Miguel Alvarado
Toluca, México; 24 de mayo de 2021.
La intromisión del narco en las campañas políticas del Estado de México no es nada nuevo. Tiene años sucediendo. Tiene años que en algunos municipios, sobre todo en el sur de la entidad, en la Tierra Caliente, el narco pone y quita candidatos. También los ataca y a algunos, incluso ya alcaldes, consigue asesinar. El narco en el Estado de México representa también una fuerza política que interviene de manera determinante en la vida social de esta entidad. Eso lo sabe el gobernador Alfredo del Mazo Mazo, quien fue alcalde del municipio de Huixquilucan, uno de los más desiguales de México pero también la sede de jefes narcos, que viven y vivían en los superfraccionamientos amurallados que construyeron en aquella región. Acerca de Huixquilucan, basta una mirada apenas superficial para recordar: Gerardo Álvarez Vázquez, El Indio; Jesús Alfredo Salazar Ramírez, El Muñeco; Édgar Valdez Villareal, La Barbie; José Jorge Balderas, El JJ; Carlos Montemayor, El Charro; Juan Carlos Muñoz Vargas, El Pariente forman un a primera lista de jefes narcos que usaron Huixquilucan como su refugio, con el conocimiento de autoridades locales, estatales y federales. Todos están presos, pero eso sucedió después de que los dejaran acomodarse y accionar con éxito para los cárteles a los que pertenecían.
El caso del sur mexiquense no es distinto. Lo que cambian son las condiciones. Pobrísima o mejor dicho, empobrecida por la presencia de cárteles, mineras y la omisión de los diferentes gobiernos, no podía esperarse otra cosa que la infiltración de los partidos políticos, del ejército, de las policías federal, estatal y municipal. Eso resulta relativamente fácil si hay dinero suficiente. El crimen organizado no prospera si el gobierno no quiere y claro que ha querido. El poder del narco es el miedo y es el reflejo de un poder todavía superior que es el de las mineras asentadas en esa región, rica en oro, plata, mercurio y uranio y que comparte un triángulo de la muerte con Michoacán y Guerrero.
Se pueden mencionar los municipios sureños afectados por el narco y para eso tiene que enlistarse todos. Entre ellos Tlatlaya, Tejupilco, Zumpahuacán -no tan al sur, pero igual de narco- Amatepec, Luvianos, Temascaltepec, Otzoloapan, Zacazonapan, Santo Tomás de los Plátanos, así como las puertas de entrada que forman Valle de Bravo, Tenango, Tenancingo y Sultepec.
En Valle de Bravo el narco ha tenido que ver en la elección de los últimos tres ediles, de manera directa. Los testimonios sobran: reparto de dinero, convencimiento a fuerza de colonias enteras, negociación por plazas a cambio de no hacer daño; presencia de grupos de choque. Quien diga que no es verdad, miente y lo hace de manera ridícula. Quien quiera acceder al poder político en Valle de Bravo deberá entender que el narco es un componente del gobierno, así como lo es la presencia de la Marina, del ejército, de fraccionamientos para supermillonarios, de la tierra en disputa, de los talamontes, del agua y del reciente descubrimiento de uranio en la región. El narco, por sí mismo, no alcanza a significar nada, pero como si se tratara de un rompecabezas, el resultado final por supuesto que dice algo que resulta mucho más grande y complejo.
Hay que dejar de creer que las acciones relacionadas con el narco suceden de manera aislada y que el narco no es una ínsula regida por sus propias leyes y reglamentos. El narco responde a un poder y circunstancias mayores que su propia fuerza y estructura. También debe verse al narco, a sus células, como fuerzas paramilitares al servicio de alguien que puede pagarlas y controlarlas. Los paramilitares cumplen con objetivos diferentes a los de un cártel y tienen como función primordial el ejercicio del terror, el desplazamiento, las ejecuciones y la apropiación de territorio para quienes les pagan. Entonces, ¿quién o quiénes pagan a los paramilitares del sur del Estado de México? ¿Es la Familia Michoacana una fuerza paramilitar? ¿Por qué no han terminado de hacerse pedazos los michoacanos y el Cártel de Jalisco Nueva Generación, que se supone está en la región disputando plazas?
En Valle de Bravo no hay campañas felices, llenas de alegría, como dijo la aspirante a la alcaldía de Morena, Michelle Núñez. Tampoco hay paz y mucho menos la libertad de votar por quien uno quiera. Si la amenaza de la Familia Michoacana contra la aspirante del PRI-PAN-PRD, Zudikey Rodríguez es falsa, lo que es real es que el narco se ha entrometido en Valle de Bravo desde hace años. Y eso ni siquiera es un secreto.



