Ramsés Mercado: entrevista e imagen. Miguel Alvarado: texto. Karen Colín: diseño.
Toluca, México; 25 de marzo de 2022.
La joven que vendió tlayudas en la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles es de Toluca. Que pusiera su puesto de tostadas en el área del estacionamiento de la obra magna de Andrés Manuel López Obrador desató en México una discusión bizantina acerca de la calidad del propio aeropuerto, del usual menosprecio por los otros, de los costos y tiempos para llegar y solamente poder comer antojitos e incluso se llegó a discutir si lo que la chica vendía eran huaraches o tlayudas.
Sin quererlo, ella se convirtió en un personaje atravesado por la bizarría de la confrontación política y social, y por la banalización de la pobreza extrema. Los dos bandos, los simpatizantes de la Cuarta Transformación y del gobierno de AMLO, así como el de sus detractores recalcitrantes, se olvidaron, al principio, de preguntarle a la joven lo mínimo elemental. No les interesó ni siquiera saber su nombre cuando la utilizaron para denostar al otro extremo, al adversario, como dice el presidente de México.
El mensaje que subyace en torno a María Guadalupe Piña Pichardo es el del menosprecio por los más pobres. Ahora, la joven que vendió tlayudas el 21 de marzo de 2022, mientras el presidente recorría aquella construcción de 75 mil millones de pesos, narra su historia, la cual es la de millones de mexicanos que viven al día, perseguidos y criminalizados porque contra ellos opera el componente principal de toda discriminación: la pobreza.
Sentada en la sala de su casa, ubicada en Toluca, la capital del Estado de México, María Guadalupe tiene enfrente su canasta con las enormes tostadas con las que elabora las tlayudas que en esta ciudad todos llaman huaraches, y que se venden en espacios públicos como la Alameda, en los que todavía puede pasearse sin necesidad de pagar nada. Lo que dice remarca el uso político que quienes pudieron le dieron a su necesidad. Pero ahora su voz, ella misma, se escucha, se ve.



– Soy originaria de Toluca, tengo 29 años, soy madre de cuatro niños y vendo los huaraches. Mi suegra vende. Y fue cuando me junté con mi esposo, ya tengo 12 años, y ella fue la que me enseñó a hacer la tostada e ir a vender. Aquí en Toluca hay muchas vendedoras y por eso nos fuimos para allá- dice ella.
– Es un oficio de la familia?
– Sí, así es.
-¿Cómo es que van al aeropuerto a vender?
-Mi suegra fue la que dijo. En la semana que anunciaron lo del aeropuerto, mi suegra tuvo la idea de ir para allá, que fuéramos a la inauguración.
-¿Cómo se organizaron para ir?
-íbamos y estábamos en La Marquesa, llevábamos un carrito, que se nos desbieló subiendo ahí, y luego tomamos un camión de Flecha Roja, que nos llevó a Observatorio. Y de Observatorio tomamos un taxi que nos llevó al aeropuerto- dice sonriendo, cuando recuerda todo lo que tuvieron que hacer para llegar hasta el Felipe Ángeles. Ese viaje de ida, además, de la desvielada del auto, les costó 350 pesos por el taxi.
– ¿En qué parte del aeropuerto estuvieron?
– Nunca estuvimos adentro. Estuvimos en la parte de afuera, donde está el estacionamiento. Es que nos estaba moviendo la Guardia Nacional y ya en la última, nos sacaron hasta afuera.
– ¿Los sacó la Guardia Nacional?
– Sí.
– Pero les fue muy bien, ¿no?
– Teníamos varias filas de clientes para despacharles porque querían ellos ya comer. Veíamos que se iban y que otra vez regresaban por más.
-¿Cómo percibes el impacto que has tenido?
-Al principio me daba miedo de que… yo estuve (detenida) por lo mismo de que vendía esto. Era el miedo que yo tenía. Yo a mi esposo le decía que me daba miedo, pero él me dijo que debía sentirme gustosa porque estás saliendo en todas las redes. Y pues ya estoy más contenta.
-El presidente te defendió en la Mañanera…
-Me dio mucho gusto porque no dijo malas palabras, no nos atacó. Estuvo bien que me haya defendido, pero así como me dio gusto, ojalá él mismo también me pudiera dar un puesto donde vender. Eso le pediría, que me diera un puestecito para vender allá en la Ciudad de México, porque es mi necesidad y quiero para familia, más que nada. Yo fui al aeropuerto a trabajar, no fui acarreada de nadie, como dicen varias personas. Yo fui porque necesitaba vender y necesito vender.
-¿Qué les dices a los del gobierno?
-Pues que nos dejaran trabajar, que se enfocaran en los rateros. Y nosotros que estamos trabajando, que nos dejaran, porque pues mantenemos a nuestra familia y ellos no saben las necesidades que nosotros tenemos en casa. Nosotros sí tenemos muchas necesidades. Que me dejaran trabajar o que me dieran un lugarcito donde yo pudiera trabajar
– ¿Vendías en Toluca o en dónde?
– En la Ciudad de México, en el Zócalo. Voy cada ocho días. Nosotros somos “toreros”, toreamos a los policías de allá para poder trabajar. Nos les escondemos, pues.
– ¿Ustedes viven de vender las tlayudas?
– Sí. Nosotros no tenemos ningún tipo de apoyo del gobierno, nomás con lo único… con esto- dice María Guadalupe mientras señala su canasta llena de tostadas. Sí tenemos necesidades. Dos de mis hijos, las niñas, están malas, una tiene las plaquetas bajas y la otra tiene una infección en la piel, yo quiero creer que es una infección en la piel, pero la verdad pues no sé- apunta.
– ¿Has tenido problemas allá?
– Sí. A mí me agarraron los policías. Estaba vendiendo y de pronto me agarran y me llevan, que por pegarle a una policía cuando ni siquiera me le acerqué. Eso fue hace siete años, pero me llevaron hasta Santa Marta Acatitla, donde tuve que pagar una fianza para salir.



