Ciudad de México; 31 de agosto de 2026
Sady Colín
Primera de tres partes
Introducción
Estamos a casi doce años de los lamentables hechos en Iguala y no hay avance en el paradero de los 43 estudiantes desaparecidos, y los detenidos bajo sospecha son exhibidos en una pasarela mediática que, una vez que termina, no se vuelven a presentar ni se señalan progresos concretos.
Por otra parte, tenemos la presencia del narcotráfico y su posible participación en los acontecimientos de aquella noche, así como la pasividad del ejército durante los hechos del 26 de septiembre de 2014. Ambas líneas de investigación están marcadas por contradicciones, y aunque se han producido diversas detenciones relacionadas con uno y otro, los progresos para esclarecer lo sucedido han sido escasos.
Sin embargo, los sucesos de la Noche Iguala comparten la misma pista y su análisis bajo otra visión podrían aproximarnos a lo sucedido. En ese sentido, considero que la explicación más adecuada encuentra eco en la Doctrina Francesa de Contrainsurgencia, en concreto en la obra “La Guerra Moderna”, del general francés Roger Trinquier, manual militar que fue origen del concepto de la Guerra Sucia, además libro de cabecera de los generales argentinos de los años setenta del siglo pasado, la Escuela de Manaos en Brasil, la Escuela de las Américas y la Operación Cóndor, y que actualmente influye en los programas de Seguridad Nacional de muchos países, como se verá a lo largo de este trabajo.
Es importante tomar en cuenta que “La Guerra Moderna” no aborda los conflictos desde el enfrentamiento entre dos ejércitos regulares que combaten bajo condiciones equivalentes, sino de una guerra contra el pueblo mismo. Por esta razón, bajo la lógica de la contrainsurgencia, el control de la población se convierte en uno de los objetivos fundamentales de la acción militar. Sus ideas sobre el control de la población, el territorio y el llamado “enemigo interno” influyeron en distintas estrategias militares y de seguridad desarrolladas posteriormente en América Latina.

Esta perspectiva ser relacionará con el trabajo “Capitalismo Antidrogas” de Dawn Paley sobre el estado de Guerrero, y que muestra que la violencia y la militarización no pueden explicarse únicamente por el narcotráfico.
En otras palabras, examinar los acontecimientos de Iguala desde estas perspectivas permitiría formular nuevas preguntas sobre la actuación de los distintos actores involucrados y valorar si determinadas acciones y omisiones de aquella noche pueden comprenderse a la luz de métodos de contrainsurgencia, militarización y control territorial aplicados contra la población civil, cuyas formas se han transformado con el tiempo.
La Doctrina Francesa de Contrainsurgencia
Oui, todo comienza en la Francia de la década de 1950, cuando el país enfrentaba las guerras de liberación de Indochina y Argelia. La primera planteó al ejército francés un desafío para el cual los métodos de la guerra convencional resultaban insuficientes. Los insurgentes eran escurridizos: conocían el terreno, recurrían a la guerrilla, el sabotaje y los atentados, y encontraban entre sectores de la población civil refugio, abastecimiento, información y apoyo.
El adversario evitaba el enfrentamiento frontal y desarrollaba una estructura clandestina que dependía, en buena medida, de sus relaciones con la población. El problema militar adquiría entonces una dimensión completamente distinta: ¿cómo combatir a un enemigo que no utiliza uniforme, evita el enfrentamiento frontal, opera clandestinamente y se encuentra mezclado con la población? Esta circunstancia obligaba también a modificar y dosificar el empleo de la fuerza.
Francia no podía tratar a cada población sospechosa de colaborar con los insurgentes como si se tratara de una posición militar enemiga y arrasarla mediante los recursos propios de una guerra convencional. Además de las consecuencias humanas, una actuación semejante habría tenido enormes costos políticos y colocado al gobierno francés en una posición cada vez más difícil ante la opinión pública nacional e internacional.
En el caso de Indochina, la rebelión pasó de ser una insurrección concentrada en ciertos núcleos a convertirse en un levantamiento generalizado. Los generales franceses se encontraron ante un adversario distinto a los que habían enfrentado anteriormente. El Viet Minh había perfeccionado la guerra de guerrillas a partir de distintas experiencias revolucionarias y militares, pero sobre todo, había integrado un programa político-militar estrechamente vinculado con la población civil.
El Viet Minh realizaba trabajo político y social entre la población, aprovechaba el terreno, emprendía acciones de sabotaje y atacaba puntos estratégicos. Al mismo tiempo, establecía refugios, redes de información y hospitales clandestinos mientras obtenía recursos mediante actividades que incluían secuestros y el cobro de cuotas. Así, aunque la lucha podía reivindicarse como legítima desde una perspectiva anticolonial, muchas de sus prácticas eran consideradas ilegales por las autoridades francesas. La población podía padecer las acciones guerrilleras, pero también apoyarlas y convertirse en sus ojos y oídos. De ahí que la organización pudiera nutrirse de jóvenes movilizados mediante un discurso nacionalista y revolucionario.
Las milicias populares fueron fundamentales en esta estructura. Se alimentaban de aldeanos, habitantes de las ciudades y miembros de organizaciones civiles, escuelas y asociaciones simpatizantes. Como señaló Roger Trinquier: el “control de las masas mediante una organización estrecha” constituía el arma principal de la guerra moderna. Para los militares franceses, por tanto, el problema no consistía únicamente en destruir unidades armadas, sino en desarticular una extensa organización política, administrativa y social.
Francia terminó aceptando su derrota en Indochina en 1954, pero sus fuerzas armadas asimilaron las experiencias adquiridas durante aquel conflicto. La derrota trajo un proceso de reflexión sobre las formas de combatir a movimientos insurgentes que combinaban acciones militares, organización política y apoyo de sectores de la población.
