15 abril, 2026

Los líderes cuestionados de la normal Isidro Burgos

Los líderes cuestionados de la normal Isidro Burgos

Stella Cuéllar

Toluca, México; 18 de septiembre de 2021.

A veces, a las cosas hay que arrancarles las palabras para que podamos entender lo que quieren decir, lo que guardan en sus entrañas de cemento, de aguijón envenenando, de papel atascado de silencio, de tierra removida y aplanada y vuelta a remover.

He leído casi todo lo que se ha publicado sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa ocurrida el 26 de septiembre de 2014. He hablado con algunos de los profesores egresados de aquella generación golpeada y masacrada. Cada uno tiene su particular versión de los hechos, la cual han construido desde lo que les tocó vivir antes, durante y después de lo que se ha llamado “la Noche de Iguala”. Y aunque unos estuvieron antes o después, o durante todo el proceso, todos coinciden en que lo que sucedió no podría haber pasado si los perpetradores no hubieran recibido ayuda: de los militares, de las autoridades municipales, de los policías estatales y federales; de civiles desde su silencio, de sicarios y jefes narcos, de las mineras canadienses cercanas. Y todos también coinciden en que aun con toda esa ayuda, el levantamiento de los 43 muchachos habría sido imposible si desde adentro de la escuela, alguien o algunos, no hubieran participado también.

A ellos, sobre todo a dos de ellos, sus propios compañeros los señalan como infiltrados; es decir, como personajes que tuvieron en la escuela, sobre todo, la función de extraer información y comunicarla a quienes los hubieran contratado, ya fuera el gobierno, las fuerzas armadas, los cárteles o de hecho los tres, que en la realidad más burda funcionan como un solo cuerpo.

Los Infiltrados. El secreto de Ayotzinapa es un libro editado y publicado por VCV, y saldrá a la venta a partir del 24 de septiembre. Es una investigación del periodista Miguel Alvarado, que tuve la oportunidad de leer y editar, una y otra vez, desde sus comienzos, desde esas primeras líneas que de tanto ajustarlas ya no se les reconoce, porque comenzó como un balbuceo hasta que poco a poco, como a trozos, fue tomando forma, sobre todo durante los últimos tres años. Y cuando la historia fue concluida, aún fue necesario desmembrarla y volverla a armar porque resultaba tan compleja que se perdía en el pantano de inagotables detalles, de infinidad de personajes y de ramificaciones, muchas de las cuales, al final, resultaron innecesarias. Al final, la investigación pudo mostrarse tal cual es: sólida y brutal, el detalle de una historia de horror, de podredumbre, y que da cuenta del nivel abominable que puede llegar a tener la miseria humana.

Hace un año, un programa especial del gobierno federal dio voz a dos ex alumnos de la normal de Ayotzinapa y los mostró en las pantallas de los televisores. Uno era el ex secretario general, David Flores Maldonado, a quien en la escuela se le conoce mejor como El Parca, líder oficial de la normal la noche en que ocurrieron los hechos. El otro fue Omar García, el alumno más influyente de la escuela en septiembre de 2014, y a quien se le conoce como El Eterno, El Abuelo o Jackie Chan. Hoy, Omar García, quien en realidad se llama Manuel Vázquez Arellano, ha sido distinguido por Morena como diputado federal plurinominal; es decir, que no llegó a ese cargo por elección.

En su intervención en ese programa especial, El Parca señaló, con sus ojos tristes enfocados por las cámaras, que le hubiera gustado mucho que alguien mirara hacia adentro de Ayotzinapa para que se diera cuenta de cómo era la vida real, sin cámaras ni periodistas, para que eso que encontrara le sirviera a la escuela de alguna manera para dar a conocer lo que ahí se vive todos los días. El otro, el ahora diputado Manuel Vázquez Arellano, que ha visitado 14 países en gira dando a conocer su versión de lo ocurrido, dio ahí mismo un repaso de lo que significa la normal para los movimientos sociales y la resistencia de los pueblos. Cuando terminé de escucharlos volví a las hojas del libro que corregía y editaba, que yacían despedazadas en el escritorio y repasé los capítulos que conciernen a estos dos jóvenes. Lo que se anota en esas hojas es justo lo que El Parca pidió ante las cámaras y que, por una coincidencia ­–que tampoco lo era, debo aceptarlo– estaba ya terminándose de investigar.


