Ramsés Mercado: imagen. Miguel Alvarado: texto. Brenda Cano: diseño.
Almoloya del Río, México; 27 de febrero de 2022.
“¡Se mata a las mujeres en la cara de la gente!”, gritaban mujeres de Almoloya del Río cuando protestaban por el feminicidio de Lefni Colín Martínez, a quien asesinaron hace tres días. Luego, aventaron su cuerpo a un basurero en Santiago Tianguistenco. De ahí la sacaron para regresarla a su casa, a su estupefacta familia, que la recibió sin creer que Lefni estaba muerta. Horas antes la habían visto salir de su casa antes de que ella se dirigiera a su trabajo, una actividad de medio tiempo en un local de maquinitas precisamente en Almoloya. Ahí estuvo cumpliendo su jornada. De ahí la vieron salir, pero nadie sabe qué, quiénes, cómo.
Esas, sin embargo, son las interrogantes a las que centenares de familias no les encuentran respuesta en un país que tiene 94 mil personas desaparecidas y un proceso ascendente de violencia contra las mujeres, desdeñad incluso por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrados, que no ha sabido ni responder ni posicionarse ante la violencia transversal que va en incremento en saña y en los casos que se van acumulando sin resolver. Para muestra, lo que le pasó a la joven Lefni, de apenas 19 años cumplidos. A ella le quitaron la vida, pero a su familia la marcaron para siempre.

Lo que se ve hoy en las calles de Almoloya del Río, un municipio del Estado de México que por su tamaño no tiene los registros de violencia de conglomerados urbanos como los del valle de México o la capital mexiquense, se ha repetido interminablemente. Estos reclamos, de los que además se hacen cargo siempre mujeres, encuentran por lo general oídos sordos y acciones concretas mínimas, y no pueden sino esperar a que la Fiscalía, rebasada absolutamente en todo y con una crisis permanente debido a la corrupción que se les escurre por todas las direcciones que la estructuran, de alguna manera resuelva.
Así ha sido con la mayoría de los feminicidios en la entidad, y ese es el camino por el que el caso de Lefni será obligado a transitar. Hoy, las mujeres que fueron organizadas por la colectiva Violetas Jacarandas, que también recordó los casos de Mariana, Sandra y Leonarda, otras tres jóvenes de la región masacradas por que se podía hacerlo. Tanto, que de los 75 feminicidios reportados a nivel nacional en enero de 2022, 14 ocurrieron en el Estado de México, por lo que la entidad se coloca de nuevo a la cabeza en las listas de este crimen. Además, en territorio mexiquense se reportaron en el mismo periodo, 21 homicidios dolosos de mujeres.

El contingente de mujeres recorrió el mismo camino que siguió el cortejo fúnebre que ayer llevó el cuerpo de Lefni. Ayer, las porras para la joven, la banda de música y la fila interminable de coronas no pudo ocultar la furia el enojo por su asesinato. Quienes asistieron a despedir a la joven se encargaron de llevar pancartas y una sentencia, “La próxima puedes ser tú”, reverbera en quienes la leen.
Esta frase se repite una y otra vez en todos los municipios del Estado de México y atraviesa como una hoz nuestra fragilidad. Lo que sucede en el Estado de México, las muertas del Estado de México, encuentra una explicación en la indiferencia con la que los gobiernos de los tres niveles administran el poder. Se trata del valor minúsculo que se le da a la vida humana, de lo poco que significa si se le compara con el precio de la tierra, del agua, de los minerales, de los zapatos, de las agujetas de los zapatos, de las suelas de los zapatos. En el Estado de México, donde ocurre un feminicidio cada tres días, la vida de las mujeres, sobre todo, no vale nada. Los municipios más peligrosos, por el número de feminicidios reportados son Huehuetoca, Nicolás Romero, Chimalhuacán, Huixquilucan, La Paz, Naucalpan, San Felipe del Progreso, San Mateo Atenco, Temoaya, Texcaltitlán, Tlalnepantla y Valle de Chalco.
-El día lunes Lefni llegó muy alegre, muy contenta. Me trajo una rebanada de pastel pero como yo estaba en mis actividades ya no la vi bien. Nomás me dijo “mamá, ya me voy a trabajar”-dijo hoy la madre de la chica antes de salir a la marcha para exigir justicia, que convocó el pueblo también por todos los afectados por la violencia.
La Fiscalía, exige la familia, sabiendo que será difícil, muy difícil, tiene que hacer su trabajo.
-Yo quiero que la Fiscalía me haga caso. Tiene las herramientas que le dimos la presidencia municipal y la familia. Quiero que la muerte de mi hija sirva para que Almoloya abra los ojos y quiero que esto que nos pasa sirva para que todos ustedes estén alerta de sus hijas porque a mi me mataron junto con ella- dijo la madre de Lefni a quienes estuvieron en la marcha para exigir justicia.

Ayer, lo único que podía hacerse desde lo que significa un feminicidio para Almoloya del Río, era acompañar a la familia. Entonces los vecinos salieron a la calle y formaron sin ponerse de acuerdo vallas para que pasara el cortejo, el torrente de las flores y la propia familia hacia el panteón local. No basta decir que esa gente lloraba o enmudecía, que se veían entre ellos sin sostener la mirada. Porque una muerte así significa también la acumulación del odio y del miedo que se han ido guardando inexorables en cada uno de nosotros. Sobre todo el miedo estallará algunas veces aunque no resolverá nada porque somos parte de un momento inane y en lo que concierne a lo fundamental que es la defensa de la vida, estamos solos.