Los militares franceses también recurrieron a experiencias de su propia historia, particularmente a las prácticas de control y represión empleadas durante la ocupación nazi de Francia. Marie-Monique Robin, autora de “Los escuadrones de la muerte: la escuela francesa”, señala la influencia que tuvieron algunos de estos antecedentes, entre ellos el decreto Nacht und Nebel, “Noche y Niebla”, promulgado el 7 de diciembre de 1941 y desarrollado mediante directrices emitidas por el mariscal Wilhelm Keitel. Entre las prácticas que posteriormente formarían parte de las reflexiones francesas sobre la guerra contrainsurgente pueden señalarse:
- La importancia de la infiltración y la obtención de información, destinadas a identificar organizaciones clandestinas, grupos de resistencia, redes de apoyo y asociaciones consideradas hostiles, aunque estas no estuvieran armadas.
- La utilización de fuerzas auxiliares y estructuras armadas de apoyo, como grupos paramilitares, así como el patrullaje, la vigilancia nocturna y, particularmente, la coordinación entre las fuerzas militares, los servicios de inteligencia y la policía.
- La división del territorio en zonas de vigilancia y control, con el propósito de identificar movimientos, controlar a la población y facilitar la localización de individuos y organizaciones consideradas enemigas.
- La desaparición clandestina de los enemigos del Reich, característica central del decreto Nacht und Nebel. Las directrices transmitidas por Wilhelm Keitel establecían que, en determinados casos, las personas detenidas en los territorios ocupados debían ser trasladadas secretamente a Alemania, de manera que sus familiares y comunidades desconocieran su destino. El propósito era producir un efecto intimidatorio mediante la incertidumbre: el detenido desaparecía y quienes permanecían en su lugar de origen no podían obtener información acerca de su paradero o de lo que le había ocurrido.
Argelia se convertiría en el escenario donde muchas de aquellas ideas serían desarrolladas y aplicadas con mayor intensidad. La guerra podía librarse no sólo por el dominio del territorio, sino también por el control de la población, de la información y de las organizaciones que articulaban a la sociedad, y este control es tan importante como el combate armado. La Guerra Moderna constituye “un sistema entrelazado de acciones —políticas, económicas, psicológicas y militares—” (Trinquier, 1964, p. 6, traducción propia). Así, la población dejaba de ser únicamente el conjunto de civiles situado alrededor de los combatientes para convertirse en uno de los espacios centrales de la confrontación.
El problema es que esta concepción amplía considerablemente la categoría del enemigo: cuando éste deja de portar uniforme y se confunde con la sociedad, cualquier integrante de la población puede convertirse en sospechoso de proporcionar información, refugio, recursos o apoyo político. Llevada a sus extremos, esta lógica permite que civiles situados fuera de los marcos considerados legítimos por las fuerzas de seguridad sean concebidos como enemigos potenciales, con el consecuente riesgo de vulneración de sus derechos humanos.
Durante la guerra de Argelia (1954-1962), y particularmente durante la Batalla de Argel de 1957, las fuerzas francesas llevaron a la práctica buena parte de las concepciones contrainsurgentes desarrolladas después de Indochina. La lucha contra el Frente de Liberación Nacional (FLN) no se limitó al enfrentamiento con sus unidades armadas, sino que buscó desarticular las redes clandestinas existentes entre la población mediante el control territorial, la inteligencia y la coordinación entre autoridades civiles, policía, ejército y fuerzas auxiliares.
En enero de 1957, los paracaidistas del general Jacques Massu recibieron funciones policiales en Argel y comenzaron a realizar redadas, interrogatorios y detenciones masivas, muchas de ellas durante la noche. Los detenidos podían ser trasladados a centros de interrogatorio situados fuera de los procedimientos judiciales ordinarios.
Una pieza fundamental de este dispositivo fue la combinación del quadrillage y el ratissage. El quadrillage consistía en dividir el territorio en sectores y establecer sobre ellos una presencia permanente de vigilancia y control. Esta división permitía los siguiente:
- Asignar responsabilidades territoriales, observar los desplazamientos de la población y restringir la movilidad de los grupos insurgentes.
- En las zonas rurales, el ejército se apoyó además en fuerzas auxiliares y milicias locales que conocían el territorio y a sus habitantes. Estas unidades podían vigilar aldeas, caminos y sectores previamente delimitados, realizar patrullajes y proporcionar información sobre personas o movimientos considerados sospechosos.
- Cuadricular el territorio y contribuir a su control, así como vigilar a la población. Sobre esta división territorial se desarrollaban las operaciones de ratissage, literalmente de “rastrillaje” o “peinado” de una zona. Una vez delimitado un sector, las fuerzas militares y auxiliares podían recorrerlo sistemáticamente mediante patrullas, controles, registros y cercos destinados a localizar combatientes o simpatizantes, depósitos de armas, refugios, enlaces o integrantes de las redes clandestinas. De esta manera, el territorio era primero dividido y vigilado y, posteriormente, determinadas áreas podían ser cerradas y “peinadas”.
Dentro de este dispositivo, la infiltración adquirió igualmente un papel fundamental. No bastaba con localizar a los integrantes visibles del FLN: los servicios de inteligencia buscaban introducir informantes, colaboradores y antiguos militantes dentro de sus estructuras para identificar dirigentes, enlaces, refugios y redes de apoyo. La infiltración complementaba así el control territorial: mientras el quadrillage y el ratissage permitían dominar y registrar físicamente el espacio, los infiltrados y servicios de inteligencia buscaban reconstruir las relaciones clandestinas existentes dentro de él.

La desaparición forzada, aunque contaba con antecedentes anteriores, adquirió durante este periodo un carácter sistemático. Las familias podían desconocer tanto el lugar de detención como el destino final de sus familiares. En determinados casos, dentro de este sistema represivo puede identificarse la siguiente secuencia:
- División y control de la zona (quadrillage): el territorio era dividido en sectores bajo vigilancia de unidades militares y fuerzas auxiliares; muchas veces éstas podían restar autoridad a los poderes civiles locales.
