12 febrero, 2026

Toma tu distancia, puñetas

Carla Valdespino Vargas

Toluca, México; 2 de agosto de 2020. Caminar no solo es el desplazamiento de un lugar a otro, es un acto de magia que implica habitar espacios, dibujar paisajes, crear ciudades… trazar palabras. Caminar, para mí, es un acto de escritura y por ello, me dispuse a mapear mi ciudad entre textos y pasos. Pero llegó marzo y las caminatas cesaron y las palabras se fueron desgastando ante mi computadora. El llamado home office absorbió por completo mi tiempo. ¿Por qué continuamos con la obstinación de nombrar las situaciones/cosas en inglés, como si fuese una suerte de sortilegio para aliviar la realidad?

Horas frente a la pantalla desmintieron la exaltación, también importada, de una cuarentena feliz viendo pelis; practicando yoga; cantando en los balcones… siendo una mejor persona, porque debemos aprovechar los días encerrados para, mínimo, adquirir una habilidad nueva con tanto tiempo libre; tiempo que se me escurría entre contestar mensajes, generar contenidos, dar clases en línea, aprender a usar la plataforma; tiempo que se disolvía entre los artículos de revistas criticando la cuarenta de los “privilegiados”, cuestionado al sistema sobre la no-cuarentena de los desposeídos. Tiempo para procurar que nadie quitara mi sonrisa, mientras hacía ejercicio.

La Sopa de Wuhan comienza a circular, me doy el espacio para leer, aunque sea a ratos. Esas palabras, los primeros pensamientos ahora resultan tan lejanos; las esperanzas sobre la desestabilización del capitalismo, al puro estilo Žižek, se desmoronan, aquí y en París, frente a las largas filas, sin la distancia adecuada, a las puertas de grandes plazas comerciales. Se derrumban los anhelos de que seríamos una mejor sociedad al finalizar la cuarentena. No. Salimos a comprar porque nos sentimos vacíos, porque la única vida intensa que conocemos es la del consumo intenso, como bien afirma Byung-Chul Han.

Las fotos/videos de delfines en Venecia, jabalíes en Barcelona y Berlín enternecieron al mundo entero. A la par, circulan artículos enfocados en reflexiones sobre la devastación que el Medio Ambiente ha sufrido debido a las exigencias de ese vacío impuesto y aprehendido sin miramientos; textos cuyo énfasis se centra en que quizá y solo quizá esta pandemia sea una consecuencia de dicha hecatombe ambiental.

Después de meses, llega la nueva normalidad y con ella, mensajes contradictorios surgen desde Palacio Nacional. Por la mañana, escuchamos una voz pausada que afirma “Salgan de sus casas, no tengan miedo”. Mientras que, al punto de las diecinueve horas, alguien nos recuerda “Quédate en casa”. La OMS invita al gobierno de nuestro país a emitir recomendaciones claras a la población.

La nueva normalidad, no es tal, pues esta pandemia tan solo nos recuerda que nada ha cambiado en esta sociedad con profundas desigualdades (están los que usan bolsas de plástico como cubrebocas y lo que usan cubrebocas de marca). Un sector salud debilitado. Un sistema educativo obsoleto. Las clases sociales más bajas son las más golpeadas, como siempre. Una sociedad resquebrajada fue el reflejo de esta pandemia.

Dentro de esta nueva dinámica, el distanciamiento social ya forma parte del discurso que se maneja, tanto en los medios como en el gobierno. Mas, ¿qué encierra este concepto? Me gusta mirar detrás de las palabras y lo que veo no me resulta agradable.

No está de más aclarar que dicha distancia resulta, en muchos sentidos, la estrategia más eficaz para desacelerar el contagio, pero también es importante mencionar que, dentro de la epidemiología, el término más adecuado es distanciamiento público o distanciamiento físico. Ser reiterativos en utilizar distanciamiento social puede traer otro tipo de consecuencias.

Vivimos en una sociedad ya distanciada, inmersos en una comunicación digital, que solo nos aísla; nuestras redes sociales solo son eco de nuestro ego, hay una excesiva producción de nosotros mismos. Esta realidad nos conduce a una decadencia social, pues lo público, explica Byugn-Chul Han, se desintegra en lo privado. El neoliberalismo nos ha llevado por un proceso de individualización exacerbado, donde el otro y, por tanto, la comunidad y la sociedad han quedado en el olvido.

El escuchar constantemente “mantengamos distancia social” puede romper los pocos lazos que nos unen, ya que, mientras no exista una vacuna o un medicamento eficaz, la vida se reducirá a lo digital y eso acrecentará nuestra aversión al otro, como le percibí en mi primera caminata bajo la nueva normalidad: la playera de un joven me advertía mi lugar: “Aléjate puñetas 1.5m”.

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