29 abril, 2026

El asesinato de Alfonso, repartidor de comida rápida

El asesinato de Alfonso, repartidor de comida rápida

Fernanda García: texto. Karen Colín: imagen

Toluca, México; 23 de febrero de 2022.

Trabajar para una app de servicio de repartición no se hace por gusto. Muchas veces es para paliar la escasez de ingresos en casa, para costear estudios o la vida. Sin embargo, a veces el costo de esta actividad, que se ha convertido en blanco fácil de la delincuencia, es justamente ese, la vida misma. Así fue para don Poncho, así ha sido para, al menos, tres repetidores de comida en el último año en el valle de Toluca.

El modus operandi es sencillo: reciben un pedido, el pago, por supuesto, será en efectivo, recogen la comida, por lo regular de algún restaurante de comida rápida porque tienen precios más bajos, llegan al lugar de entrega y en vez de recibir la paga y hasta una propina por el servicio, son asaltados.

Entonces el miedo se convierte en parte inherente de la chamba, ya no saben por dónde podrían circular tranquilos así que comenzaron a trabajar en pareja, buscan ir acompañados aunque no siempre se puede. Así le pasó a Poncho, apenas tenía 51 años de edad, y digo apenas porque morir baleado a esa edad es una tragedia, lo es a cualquier altura de la vida.

En el valle de Toluca tienen identificadas a las colonias Los Héroes, Electricistas, Sor Juana Inés de la Cruz, la zona industrial en especial La Crespa y la calle de Vicente Lombardo Toledano, además de San Miguel Totocuitlapilco, como las más inseguras para estos repartidores. Ahí seguido los asaltan, ahí seguro salen, de menos, sin el celular y con una deuda, pues si no les pagan la comida ellos tienen que absorber el costo.


Y justo en Los Héroes fue asesinado don Poncho la noche del lunes. Estaba en Tollocan y Tenochtitlán cuando lo abordaron para despojarlo de su moto y el celular. Entonces se resistió y lo mataron, dejaron su cuerpo tendido y se llevaron sus cosas.

Muchos pensamos que en un asalto lo mejor es cooperar, pero si de eso depende el sustento de alguien, ¿tan fácil se entregarían las pertenencias? ¿Tenemos todos esa frialdad para reaccionar correctamente en el momento del atraco? ¿De verdad una vida cuesta tan poco como un celular, una moto? Desde hace años me cuestiono eso. Nos matan por celulares que compramos en una tienda de conveniencia porque el que estaba bueno o era de una marca conocida, ya nos lo robaron antes.

Este miércoles las motos de los repartidores sonaron estrepitosas, ahogadas en furia por las calles de Toluca. Los están asaltando y matando sin que nadie haga algo, porque lo mismo Uber, DiDi, Rappi, no dan un seguro. Los golpean y los repartidores no tienen ni para pagar al médico que arregle una costilla rota.

Además de una caravana para exigir justicia y brindar acompañamiento a la familia en el último adiós en el panteón municipal de Metepec, los repartidores de apps anunciaron que en próximos días llevarán a cabo una colecta para apoyar a los deudos de don Poncho a enfrentar la cruenta realidad: les arrebataron a un padre, a un esposo, a su sustento económico.

Así es como Poncho se convierte en el rostro impreso en una hoja pegada en las mochilas que distinguen a los repartidores. Se convierte en la ilustración de las víctimas silenciadas por la indiferencia de sus empleadores y las autoridades. En la punta de un iceberg que condena a todos a vivir sumidos en el miedo más descarado y ojete: el que una vida valga menos que un celular.

¡Hasta la próxima!

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