- Infiltración e identificación: agentes, informantes o antiguos militantes proporcionaban información sobre personas, lugares y redes consideradas vinculadas con el FLN.
- Peinado de la zona (ratissage): unidades militares y auxiliares recorrían sistemáticamente un área delimitada, instalaban controles, registraban viviendas y buscaban personas, armas, refugios o información.
- Detención: el individuo considerado sospechoso podía ser arrestado durante estas operaciones o mediante redadas nocturnas, y trasladado a un centro de interrogatorio; muchos de estos centros se ubicaban en lugares cercanos a la zona “peinada”.
- Interrogatorio y tortura: se buscaba obtener información acerca de otros integrantes, colaboradores, refugios y estructuras clandestinas del FLN.
- Ejecución sumaria: algunos detenidos fueron desaparecidos o ejecutados extrajudicialmente.
- Ocultamiento o desaparición del cadáver: finalmente, el cuerpo podía ser ocultado y la muerte no comunicada a los familiares, quienes quedaban sin información cierta sobre el destino del detenido.
En este punto aparecieron también grupos encargados de operaciones clandestinas de neutralización, posteriormente caracterizados por autores como Marie-Monique Robin bajo la expresión de “escuadrones de la muerte”. La importancia de estas estructuras radicaba en que podían completar el circuito represivo construido mediante la inteligencia: identificar e infiltrar una red, localizar a sus integrantes y, en determinados casos, detenerlos y eliminarlos clandestinamente. El caso del activista y miembro del Partido Comunista Argelino, Maurice Audin, detenido en su domicilio la noche del 11 de junio de 1957, torturado y posteriormente desaparecido, constituye uno de los ejemplos más conocidos de este sistema.
Así, quadrillage → infiltración e identificación → ratissage → detención → interrogatorio y tortura → ejecución sumaria → ocultamiento o desaparición del cadáver podían constituir, en determinados casos, una cadena represiva dentro de un sistema más amplio de control territorial y poblacional. El problema central radicaba en que las fronteras entre combatiente, colaborador y civil podían volverse difusas: una persona podía ser considerada sospechosa no por participar directamente en acciones armadas, sino por sus relaciones, desplazamientos, información o supuesta pertenencia a una estructura de apoyo.
Recordando Iguala: violencia, memoria y crisis institucional
El 26 de septiembre de 2014, Iguala se encontraba inmersa en un contexto regional marcado por el recrudecimiento de la violencia que se había intensificado desde 2010, mismo año en que Estados Unidos destinó aproximadamente 500 millones de dólares a gastos de seguridad en México (Paley, 2018). Durante el gobierno municipal de José Luis Abarca en Iguala, Guerrero permanecía inmerso en dinámicas de cacicazgo, narcotráfico y paramilitarismo. Paralelamente, grupos como Guerreros Unidos, Los Rojos, Los Ardillos y Los Tlacos expandían su dominio territorial en distintas zonas pertenecientes al llamado “triángulo de la amapola”, región estratégica para la producción de opio y el control de rutas criminales (Osorno, 2015).
Los ataques del 26 y 27 de septiembre fueron un llamado de atención para todo el país, dado que el grado de violencia rebasó los límites conocidos hasta entonces, en el contexto de una escuela pública. La desaparición de 43 jóvenes, así como el asesinato de varias personas indignó profundamente a la sociedad.
José Luis Abarca Velázquez había asumido el cargo de presidente municipal el 30 de septiembre de 2012, tras ganar las elecciones bajo la coalición encabezada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Durante su administración, fue acusado de nepotismo y falta de institucionalidad en el gobierno municipal (Milenio, 2014; La Jornada, 2014).
Su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa, fue nombrada presidenta del Sistema Desarrollo Integral de la Familia (DIF) municipal de Iguala. Diversas investigaciones periodísticas señalaron que familiares de Pineda Villa tenían presuntos vínculos con el grupo criminal Guerreros Unidos, organización que operaba en la región norte del estado de Guerrero (El Sur de Acapulco, 2014; La Jornada, 2014).
Pero voces provenientes de Iguala advirtieron con anticipación a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), entonces dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), sobre las acciones de José Luis Abarca y sus presuntos vínculos con el narcotráfico.
Uno de los primeros en señalar esta situación fue Óscar Díaz Bello, dirigente del PRD, quien aseguró haber advertido a AMLO sobre Abarca. No obstante, dichas advertencias no habrían sido atendidas en su momento (Proceso, 2014; Aristegui Noticias, 2014).
Arturo Hernández Cardona, dirigente de la organización Unidad Popular y fundador del PRD en la década de 1980, inicialmente apoyó la candidatura de Abarca con la expectativa de mejoras agrarias. Posteriormente denunció sus presuntos vínculos con el crimen organizado y fue secuestrado y asesinado en mayo de 2013 (CNDH, 2018).
Cardona era una de las personas más comprometidas con Ayotzinapa. Siempre estaba “al pie del cañón” cuando surgían problemas: desde pliegos petitorios y convocatorias hasta la falta de insumos.
Tras la muerte de los compañeros Gabriel Echeverría y Alexis Herrera Pino en la Autopista del Sol, en 2011[1], Cardona también se mantuvo activo y comprometido dentro de la normal.
Tiempo después, enfrentó un conflicto en Iguala, donde el entonces alcalde José Luis Abarca se negó a entregar abono a los campesinos. Ante la falta de respuesta Cardona acudió a la normal para solicitar apoyo en una movilización que exigiera ese recurso.
La normal accedió de inmediato. El primer día de protesta transcurrió sin incidentes: los estudiantes marcharon y regresaron sin confrontaciones. Sin embargo, esa misma noche se supo que Cardona había sido secuestrado, ya que no regresó a su casa.
