Ramsés Mercado
Toluca, México; 10 de mayo de 2020. Ella es Olivia y lleva 20 años en la cárcel por el delito de secuestro. Llegó de traslado del penal de Chiconautla luego de permanecer ahí 14 años. Hoy es una de las 299 mujeres privadas de su libertad en la cárcel de Santiaguito, en Almoloya de Juárez.

En el último año ha vivido a lado de su hija Luna en el pasillo de maternidad, una celda en compañía de otra mamá y no de cinco como sería el caso si siguiera en Ecatepec: “acá las condiciones son mejores, hay apoyo de diferentes asociaciones y la alimentación es diferente para mi hija” menciona y luego complementa que “la estancia para los bebés en el penal se hace diferente […] como que ellos no sienten en que lugar estamos. Nos han apoyado mucho con el área de maternidad, ahorita se dio la idea de pintarlo, de ambientarlo, para que los bebés estén más familiarizados con los dibujos.”

Al ser madre por tercera ocasión y haber dejado a dos de sus hijos menores -uno recién nacido y otro de 2 años- comenta que “Dios me ha dado otra oportunidad de disfrutar la maternidad con mi hija”.
Los lunes Olivia toma un taller de guía de padres, los martes un curso de desarrollo humano al que se inscribió luego de término la preparatoria; los miércoles tiene convivencia con su papá también interno en el penal por un delito grave. Los jueves y viernes tiene también más actividades y escuela.

“Luna es muy sociable y risueña, pero si ve a un extraño se pone seria. Ya cuando empieza a agarrar confianza, nadie la para. Es muy parlanchina. Empezó a caminar muy rápido, no es pegalona, no le he enseñado y ni quiero que aprenda a pegar.”

Luna dejará a su madre tras cumplir 3 años –tal como estipula la ley- para que Olivia continúe con su condena de 32 años 4 meses.
“No me gustaría llegar a ese término a mí. Estoy con mi compañera de que ya va a llegar a ese ciclo, de que ya su pequeño va a salir y la observo, y aunque yo sé que se hace la fuerte, yo sé que le duele desprenderse de su hijo. No es fácil. […] Todo cambio es positivo, tanto para uno como para ellos, y sabemos que nada es para siempre, todo tiene un ciclo, y todo ciclo se termina, entonces sabemos que esa tapa aquí puede acabar o Dios nos puede bendecir y dejarnos ir con ellos, pero todo cambio es para bien y sobre todo para ellos.”
Ese es pues el ciclo de una mamá e hija en el Penal de Santiaguito.


Fotografía: Ramsés Mercado.