– ¿Vas a seguir vendiendo en el Zócalo?
-Pues sí. Vimos en las redes que AMLO iba a a hacer unos como locales y que ahí nos iban a reubicar, pero pues no sé, todavía no sabemos si es verdad o no.
– Entonces, ¿qué son? ¿Tlayudas o huaraches?
– Las tlayudas son redondas y sí llevan frijoles, pero no llevan cilantro, llevan lechuga. Y llevan carne con queso Oaxaca. El maíz de una tlayuda es el de una tortilla. En cambio, el maíz del huarache es martajado.
– Estoy viendo que hay mucha gente que se molesta porque no son tlayudas, sino huaraches, en sí son huaraches y son tostadas, aquí en Toluca. Aquí las conocemos así, pero allá en México las conocen como tlayudas y ni cómo decirle a la gente, luego sí les corregimos pero no, ellos dicen que son tlayudas, por eso pues ya las despachamos- dice María Guadalupe.
Entonces muestra las dos tostadas. La que usa para las tlayudas es de color de una tortilla, amarilla, mientras que la del huarache es azul verdosa. Además, el huarache lleva frijoles y nopales. Además, la preparación de las tostadas es tardada porque tiene varios procesos. Primero hay que ir al molino para que el maíz se martaje o se quiebre o se muela. Luego, con eso que se obtiene se deben preparar porciones redondas para meterlas al comal. Entonces se raspa y se dora. Después hay que traer los alimentos que deben ponerse. Un día antes de la venta, a las seis de mañana, se deben preparar los guisos para que vayan frescos. María Guadalupe considera que Toluca ha sido colocada “en alto” por el tema de los huaraches.
– ¿Escogerías otro oficio?
– Pues no porque es a lo que me dedico y me gusta hacerlo. Tengo orita para llevar a mi hija al doctor, y atender lo de la otra, porque el medicamento es muy caro… me dio mucho gusto vender así y con ese dinero es como las voy a poder llevar al doctor.

El 25 de marzo, Alejandra Fraustro, la secretaria federal de Cultura, anunciaba en una publicidad con los logotipos del gobierno federal que “Las famosas doraditas de Guadalupe Piña del aeropuerto Felipe Ángeles”, estarían vendiéndose en el Complejo Cultural de Los Pinos el 26 y 27 de marzo en el mercado El Solar de Cencalli, de 11 de la mañana a seis de la tarde.