Al día siguiente, otros dirigentes y la esposa de Cardona convocaron a los estudiantes a intensificar las acciones. Se organizó una movilización para presionar a las autoridades y exigir su aparición con vida. Los estudiantes acudieron al ayuntamiento, donde le causaron un desorden.[2]
Como consecuencia de estas acciones, los estudiantes fueron objeto de amenazas por parte del propio Abarca y de actos de vigilancia atribuidos al grupo criminal Guerreros Unidos durante ese mismo año (CNDH, 2018; La Jornada, 2014). Eduardo continúa:
Yo estaba en Iguala cuando velaron a Cardona en el ayuntamiento. Al día siguiente nos retiramos porque íbamos a traer la banda de guerra para regresar y sepultarlo. Sin embargo, su esposa nos pidió que no volviéramos, ya que nos estaban siguiendo camionetas con sicarios y existía la amenaza de que, si regresábamos, nos matarían.[3]
Cabe señalar que, tras estos episodios de intimidación en 2013, los normalistas evitaron regresar a Iguala para la toma de autobuses hasta la noche del 26 de septiembre de 2014, cuando ocurrieron los hechos relacionados con la desaparición de los 43 normalistas (CNDH, 2018).
Es necesario señalar que durante este periodo (2012–2014), el crimen en el municipio de Iguala aumentó significativamente y se extendió a seis municipios aledaños. Se registraron desapariciones forzadas, extorsiones, cobro de piso y aproximadamente 500 desplazamientos forzados de población. También se documentaron actos de extrema crueldad como asesinatos y decapitaciones de taxistas y comerciantes que se negaban a pagar cuotas al crimen organizado. La región, además, forma parte de una zona estratégica para el cultivo y tráfico de amapola en la Sierra de Guerrero.
En esos años Iguala estaba sumergida en una ola de violencia que se había desatado en la entidad desde 2010, caracterizada por un incremento significativo en los índices delictivos y en los desplazamientos forzados, tanto en comunidades indígenas como no indígenas ubicadas en el llamado “pentágono dorado” de la amapola. Miguel, normalista de los últimos semestres, oriundo de Atoyac e hijo de un pastor cristiano, relata sobre la violencia que le ha tocado vivir:
En [la sierra de] Atoyac hemos encontrado cuerpos que los jefes de la maña le han ofrecido al “Malo” para que les permita seguir sembrando y trabajar sin que el gobierno los encuentre. A veces es gente que la traen de otras partes, es impresionante en qué estados los dejan: sin rostro, sin extremidades y hasta sin órganos.
Cuando los hemos encontrado les damos sepultura y se los encomendamos a Dios, no podemos hacer más por ellos.[4]
Al dirigente del Comité Político Ideológico (COPI) de la Normal Raúl Isidro Burgos, David Flores Maldonado[5] le importó poco este tipo de peligros y la amenaza que meses antes que se cernía sobre los normalistas, según testimonio de Eduardo Moreno en una reunión realizada en la Normal de Amilcingo, Morelos. Meses antes de los sucesos del 26 de septiembre, David Flores propuso la toma de 25 autobuses en menos de 20 días. Flores Maldonado tenía la intención de convertir a la normal Raúl Isidro Brugos en sede previa para la marcha del 2 de octubre que se conmemoraría en la Ciudad de México, lo que implicaba trasladar contingentes de distintas normales del país hacia Ayotzinapa, en vez de llegar directamente a la CDMX. Esta decisión rompía con la práctica habitual, en la que todas las normales acudían directamente a la Ciudad de México, específicamente a Tlatelolco.
Para sostener esta iniciativa, se planteó la necesidad de conseguir aproximadamente 25 autobuses en menos de 20 días, algo que, desde la perspectiva de varios integrantes, resultaba inviable. A pesar de la oposición de la mayoría, la decisión se impuso de manera unilateral, lo cual contradecía el principio fundamental de la normal, donde las decisiones debían surgir de la base estudiantil mediante votación.
Además, esta propuesta estaba vinculada con la necesidad de reunir recursos alimentarios, ya que se esperaba la llegada de un contingente de más de mil personas. Desde el área de raciones, se planteó una alternativa viable: reducir temporalmente la comida principal —la de mayor costo— durante algunos días para generar un ahorro significativo. Sin embargo, esta propuesta no fue considerada, y en cambio se optó por medidas más apresuradas y poco viables.[6]
La primera toma de camiones se llevó a cabo en Chilpancingo, la capital de Guerrero, en la cual se confiscaron siete autobuses de la Central Camionera, lo que provocó que las autoridades conocieran los hechos y, en consecuencia, actuaran para evitar el robo en el marco de sus atribuciones. Lo anterior dio lugar a que los líderes del Comité de Orientación Política e Ideológica (COPI) optaran por acudir a la Central Camionera de Iguala en la que retuvieron entre tres y cinco autobuses.
En Iguala todos sabíamos que las líneas de autobuses pagaban derecho de piso a la maña, entre ellas Costa Line. Cuando trabajé en los buses me di cuenta de que muchos maleteros llevaban paquetes extraños de un lugar a otro, uno se imagina qué son, por eso nadie los toca y tienes que hacerte de la vista gorda. Guerrero es un lugar donde siempre ha habido problemas de narcotráfico.
En varias ocasiones, los choferes se veían obligados a transportar mercancía no por colaboración, sino como parte de los acuerdos del pago de protección y derecho de piso. Personas armadas llegaban y les ordenaban llevar mercancía cuando les quedaba de paso, sin posibilidad de negarse.[7]
Algunas voces de testigos y periodistas han señalado que allí radicó el problema central, el asesinato de tres normalistas y la desaparición de 43 jóvenes, porque se sospechaba que los autobuses situados en Iguala estaban cargados con drogas.
