21 abril, 2026

Genocidio

Miguel Alvarado

Toluca, México; 9 de noviembre de 2020.

No, no fue un ensayo feminicida, aunque así lo parezca. Este fin de semana fue uno de los más dolorosos para el valle de Toluca. Primero, una fosa clandestina hallada en Zinacantepec contenía tres cuerpos, uno de los cuales era de una mujeres. Después, tres mujeres fueron ejecutadas en distintos puntos de la zona. De una de ellas se ha comprobado la participación de su pareja, quien la celaba y ejercía desde hacía tiempo algún tipo de violencia sobre la joven, de apenas 21 años. Luego de una discusión, él la mató y poco después salía de la casa de la chica, sin ninguna prisa.

Genocidio puede definirse como el exterminio ejecutado contra un grupo determinado por razones de ideología, sexo, religión y otras. El que se realiza contra las mujeres es por eso, porque son mujeres y porque sobre ellas pesa la determinación del poder del varón. Pero este genocidio no es nuevo, aunque en los últimos años se haya visibilizado un panorama de puras muertas. Ese vistazo comenzó en 2005, en Ciudad Juárez Chihuahua, con la muerte casi simétrica de mujeres que vivían en la región. Y se culpó de eso hasta al cine snuff cuando lo único cierto era que las mujeres ejecutadas y desaparecidas habían sufrido el abuso de un hombre o de un grupo de ellos.

Las muertas de Juárez se hicieron famosas y con ellas la fama miserable de México también creció. Al mismo tiempo, en el Estado de México sucedía lo mismo, pero se disfrazaba como un problema de salud pública. Eran los tiempos de Arturo Montiel y de Enrique Peña como gobernadores de la entidad, e impulsaban una agenda presidencial que trataba de llevar, primero a Montiel y después a Peña, al poder presidencial. Montiel lo intentó pero FUE Peña el que lo consiguió, después de gobernar por seis años al Estado de México.


A Enrique Peña se le murió su mujer. Un ataque epiléptico terminó con la vida de Mónica Pretelini, el 11 de enero de 2007.

Esa noche, algunos hospitales de Toluca reportaron llamadas de representantes de gobierno del Estado de México solicitando el ingreso de la entonces Primera Dama, a quien reportaban grave, después de una crisis. Pero nadie se atrevió a recibirla.

Peña decidió internarla en el hospital ABC, donde finalmente murió. En torno a esa muerte se tejieron muchas historias, todas truculentas, por decir lo menos. Derivada de esa muerte se tejieron hilos que llevaron incluso hasta el Puerto de Veracruz, a la escena de la ejecución de los cuatro escoltas de los hijos de Peña. Y todavía llegaron más lejos, al pueblo de Luvianos, cuando un comando levantó a sicarios relacionados con los hechos de Veracruz. La declaración de un narcotraficante detenido por la PGR señala que un hombre a quien le decían El Güero de Lentes había diseñado una operación para asesinar a los escoltas de los hijos de la señora Pretelini, el 12 de mayo de 2007. Ellos se llamaban Fermín Esquivel Almanza, Érick López Sosa, Roberto Delgado Nabor y Guillermo Ortega Serrano. Ellos, en febrero de ese año, habían encontrado a la señora Pretelini tirada, y habían auxiliado a Peña para atenderla. Otras versiones señalan que en realidad hallaron a Peña encima de Pretelini, después de una disputa. La muerte de Pretelini jaló, por último, un hilo hacia el robo de 155 cajas de seguridad de una sucursal de Banamex, en donde se llevaron 75 millones de dólares. Ahí, Pretelini y su familia alquilaba una de esas cajas, en donde guardaba fotografías, las cuales también fueron robadas.

La historia de Peña y Pretelini está plagada de violencia, sobre todo la etapa en la que él fue gobernador y ella presidenta del DIF. Escenas de esta violencia doméstica fueron testigos los reporteros locales y esas historias se fueron quedando como parte de la personalidad del ahora ex presidente de México, periodo que compartió con su segunda esposa, Angélica Rivero, otra que conoció de primera mano el humor incontrolable de su marido. Como haya sido, la muerte de Pretelini marcó para siempre a Enrique Peña, aunque no tardó en ser bautizado por la revista Quién como el Viudo de Oro.

Si se habla de un Estado de México como una tierra profundamente feminicida debería entonces hablarse de su gobierno y de sus gobernantes, porque una cosa no puede sustraerse de la otra. Si desde el 11 de agosto de 2020 los ejecutados en el valle de Toluca alcanzan ya la centena, y por lo menos la mitad de estos casos pueden ser señalado como feminicidios, hay un mensaje que no se está entendiendo y que debería insertarse en la ecuación de los feminicidios.

Tags

Cuéntaselo a todos

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestro boletín de noticias