La mirada a las entrañas de Ayotzinapa que El Parca solicitó estaría lista semanas después. Y en esa vista, él, junto con el ahora diputado de Morena y otros de sus compañeros, quedan retratados por la voz y los testimonios de quienes vivieron a su lado el antes, el momento de los levantones de Iguala y después las consecuencias de esa jornada.

La responsabilidad que estos dos jóvenes y sus allegados tuvieron el 14 de septiembre fue silenciada desde el principio, y por eso la extinta PGR decidió dejarlos en paz y apenas les tomó alguna declaración. La nueva Fiscalía acogió a algunos de los ex normalistas como testigos protegidos, pero paradójicamente eligió a estos dos jovenes y a sus cercanos. Ellos mismos se encargaron de contar, a quien quisiera escucharlos, acerca de la colaboración que realizaban con las autoridades y hasta llegaron a reclamar a quienes no las apoyaban. En ese grupo de declarantes están el hoy diputado federal y el ex secretario de la normal.

Pero este grupo de normalistas, considerados hoy como testigos protegidos, no son los únicos que tienen algo o mucho que decir. Otros estudiantes tomaron también la palabra al Parca y comenzaron a hablar de lo que ellos saben, de lo que han callado, y le exigen a su ex secretario general que explique a la propia escuela, a sus compañeros, al país entero, lo que en verdad pasó en la escuela en ese septiembre aciago de 2014.

De eso se trata el libro. Su contenido, o la mayor parte de él, ya era conocido desde el 2016 por quienes hoy son autoridades en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y buscan a los 43 normalistas, por lo que no habrá sorpresas para ellos, si es que lo leen.

Sin duda siempre será difícil y doloroso hablar de Ayotzinapa, pero lo es más abordar los casos del diputado federal Vázquez Arellano y de David Flores Maldonado, de sus compañeros, del secreto que la normal ha guardado gracias a un pacto de silencio que a estas alturas dejó de tener sentido, a pesar de que en Iguala se siga ejecutando a quienes de alguna manera participaron el 26 de septiembre de 2014.

La infiltración es tan antigua como la sociedad misma, y en Guerrero los movimientos sociales y las distintas resistencias siempre han estado penetradas por quienes se encargan de poner a líderes, de descubrir rutas de paso; por quienes acercan al Estado al corazón de las organizaciones. No pocas veces, los infiltrados resultan ser los propios dirigentes.

“Qué habrá en Iguala que la hace tan querida, tan serpiente”, dice una frase contenida en este libro, que da pie para adentrarnos a la historia de María de los Ángeles Pineda Villa -esposa del ex alcalde Abarca- y de su familia, en algún momento jefes máximos del cártel de los Guerreros Unidos.  

Yo me sumo al reclamo que el profesor Cuitláhuac Mondragón Fontes y su familia hacen hoy al ahora diputado federal Vázquez Arellano, ya que éste declaró ante medios de comunicación que al normalista Julio César Mondragón lo habían desollado en vida porque escupió en el rostro a uno de los policías que lo habían retenido:

-Ayúdanos a clarificar. Descríbenos a nosotros lo que viste –le dijo Cuitláhuac Mondragón en 2016 al hoy legislador plurinominal. Y lo hace porque si él dice haber visto el escupitajo, entonces tuvo que haber visto también el rostro de quienes capturaron al joven para después ejecutarlo. Pero la respuesta de Omar García sólo puede revelar su propia cara, el rostro de El Eterno, el de Manuel Vázquez Arellano, quien, balbuceando, apenas pudo decir: “las caras no las vi porque estaba muy oscuro”. Claro, no había la suficiente luz para no ver un escupitajo que salió quizá de su imaginación, porque lo cierto es que al momento del levantamiento de Julio César, El Eterno estaba en otro lado.

Estoy convencida de que lo más oscuro de aquella noche de Iguala es la participación de los infiltrados, porque son compañeros de quienes confiaron en ellos. Y muy desesperanzador es que, como lo ha dicho el profesor Cuitláhuac, tío de Julio César, todas las normales rurales de México han tenido y tienen su propio Eterno, su propio Parca.

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