Diversos grupos criminales habían buscado imponer control territorial mediante estrategias de terror dirigidas a la población civil, con el objetivo de inhibir la defensa de sus territorios utilizando la violencia y el terror contra poblaciones y líderes comunitarios, muchas veces silenciada por el aislamiento geográfico o por el temor a represalias.
Los corredores de la muerte están ampliando sus dominios, y los grupos delincuenciales que los controlan están actuando con mayor sadismo. Tienen las vías terrestres y el campo libre para matar e improvisar fosas clandestinas. Algunos mandos del Ejército, en lugar de contener esta carnicería, se han encargado de criminalizar a los grupos de autodefensa comunitaria. [8]
Paralelamente, ciudadanos y colectivos de víctimas presentaron denuncias ante la fiscalía estatal de Guerrero por los altos niveles de violencia. David Flores Maldonado tenía conocimiento de dicha situación y decidió arriesgar a los de nuevo ingreso.
Según informes del Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI, 2015), aproximadamente a las 17:30 salieron de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos cien estudiantes normalistas de primer año, seis de segundo y dos de tercero.
Para Miguel, aquella decisión fue sorprendente:
No sé, la verdad, se me hace increíble, antes ya se habían hecho las tomas de camiones y no había pasado nada de eso. Siempre lo hacían con días de anticipación, no iban muchos de nuevo ingreso porque esos no saben moverse, esos no tienen experiencia. Además, si los lidereas, los debes andar cuidando, todos nos cuidamos desde la semana de prueba.
Cuando a mí me tocó, siempre nos íbamos temprano, como a eso de las ocho de la mañana y salíamos de la Central a la una o a las dos. A veces más temprano pero nunca me tocó en la noche. ¿Por qué tan temprano? Porque muchos choferes y pasajeros no siempre están de acuerdo, ellos ya pagaron su pasaje y el conductor tiene ya su ruta, y pues se molestan. Pero tienes que llevar el autobús, a veces a la fuerza… a mí no me gustó hacer eso… pero así se hace.[9]
Martina de la Cruz, madre del normalista Jhosivani Guerrero, desaparecido el día 26 de septiembre (cuyos restos fueron encontrados en el paraje de la Barranca de la Carnicería, en Cocula, Guerrero) comentó:
Desde esa noche mi vida ya no ha sido la de antes. Ahora es puro llorar. Ese día, cuando Jhosivani se iba a Iguala, mi hijo me llamó. Me dijo que le dolía mucho la garganta, pero que no podía faltar. Yo le dije: Mijo, si te sientes mal, mejor no vayas. Pero él me contestó: No, mamá, sí tengo que ir, el Comité de Alumnos ya nos dijo que a los que no vayan los van a correr de la escuela. Por eso se fueron todos los de primer ingreso.” De haber sabido lo que iba a pasar, no lo hubiera dejado ir…[10]
Cuando los citados se vuelven peligrosos: tú cállate, tú no sabes nada
Durante el trayecto a Iguala, sufrieron un retraso debido a obras públicas en la carretera de la zona de Hutizuco, por lo que el boteo y la toma de otros tres autobuses en Iguala, para salir hacia Chilpancingo sucedió entre las siete y las ocho de la noche, horario en que la esposa del alcalde, José Luis Abarca, María de los Ángeles Pineda, presentaba el informe de sus actividades como presidenta del DIF municipal. La situación se perfilaba para alcanzar un punto crítico la noche del 26 de septiembre de 2014 (CNDH, 2018), Lorenzo, un ex ayudante de mecánico relata:
El 26 de septiembre yo andaba ya bien reventado, habíamos trabajado todo el día, tuvimos muchos unos problemas con un autobús y después nos hablaron para arreglar otro que también andaba fallando. De repente, los radios de los choferes comenzaron a sonar, se alertaban sobre la llegada de estudiantes normalistas con la intención de secuestrar vehículos. Secuestro es la palabra, aunque ellos lo llamen “toma”. Pues cada que se subían a un autobús amenazaban al chofer y a los pasajeros, a veces les quitaban sus pertenencias, a mí me tocó ser testigo de esos actos.
En ese momento, presencié cómo un grupo de estudiantes, liderados por alguien conocido como el Cochiloco, llegaron a la terminal declarando su intención de tomar los autobuses que ya estaban comprometidos (horas antes, noté que sujetos de la maña andaban por las unidades). Los choferes alertados comenzaron a cerrar las unidades.
Tengo la sospecha que en el camión en que nosotros estábamos trabajando había alguna mercancía sospechosa, no creo que ellos —los estudiantes— supieran que traía cargamento, eran varios y tenían tiempo de revisar la estructura inferior o el maletero de la parte superior. Se subieron directamente.
De las 9 a las 10 de la noche, sujetos armados interceptaron a los autobuses Estrella de Oro 1568, Estrella de Oro 1531 y Estrella Roja 3278, vehículos que transportaban a los estudiantes. Lorenzo narra que
Los normalistas llegaron amedrentando a las personas para tomar el autobús en el que estábamos, algunos de ellos traían armas blancas. Este chofer era demasiado peleonero y los estudiantes llegaron a darle órdenes: “Súbete (al camión), préndelo y muévete. No me mires a los ojos”. Uno de los estudiantes le quitó a este chofer su cartera y empezaron a hacerse de palabras. De inmediato varios estudiantes comenzaron a golpearlo y le decían a su compañero: “Pícalo, pícalo”.
Noté que no todos los estudiantes estaban de acuerdo con las acciones de sus líderes, y muchos de los pelones protestaban contra la violencia y les pedían que ya le pararan. Uno de ellos les dijo que él no había venido a hacer violencia, él sólo quería estudiar. El líder lo golpeó, sí, lo golpeó con su puño y le dijo: “Tú cállate, tú no sabes nada”, mientras les ordenaban continuar con la toma de camiones.
