Miguel Alvarado
Toluca, México; 6 de junio de 2021.
Se considera que lo peor que puede hacerse esta jornada de elecciones es no votar. Cancelar es todavía un poco menos peor o so es lo que se cree popularmente. Y elegir es lo que debería hacerse. En un estado que contabiliza entre 40 y 44 por ciento de abstencionismo, no votar se entiende como el cansancio y el desinterés llevados al extremo desde hace décadas, lo cual, en lo práctico, beneficia a quienes perderían si todos o la mayoría se decidiera a votar.
Pero el 6 de junio de 2021 las elecciones presentan un problema de fondo que no se observó en las últimas campañas, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó los comicios él solo, echándose al hombro las victorias de los morenistas, cuyo partido se convirtió en una aplanadora de la noche a la mañana. Para las seis de la tarde del primero de julio de 2018 ya se sabía que AMLO había ganado y de paso echado abajo el tinglado panista, priista y perredista que intentaba continuar en el poder que otorga ocupar el Ejecutivo federal. Y aunque después Morena pago con creces abrir las puertas a todos, por unos meses el romance entre el nuevo presidente y lo que todavía llama “el pueblo bueno” auguraba un sexenio de profundos cambios.
Quienes se interesaron un poco más profundamente en esas elecciones se dieron cuenta de inmediato de la perversidad de la política en México, que permite a militantes de todos los colores reciclarse, camaleónicos, en otro partido y ser portadores de mensajes públicos opuestos a los que daban incluso horas antes.
Que se crea que el de AMLO es un gobierno de izquierda es un logro de la transformación del PRI, del PAN, del PRD y de los pequeños satélites, porque el de AMLO es un gobierno profundamente neoliberal.
De cualquier manera, hoy se repiten las elecciones y aunque no se elige presidente, los resultados finales afirmarán la potencia de Morena e instalarán en el poder a ese partido a pesar de que ahí militan políticos priistas, panistas y perredistas que siguen siendo tan corruptos como antes.
Una refundación, al menos en el Estado de México, es lo que exigen quienes dieron vida a Morena y caminaron las calles por un proyecto distinto, que hoy no es lo que dijo que sería y que se parece más al regreso del PRI pero vestido de vinotinto; al regreso del PAN, pero vestido de algo que dice ser izquierda, y vestido del PRD, pero trasmutado en algo que se parece mucho a la derecha.
Sin embargo, al voltear a ver las opciones para no votar por Morena, el panorama espanta. Empresarios corruptos, miembros del Grupo Atlacomulco, actores, luchadores, ex futbolistas y una cantidad ingente de prestanombres y repetidores, vividores, ignorantes, abusivos, transitan por el resto de los partidos. Es increíble que en 2021 todavía personajes como Isidro Pastor, un operador del ex gobernador Arturo Montiel y que ha pasado por el PAN, por Morena y ahora por una cosa llamada Encuentro Solidario, siga tan vigente como antes. O que el narco, una invención del neoliberalismo para hacer de tierras para la extracción de minerales, siga imponiendo su ley desde el poder del fuego y del proteccionismo del Estado que lo creó.
Hoy asistiremos a la derrota anticipada de México, del Estado de México incluido. Se trata de un teatro que ha costado 26 mil 819 millones de pesos y todavía mucho más por lo que representa el costo de la violencia que habrá en cada una de las entidades en las que habrá votaciones. La derrota del PRI, del PAN, del PRD significa también la victoria de priistas, panistas y perredistas disfrazados de izquierda. Pero la victoria de Morena no significa la derrota de prianistas o perredistas. Se trata, más bien, de una etapa en la historia de México en la que el reparto del poder se presenta como un fenómeno que puede equipararse a lo que hace un camaleón.
Nosotros, los ciudadanos de a pie, seguiremos las incidencias electorales y a las diez de la noche, quizá antes, las encuestas de salida darán a conocer las tendencias de los ganadores, que después se harán oficiales. Morena será el gran ganador y la alianza tripartita de priistas, panistas y perredistas no dirá nada. Para qué, tienen infiltrado al partido de AMLO.



