17 abril, 2026

Desoír a la militancia

Miguel Alvarado

Toluca, México; 14 de junio de 2021.

Después de la derrota, morenistas de Toluca y el Estado de México declaran que habrá denuncian en contra de líderes de grupos que no actuaron en las pasadas elecciones de manera adecuada. Esto, con el fin de “democratizar” al partido en busca de un futuro político adecuado.

Esta división, que se había visto desde 2018, solamente corrobora el malestar, hartazgo y hasta horror con el que fundadores de Morena en la capital del Edoméx observan a su propio partido. Así pues, en Morena Toluca hay división, y esa división es pública. Por un lado, se encuentra el Grupo de Acción Política (GAP), liderado por Higinio Martínez, a quien ahora los fundadores de Morena en la capital del Estado de México denunciarán para promocionar su expulsión ante la dirigencia nacional, por no realizar de manera adecuada su trabajo, no respetar los reglamentos internos y desoír a la militancia. Otros a quienes se emplazará a la expulsión son Isaac Montoya, delegado estatal del Comité Ejecutivo Nacional; a Daniel Serrano, operador y líder de un grupo llamado Los Puros, y a Mario Delgado, presidente nacional de Morena. Lo anterior, de acuerdo a Rosa María López, Carmelo Baca y Bernabé Henríquez, miembros del colectivo Las Torres, fundador de Morena en Toluca.

Sumas simples. Después de que el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) adjudicara las diputaciones plurinominales a los partidos que compitieron en las pasadas elecciones del 6 de junio de 2021, la próxima Cámara de Diputados estará dividida entre el bloque de priistas, panistas y perredistas, y el bloque de la izquierda, o lo que se hace llamar izquierda, formado por Morena, el inefable Partido del Trabajo y Nueva Alianza. De los primeros, ninguno, ni lo que queda del PRD, niega su vocación neoliberal, de derecha recalcitrante, de apego a la elemental necropolítica. De los segundos, por lo menos en el Estado de México se empeñan en vender el discurso del bien común, de la izquierda participativa y preocupada por la comunidad, en donde hay más horizontalidad, más equilibrio social y económico. En realidad, Morena y sus aliados son tan neoliberales como sus rivales y que ganen o pierdan no cambia en nada el futuro político del Estado de México. Morena, plagado de panistas, perredistas y panistas se presenta en la entidad como la asombrosa continuidad del prianismo, que logró dar un paso en la evolución política y transformarse, al mismo tiempo, en amistoso rival de sí mismo.

Los resultados finales para la conformación de la Cámara de Diputados local señalan que la alianza del PRI 37 diputados, y la alianza de Morena contará con 34, lo cual representa un empate técnico porque ninguno de los dos bloques podrá tomar decisiones, de esas que en la jerga legislativa se conocen como decisiones simples, a menos de que convenzan por lo menos a un diputado más, que en este caso pertenecerá al Verde Ecologista o a Movimiento Ciudadano. Reformas constitucionales y nombramientos de magistrados o fiscales, así como aprobación de cuentas públicas deberán hacerse, sin embargo, desde la bizarra cooperación de los dos bloques, apunta un análisis de la revista Proceso.


Eso quiere decir que los verdes y los de MC tendrán en sus manos las decisiones trascendentales y con ello demuestran que el actual sistema democrático en México es tan obsoleto como corrupto.

La izquierda en México ha sido, desde siempre, incapaz de autocrítica y siempre da por hecho situaciones que no han sucedido. Salvo en la elección de 2018, cuando el ahora presidente Andrés Manuel López Obrador ganó y de paso hizo campaña por todos los candidatos de Morena, en ninguna otra ocasión, en el Estado de México, ha sucedido que no se necesite de una estructura política para asegurar votos. Y aunque en la teoría un gobierno de izquierda debería tender al equilibrio de la sociedad, en la defensa del voto, en la confianza exacerbada de que se ganará porque les asiste la razón, la izquierda pierde las elecciones. Y si las gana, en los siguientes procesos tiende a perder lo que ya avanzó.

La verdad es que muchos desearíamos un verdadero gobierno de izquierda, convencido de que le toca ejecutar una tarea histórica de cambio, y capacitado para realizarla en el Estado de México, pero eso parece muy lejano a pesar de que el partido de AMLO pueda ganar la gubernatura del estado más priista del país incluso con candidatos como Higinio Martínez, quien entró a Morena respaldándolo económicamente y gracias a esa “compra” es que pudo obtener el poder que actualmente tiene.

Ahora, con la Cámara dividida y emparejadas las fuerzas políticas en las curules, la alianza priista hará lo que ha hecho por décadas en el Estado de México, y que es operar para la preservación del poder, lo cual es el negocio que le ocupa de fondo. Se ganó en 30 de los 125 municipios, el resto lo ganó la derecha. En la Legislatura se obtuvo menos del 50 por ciento menos de los curules. La izquierda fue desplazada.

Morena gobernaría 17 entidades del país, lo cual le otorga una posibilidad enorme que repita en la Presidencia de México. También controlaría, desde su alianza, 19 congresos estatales, lo cual le da acceso a direccionar algunos de los presupuestos y le da control político. Sin embargo, el Estado de México y sus 10 millones, aproximadamente, de electores, siempre termina por inclinar la balanza hacia uno y otro lado. Eso, sumado al presupuesto que ejerza el gobernador en turno, en este caso Alfredo del Mazo, se suman al contrapeso que esa alianza de derecha o de centro-derecha opondrá a la izquierda de Morena en dos años, cuando se realice el cambio de Ejecutivo.


En tres años es complicado reorganizar a Morena, y los militantes críticos aceptan que el presidente López Obrador no planteó una estructura orgánica real. Si AMLO hubiera puesto más atención, las decisiones las tomarían los comités municipales, lo cual se integra en el proceso de democratización que se busca.

Eso, lo que ahora por fin se atreven a decir públicamente algunos, la mayor parte de los ciudadanos lo sabía desde que Morena se convirtió en organización, primero, y después en partido político. Los movimientos políticos en Morena durante estos años han convertido a sus militantes de base en disidentes, y a quienes se apropiaron de las estructuras, en los dueños.

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