Después de movernos unas cuadras, la policía nos cerró el paso y les dijo: “Ya párenle, están jugando con fuego. Traemos órdenes del alcalde de darles piso a todos”. Todos sabían en Iguala que el alcalde José Luis y su esposa estaban coludidos con la maña.
Recuerdo que esos policías les dijeron a los jóvenes que se bajaran, les dijeron algo como que “esos autobuses ya estaban apartados, que había camiones que no podían tomar porque la empresa ya estaba pagando protección”. Los líderes comenzaron a agredirlos con piedras que traían en sus mochilas.
Los estudiantes se bajaron bien prendidos contra los gendarmes, les empezaron a aventar piedras y [a] uno le tocó en la cabeza. Empezó el enfrentamiento, los estudiantes les arrojaron petardos por las ventanas del camión.
Yo quería escaparme y cuando intenté correr me topé con un policía, él me golpeó en la cabeza y me tiró al piso, cuando caí me puso la rodilla en la cara. Le dije que no era estudiante sino ayudante de mecánico, y que había sido secuestrado junto con el chofer. Afortunadamente traía mi camisa de trabajo con manchas frescas de grasa, el policía me creyó y me dejó ir.
Mientras corría me di cuenta de que algunos policías estaban hablando con los muchachos del camión, les decían que les iban a cortar la cabeza, que no sabían con quién se habían metido.
Golpearon a unos jóvenes, les quitaron su celular y lo revisaron. A uno de ellos le empezaron a decir “con que trabajas para ellos”.
Después los persiguieron. Recuerda que a quienes atrapaban con más facilidad era a los novatos porque no eran de la zona. Para salir de allí, se le ocurrió agarrar un carrito abandonado que pertenecía a un indigente. Al verlo llegar con un carro de cartón y en un estado deplorable, la policía lo dejó en paz. Poco después pudo llegar a la casa de unos conocidos quienes le permitieron resguardarse en su domicilio.
Días después me enteré de lo ocurrido, de los 43 desaparecidos. En los periódicos hay muchas cosas que no se mencionan sobre esa noche. Yo solamente hablo de lo que me tocó vivir. Siento feo por los que mataron y desaparecieron, no todos eran iguales, a algunos los obligaron a actuar así.
Lorenzo no supo a quién se referían los policías, al Cochiloco es al único que ubicó como un sujeto con un comportamiento similar a los narcotraficantes.
El ataque contra los normalistas y también contra el equipo de fútbol de Los Avispones y varios vehículos, se desarrolló durante cerca de 3 horas por parte de policías de Iguala, de Cocula y otros agresores (21:40 a 00:30), y tras un tiempo de 2 horas de vigilancia previa (de 17:59 a 20:00) de sus movimientos antes de llegar a la ciudad de Iguala. Dicho monitoreo previo se dio por parte de Policía estatal, federal y Ejército. (GIEI, 2015)
De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, los ataques contra los estudiantes normalistas habrían estado relacionados con un presunto cargamento de droga transportado en el autobús Costa Line número económico 2513. El periodista Miguel Ángel Alvarado, en su obra “Los infiltrados: el secreto de Ayotzinapa”, comenta que sus fuentes sostienen que el secretario general de la escuela, David Flores Maldonado, dio seguimiento directo a la ruta de dicho vehículo y mantuvo vigilancia constante sobre sus movimientos. Posteriormente, el autobús Costa Line 2513 fue destruido por los estudiantes y abandonado en la terminal, situación que, según esta hipótesis, habría permitido que integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos recuperaran la supuesta carga en ese mismo lugar.
La CNDH no logró explicar por qué, si la droga estaba en poder del cártel, los estudiantes fueron atacados de todas formas. Para quienes conocen cómo se llevan a cabo los secuestros de los camiones por parte de los normalistas, resulta extraño que Guerreros Unidos haya decidido recuperar su cargamento de esa manera, pues existen antecedentes que demuestran que, cuando llega a suceder que los alumnos toman un camión que a un cártel le interesa, las cosas no se han resuelto a balazos. De situaciones así existen al menos tres ejemplos ocurridos antes de lo de Iguala.
Además, estudiantes entrevistados refieren que los autobuses que llevan ese tipo de carga siempre van custodiados por otro automóvil en el que viajaban hombres armados. (Alvarado, 2021)
El saldo fue de seis muertos, 25 heridos, 43 estudiantes desaparecidos y seis fallecidos, entre los muertos se encontraba un futbolista de Los Avispones, un chofer de autobús, una pasajera que había abordado un taxi y dos peatones, y Julio César Mondragón, el normalista que apareció desollado a varios metros de distancia, del que hablaremos en otro apartado.
Iguala fue peinada y rastrillada
Antes de que el policía dejara ir a Lorenzo le dijo:
—Tú lárgate, no andes cerca porque van a empezar a peinar el área. Donde te miren vas a ver.
La táctica del rastrillo o ratissage fue una técnica de contrainsurgencia empleada por el ejército francés y los grupos paramilitares durante la Guerra de Argelia (1954-1962). Consistía en operaciones sistemáticas de búsqueda para localizar combatientes del FLN (Frente de Liberación Nacional), armas, refugios y redes de apoyo.
Sin embargo, el paralelismo no termina ahí. Una de las dimensiones más oscuras de la guerra contrainsurgente en Argelia fue el uso de la violencia como herramienta de comunicación política. No bastaba con capturar o eliminar al enemigo; era necesario enviar un mensaje a quienes observaban. Parte de esa estrategia consistía en exponer los cuerpos de insurgentes muertos en lugares públicos, frecuentemente mutilados o severamente dañados, para demostrar la capacidad de castigo del aparato represivo y sembrar miedo entre la población civil.
