Miguel Alvarado
Toluca, México; 30 de marzo de 2020. La pandemia del coronavirus llegó a un país cuyos sistemas de salud estaban colapsados desde hacía mucho. El quebranto del sistema de salud pública se dio poco a poco, en dosis controladas, aunque en el último sexenio, el de Enrique Peña, el saqueo y las compras amañadas de medicamentos se hicieron a la vista de todos. El actual desabasto de medicamentos que experimentan instituciones como la Marina es desolador. Los estantes de sus farmacias están vacíos. Ni siquiera hay paracetamol, pero tampoco hay claridad acerca de los suministros. El gobierno federal canceló los contratos que la administración de Peña había celebrado, porque los consideró abusivos, caros e ineficientes, lo cual era verdad, pero no calculó que algunos de ellos eran distribuidores continentales exclusivos de las grandes farmacéuticas. Después, se volteó a ver a fabricantes chinos e hindúes, los cuales no han podido abastecer adecuadamente al país. Eso, sin contar desfalcos, malversaciones y uso indebido de medicinas en prácticamente todos los hospitales de la Federación. En eso se cruzó la pandemia del coronavirus.
En el Estado de México las cosas no son diferentes. Un desfalco en la administración del gobernador priista Eruviel Ávila por 14 mil millones de pesos afectó los rubros de seguridad y salud, entre otros. Este último experimento un desvío de mil 40 millones 727 mil 769 pesos, según la Auditoría Superior de Fiscalización. Con una población cercana a los 17 millones, y con la mitad viviendo en algún tipo de pobreza, no es extraño que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social diga que más de 2 millones de mexiquenses no tengan acceso a los servicios de salud.
Las protestas de médicos y enfermeras en Toluca, porque no tienen los equipos ni insumos adecuados para atender casos de coronavirus son fundadas. No hay cubrebocas, overoles ni batas, pero tampoco protección social para algunos de ellos, que no tienen acceso a sistemas de seguridad social.
Enfermeras del hospital Adolfo López Mateos han salido a la calle dos veces para, por ahora, pedir sin gritar los insumos a las autoridades.
Ellas dicen que faltan mascarillas faciales, respiradores, uniformes quirúrgicos desechables, lentes con protección lateral, batas desechables de manga larga, delantales, caretas protectoras, regaderas, gasas, papel de baño y equipo médico funcional. No es el único hospital con problemas ni tampoco el único donde se protesta.
Empleados de hospitales de Xonacatlán y Lerma también han exigido los insumos correspondientes y aunque la respuesta de la Secretaría de Salud ha sido positiva, no se ha solucionado el abasto. La respuesta no podría ser de otra manera. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Los números oficiales no le hacen justicia al miedo que ya se ve en la población en general, a pesar de que es ampliamente conocido -que no entendido- el virus del coronavirus y sus efectos. Este último domingo de marzo, al menos en el centro de la ciudad, lució desierta, aunque no sucedió lo mismo en los centros comerciales, llenos, llenos, llenos. Actualmente, 4.5 millones de mexiquenses no pueden dejar de trabaja ni tampoco de aislarse, dice la reportera Karina Villanueva, lo cual solamente confirma lo que se ve en la calle, en tiempos de pandemia.
Los dueños de funerarias en el valle de Toluca afirman, de manera también temeraria, que hay más de 70 muertos diagnosticados con neumonía atípica. Y ellos creen que en realidad se trata de coronavirus. “Ya estamos listos para atenderte”, dice la publicidad de servicios fúnebres como el de Funerales y Servicios del Carmen, con sede en Guanajuato.
Ese, el de las funerarias, es otro frente que genera información encontrada. En otras entidades familiares de fallecidos reportan que esos casos no se registran en la estadística nacional y por lo tanto las cifras permanecen bajas.
En el Estado de México, hasta el 28 de marzo, la cifra de pacientes positivos por coronavirus era de 119 personas y dos muertos oriundos, un hombre de 73 años de Naucalpan, contagiado en el extranjero, y otro de 46 años, en Neza. También había 161 casos sospechosos en espera de dictaminación.
Para una entidad con tanta gente, son números realmente bajos. Sin embargo, la pandemia en México, aunque tiene presencia desde marzo, apenas comienza y los embates más fuertes se esperan, sin que las autoridades lo digan, para abril.
La presencia del coronavirus también ha conseguido ocultar feminicidios, índices de violencia, desapariciones, asesinatos e indicadores económicos. En realidad, nadie sabe lo que significa, bien a bien, que el dólar fluctúe entre 23 y 24 pesos y que el litro más barato de gasolina cueste 12 pesos.
A 27 grados centígrados, Toluca espera. No sabe bien qué, pero espera.



