Miguel Alvarado
Toluca, México; 6 de diciembre de 2020.
Hasta ahora, en México no hay vacunas disponibles contra el coronavirus, pero sí una compra anunciada por 34 millones 400 mil dosis a la empresa Pfizer. La Secretaría de Salud señalaba que al menos 250 mil serían enviadas al país en estos días. Es la información más reciente respecto a la llegada de la vacuna a nuestro país, la cual se ha esperado más que con ansiedad. El 13 de octubre pasado México también anunciaba que se destinarían 35 mil millones de pesos para comprar a cuatro laboratorios 116 millones de dosis a los laboratorios de Pfizer, la china CanSino, Covax y Astra.
El 6 de diciembre México alcanzaba la cifra de 109 mil 456 muertos y un millón 168 mil 395 casos confirmados, en un repunte que sobre todo a inicios de este mes propone un escenario en el cual no sólo no hay cura, sino en el que también se pierden trabajos, se cierran los comercios en un regreso al semáforo rojo, que además de alto riesgo significa parálisis en todos los sentidos. Algunas instancias de gobierno han modificado sus fechas de vacaciones para ayudar a la desmovilización, pero el miedo y el encierro ya pesan, de diferentes formas, en la sociedad casi toda desprotegida.
Pero desde la semana pasada el Instituto de Salud del Estado de México había comenzado a levantar censos en clínicas y hospitales particulares para integrarlos a un gran padrón de empleados de la salud porque se planeaba comenzar a vacunar en los próximos días, lo cual querría decir que la vacuna de Pfizer ya está en camino, al menos las primeras dosis, que se aplicarán en cuarto lleguen al personal médico y trabajadores de ese sector, pues tienen contacto directo con la enfermedad y los infectados. Esto, de acuerdo a personal que labora en esa instancia.
Como sea, por fin hay una buena noticia, incluso si la vacuna se tarda aún este mes, porque la cantidad de muertos es equiparable a una gran tragedia.
En marzo pasado el estimado de muertos que hacía la Secretaría federal de Salud era de 6 mil muertos y calculaba que para octubre todo habría terminado. “Será una pandemia larga”, decían las autoridades a quienes pensaban que era cuestión de dos o tres meses de medidas y encierro para que todo terminara. Después, a mediados de año y con 50 mil muertos ya, las mismas autoridades decían que 75 mil muertos hablaban de una gran tragedia. Ahora, con los 109 mil que hay declarados de manera oficial, ya ninguno de ellos dice nada, y menos cuando un regaño público por parte de la Organización Mundial de la Salud, además trasmitido por todos los medios de comunicación en el mundo, al gobierno de México, terminó por evidenciar lo que se ve todos los días en las calles, en las casas vecinas, en los hogares de los familiares, en donde uno vive, con uno mismo: que la estrategia, si la hubo, rebasó al gobierno de México.
En las calles de Toluca se viven situaciones que no pasaban. Un hombre de 68 años cae de bruces mientras camina sobre Paseo Colón porque hace tres días que no come. Nadie lo emplea y sus piernas están menos que rotas debido a un accidente reciente. Es carpintero y su ripa es pulcra y cuidada, pero no tiene dinero porque no encuentra trabajo. En las esquinas los cuadro de miseria se juntan desde hace mucho, pero ahora a quienes lavan vidrios o venden cigarros o chocolates se les suman los migrantes centroamericanos, que están de paso por la ciudad mientras pueden arreglar algún tipo de visa humanitaria que les permita trabajar y no solamente pedir mientras están en México. La miseria arrastra a todos, no nada más a los desposeídos de siempre. Las clases medias sufren los despidos y el cierre de oportunidades para contratarse con instancias oficiales debido a la clausura del Capítulo 3000 a rajatabla, que afectó a los buenos, a los malos, a los adversarios y a los colaboradores.
Por eso, que el proceso de vacunación ya se avizore, representa un triunfo. Aunque sólo sea eso, un avistamiento.



