lo ocurrido. La noticia de su amparo en titulares con la palabra ‘presunto agresor’ presidiendo el nombre del marido. No hubo alboroto esta vez. Quizá por la falta de súplicas. Pero no pudiste creer que ni siquiera el video resultara suficiente para probar la culpabilidad de ese hombre. Que toda la vergüenza y las reproducciones fueran en vano. Que incluso escuchándola, se dudara de la veracidad de su dolor. Y titubeaste sobre si tú podrías hablar entonces.

¿Para qué denunciar?, te preguntaste. Y por un segundo te pusiste en la piel de aquella mujer, olvidada por la brutal indiferencia de todos, el día fatal en que ese hombre regresara a casa. Los insultos. Los golpes cargados de furia.

Por un momento, los tuyos te parecieron caricias.

La última vez que me llamaste inútil

Tuve que contar aviones con los ojos cerrados.

Bastaron diecinueve para lograr abrir el ojo izquierdo.

Veintiséis para respirar por la nariz. Treinta y siete

para abordar. Mi vuelo es el 2579. Empiezo a contar nubes.

Ya habrá tiempo para soñar.

Espera, ¿cuánto tiempo ha pasado? No me dijiste tu nombre.

¿Acaso eres esa mujer, una de las miles que han asesinado en el anonimato? ¿O de aquellas cuyo caso se ha perdido entre las denuncias y muchas otras notas que se publican diario? Ellas, un número más en las cifras del mes de marzo que indican un repunte en la violencia doméstica. Ellas, de las que no tendremos un nombre que gritar. Un nombre para recordarlas. Un nombre con el que exigir justicia.

la mujer

y esa mujer

¿y estaba loca mujer?

Ya no grita.

(¿te acordás de esa mujer?)

Bibliografía.

Doshi, Tishani. (2020). Cuento actual de la India: Tishani Doshi (trad. Karen Flores). Círculo de Poesía.

Infobae. (25 de abril del 2021). Marzo 2021: el mes más violento contra las mujeres en México desde que se tiene registro.

Red de Rendición de Cuentas. (2020). Tras la pista de los números de la violencia contra las mujeres en México.

Rodríguez, Mario. (20 de mayo del 2021). Se ampara hombre que presuntamente agredió a maestra de la UAEMEX mientras daba clases virtuales. Milenio.

Thénon, Susana. (2001). ¿Por qué grita esa mujer? La morada imposible.

Urbina, Becky. (2018). Borrón y cuenta nueva. Lee Poesía.

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