Cuadro 1: comparación de la Guerra Contrainsurgente con la Noche de Iguala.
| Secuencia | Argelia: modelo contrainsurgente francés | Iguala, 26–27 de septiembre de 2014 |
| 1. Identificación del grupo considerado hostil | La población vinculada directa o indirectamente con el FLN podía convertirse en objeto de vigilancia por sus relaciones con las redes insurgentes. | Los normalistas tenían antecedentes de conflicto con autoridades de Iguala. Después del asesinato de Arturo Hernández Cardona, estudiantes denunciaron amenazas y vigilancia atribuida a Guerreros Unidos. |
| 2. Inteligencia, vigilancia e infiltración | Informantes, infiltrados y servicios de inteligencia buscaban identificar integrantes, enlaces, desplazamientos y redes de apoyo del FLN. | Los movimientos de los estudiantes fueron monitoreados aproximadamente dos horas antes de su llegada a Iguala por policía estatal, federal y el ejército. |
| 3. División y control territorial (quadrillage) | El territorio era dividido en sectores de vigilancia para controlar desplazamientos y asignar responsabilidades a fuerzas militares, policiales y auxiliares. | En Iguala actuaron diferentes corporaciones y actores en distintos puntos. El ataque involucró policías de Iguala y Cocula y otros agresores. Además, otras corporaciones habían monitoreado previamente los movimientos estudiantiles. |
| 4. Intercepción y cierre de movimientos | Una vez localizado el objetivo, controles, retenes y fuerzas desplegadas buscaban restringir su movilidad. | Entre las 21:00 y las 22:00, sujetos armados interceptaron varios de los autobuses que transportaban a los normalistas. |
| 5. Ratissage o peinado de zona | Después de delimitar un sector, fuerzas militares y auxiliares podían recorrerlo sistemáticamente para localizar combatientes, armas, refugios o redes de apoyo. | Un testigo que se identifica como Lorenzo afirma que un policía le advirtió que iban a “peinar el área”. Posteriormente, un ex militar entrevistado interpretó los acontecimientos semejantes a una “táctica del rastrillo”. |
| 6. Persecución de quienes escapaban | El ratissage buscaba localizar individuos que hubieran escapado, permanecieran ocultos o intentaran atravesar el perímetro establecido. | El testimonio de Lorenzo señala que los policías persiguieron a los estudiantes y que atrapaban con mayor facilidad a los alumnos de nuevo ingreso porque éstos desconocían la zona. |
| 7. Detención | Los sospechosos podían ser detenidos durante redadas, controles y operaciones de búsqueda y posteriormente trasladados para ser interrogados. | Durante los ataques algunos estudiantes fueron capturados y posteriormente 43 normalistas permanecieron desaparecidos. |
| 8. Interrogatorio y búsqueda de información | Los detenidos podían ser interrogados para obtener nombres, ubicaciones y datos sobre integrantes y redes insurgentes. | El testigo Lorenzo afirma que policías golpearon a algunos jóvenes, les quitaron sus teléfonos celulares, los revisaron y cuestionaron a uno de ellos sobre sus posibles vínculos: “con que trabajas para ellos”. |
| 9. Tortura y violencia sobre el detenido | La tortura fue utilizada en Argelia como instrumento de interrogatorio, obtención de información y represión. | El material documenta golpes contra algunos jóvenes durante los acontecimientos. Además, el estudiante Julio César Mondragón apareció muerto y con graves lesiones en el rostro. |
| 10. Ejecución sumaria | En determinados casos de la guerra de Argelia, detenidos fueron ejecutados extrajudicialmente. | Los acontecimientos dejaron seis personas muertas, entre ellas estudiantes y civiles. El material aportado, por sí solo, no permite establecer que estas muertes siguieran exactamente el procedimiento de ejecución sumaria utilizado en Argelia, pero sí una dosificación de la fuerza y la violencia. |
| 11. Ocultamiento o desaparición | La detención podía culminar con la ejecución clandestina y el ocultamiento del cadáver, impidiendo que las familias conocieran el destino de la persona detenida. | Tras los ataques fueron desaparecidos 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. |
| 12. Fuerzas auxiliares / actores armados no regulares | El ejército francés fuerzas auxiliares (policías y escuadrones de la muerte) para labores de inteligencia, patrullaje y operaciones contra el FLN. | El documento registra la actuación de policías de Iguala y Cocula junto con “otros agresores” y existen testimonios sobre redes de vigilancia y relaciones entre actores criminales (Guerreros Unidos) y funcionarios (José Luis Abarca). |
Bajo una mirada contrainsurgente, instituciones como Ayotzinapa son interpretadas como espacios capaces de proporcionar capital humano y redes de apoyo a movimientos sociales, armados o no armados, tal es el caso de las guerrillas de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas Barrientos. Sus estudiantes han participado en organizaciones de Guerrero, labores de gestión y formas de movilización como el volanteo, el boteo, la toma de casetas y autobuses, así como actividades políticas en universidades, calles y centros urbanos. Estas prácticas no equivalen por sí mismas a una insurgencia, pero una doctrina contrainsurgente podría interpretarlas como parte de redes sociales susceptibles de respaldar movimientos considerados hostiles.
La comparación entre la contrainsurgencia francesa aplicada durante la guerra de Argelia y los acontecimientos de Iguala permite encontrar algunas semejanzas en la forma en que se desarrollaron ciertas acciones, principalmente en la vigilancia, el control del territorio, la persecución, la detención y la desaparición de personas. En ambos casos, el control del espacio fue importante para localizar y seguir los movimientos de personas consideradas parte de un grupo hostil. En Iguala, por ejemplo, los estudiantes fueron vigilados durante aproximadamente dos horas antes de los ataques y después fueron interceptados y perseguidos en distintos puntos de la ciudad.
La experiencia francesa en Argelia también muestra una secuencia en la que una persona podía ser identificada y vigilada, posteriormente detenida e interrogada, sufrir actos de violencia y finalmente ser desaparecida. En Iguala pueden observarse algunos elementos semejantes y el resultado más grave fue la desaparición de 43 estudiantes. Esto no significa que en Iguala se haya aplicado de manera directa el modelo francés de contrainsurgencia, pero la comparación permite señalar que algunas de las acciones ocurridas aquella noche guardan semejanzas con prácticas utilizadas históricamente para controlar territorios, perseguir grupos considerados enemigos y neutralizar a sus integrantes.
Referencias bibliográficas generales
Contrainsurgencia, Indochina y Argelia
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- Horne, A. (1977). A Savage War of Peace: Algeria 1954-1962. Macmillan.
- Mao Tse-tung. (1961). On Guerrilla Warfare (S. B. Griffith, trad.). Frederick A. Praeger.
- Robin, M.-M. (2005). Escuadrones de la muerte: La escuela francesa (S. Di Nucci & P. Rodríguez, trads.). Sudamericana. La edición castellana publicada por Sudamericana apareció en Buenos Aires en 2005.
- Trinquier, R. (1961). La guerre moderne. La Table Ronde.
Ayotzinapa, Iguala y desaparición de los 43
- Alvarado, M. Á. (2021). Los infiltrados: el secreto de Ayotzinapa. Viceversa Ediciones.
- Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). (2018). Recomendación No. 15VG/2018. Sobre la investigación de violaciones graves a los derechos humanos con motivo de los hechos ocurridos los días 26 y 27 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero. CNDH.
- Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). (2016). Reporte sobre los hechos y circunstancias en las que Julio César Mondragón Fontes, normalista de Ayotzinapa, fue privado de la vida. CNDH. La CNDH registra este reporte con fecha de 11 de julio de 2016.
- Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). (2015). Informe Ayotzinapa: Investigación y primeras conclusiones de las desapariciones y homicidios de los normalistas de Ayotzinapa. GIEI/CIDH.
- Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). (2016). Informe Ayotzinapa II: Avances y nuevas conclusiones sobre la investigación, búsqueda y atención a las víctimas. GIEI/CIDH.
- Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI). (2022). Informe Ayotzinapa III. GIEI/CIDH.
- Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. (2013). Digna rebeldía: Guerrero, el epicentro de las luchas de resistencia. XIX Informe. Tlachinollan.
Paramilitarismo, parapolítica y relaciones entre actores estatales y no estatales
- Garay Salamanca, L. J. (Dir.). (2008). La captura y reconfiguración cooptada del Estado en Colombia. Fundación Método, Fundación Avina y Transparencia por Colombia.
- López Hernández, C. (Ed.). (2010). Y refundaron la patria… De cómo mafiosos y políticos reconfiguraron el Estado colombiano. Corporación Nuevo Arco Iris/Debate.
- Paley, D. M. (2018). Capitalismo antidrogas: Una guerra contra el pueblo (J. Comensal, Trad.). Sociedad Comunitaria de Estudios Estratégicos & Libertad Bajo Palabra.
Hemerografía
Proceso, Milenio, El Universal, Aristegui Noticias, Amapola: Periodismo Transgresor, Viceversa Noticias y El Sur de Acapulco.
Fuentes orales / entrevistas
- Colín García, D. (29 de abril de 2026). Entrevista a Eduardo Moreno, exintegrante del Comité Estudiantil de Ayotzinapa durante el periodo 2012-2014. Ciudad de México.
- Colín García, D. (abril de 2015). Entrevista a “Miguel”, normalista de los últimos semestres de Educación Primaria de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”. Tixtla, Guerrero.
- Colín García, D. (20 de abril de 2018). Entrevista a ex ayudante de mecánico testigo de sucesos relacionados en Guerrero (anónimo). Montreal, Canadá.
- Colín García, D. (8 de marzo de 2015). Entrevista a Martina de la Cruz, madre del normalista Jhosivani Guerrero de la Cruz. Sindicato Mexicano de Telefonistas, Ciudad de México.
Fuentes numeradas
[1] El 12 de diciembre de 2011, en el punto conocido como El Parador del Marqués, al sur de Chilpancingo, fuerzas policiacas dispararon contra los estudiantes normalistas Gabriel Echeverría y Alexis Pino. Fuente: La Jornada.
[2] Entrevista de Diana Colín García realizada a Eduardo Moreno, ex miembro del Comité Estudiantil de Ayotzinapa en el periodo 2012-2014. Ciudad de México, 29 de abril de 2026.
[3] Ibídem.
[4] Entrevista de Diana Colín García realizada a Miguel, normalista de los últimos semestres de Educación Primaria. Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, Tixtla, municipio de Guerrero. Abril 2015.
[5] Es señalado por testimonios de ex normalistas como integrante de Los Ardillos, células delictivas que operaban en Tixtla, Guerrero, sede de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”. La investigación de la CNDH en su recomendación 15 VG-2018 señala a Flores Maldonado de proteger a los estudiantes que vendían drogas en la Normal.
[6] Entrevista de Diana Colín García realizada a Eduardo Moreno, ex miembro del Comité Estudiantil de Ayotzinapa en el periodo 2012-2014. Ciudad de México, 29 de abril de 2026.
[7] Entrevista realizada por Diana Colín García a un ex ayudante de mecánico anónimo, testigo de actividades de la maña. Montreal, Canadá, 20 de abril 2018.
[8] Este tipo de violencia suele generar estigmatización hacia las víctimas, al insinuar que su situación está vinculada con actividades ilícitas, lo que contribuye a su revictimización (Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. (2013). Digna rebeldía: Guerrero, el epicentro de las luchas de resistencia. XIX Informe).
[9] Entrevista de Diana Colín García realizada a Miguel, normalista de los últimos semestres de Educación Primaria. Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, Tixtla, municipio de Guerrero. Abril de 2015.
[10] Entrevista de Diana Colín García realizada a Martina de la Cruz, madre del normalista desaparecido Jhosivani Guerrero De la Cruz. Sindicato Mexicano de Telefonistas, Ciudad de México. 8 de marzo de 2015.



