15 abril, 2026

La tragedia de la Línea 12

La tragedia de la Línea 12

Miguel Alvarado

Toluca, México; 4 de mayo de 2021

Así, a simple vista, el riel, trabe o ballena estaba pandeado. Pandeado significa curvo y era evidente que algún día cedería al peso de los trenes que le pasaban por encima. Se trataba del tramo elevado de la Línea 12 entre las estaciones de Olivos y Tezonco, que se derrumbó por fin a las 23:05 del lunes 3 de mayo.

Lo que siguió, en el minuto siguiente, fue la historia de cómo 24 muertos -de manera oficial- y 70 heridos pagaron las consecuencias de una decisión que costó 47 mil millones de pesos, cuya construcción finalizó en octubre de 2012, durante la administración de Marcelo Ebrard como jefe de Gobierno de la Ciudad de México y después de que las empresas ICA, Carso Infraestructuras y Alstom, en consorcio, entregaran esa obra.

Los videos de la tragedia no tardaron en circular y todos fueron dramáticos. Entre los autos aplastados los elementos de la Secretaría de Seguridad daban vueltas porque no podían hacer nada por nadie, o por casi nadie. Un auto rojo reducido a pura lámina había recibido el impacto de lleno de una de las ballenas. Adentro nadie se movía y junto a él un taxi con las cromáticas en rosa había servido de escasa protección para los muertos que se veían.

Una de las primeras imágenes muestra a un hombre trepado en un vagón, asomado por una de las ventanas. Ha encendido su celular para grabar lo que ve y para alumbrarse, también. Lo precario de la vida se endurece en este espacio del vagón del metro, donde el celular de este hombre ha grabado un hombre sentado en uno de los sitios individuales, y sus zapatos negros, sus piernas enfundadas en un pantalón negro o pants, no se aprecia bien, confirman la fuerza del golpe que ha recibido. Quizá está desmayado, porque el hombre que graba es el primero que ha trepado, ayudado por una escalera. Todo ha sucedido rápidamente, sin tiempo para nada. Junto al hombre de negro, sentado en el silencio de muerte, en esa oscuridad que oprime, hay otro hombre, ensangrentado e inmóvil, sujetando su celular.

Entonces quien graba da un giro que muestra una maleta rosa con figuras infantiles. Más piernas, más brazos aparecen fugaces en el haz que las ilumina.


Afuera, mientras el polvo termina de asentarse, los únicos gritos que no desentonan son los del “¡puta madre, puta madre!” de quienes se asoman, por así decirlo, a la estrecha bocacalle de los vagones del Metro, convertidos para entonces en una entrada a los infiernos que desatan la corrupción, el bandidaje, la bribonería de quienes aceptaron recibir un trabajo tan mortal, tan malo, tan desaseado.

Ese tramo de la Línea 12 del Metro estaba pando desde 2017, cuando el terremoto del 19 de septiembre azotó a la ciudad. Eso lo denunció hasta la Ciberpapelería Azul, expertas en fotocopias e internet, en sendas fotos que hoy se hicieron virales. No se necesitaba ser un experto para saber que aquello se caería. Tampoco se necesitaban estudios de rayos X, que costaron 15 millones de pesos, para determinar cuáles columnas presentaban daños porque enseñaban las entrañas, sus huesos de fierro y su cascarón desmoronándose hacia adentro y hacia afuera.

Ayer, cuando los rescatistas de Protección Civil llegaron al lugar, unos 40 minutos después del desastre, se dieron cuenta de que más secciones estaban a punto de colapsar, por lo que emitieron mensajes para detener la búsqueda hasta que las moles estuvieran sujetas. Entonces las redes sociales se llenaron de fotos que ilustraban daños a las estructuras de otras estaciones, como Pantitlán, por ejemplo. Y entonces la ciudad y el país se dio cuenta de la ruina que la red del Metro y muchas de sus 195 estaciones, entre ellas las líneas B, 5 y 9, las cuales presentan fisuras en ballenas y cajones.

Los bomberos fueron de los primeros en llegar. Para entonces ya se habían metido entre los escombros algunos valientes, lo cual sirvió por lo menos para determinar si alguien estaba vivo o ya no había nada que hacer. Los bomberos llegaron a destrabar los fierros de las puertas, a abrir agujeros entre las láminas que todavía gemían como si el alma de los vagones se negara a desprenderse. Pero eso, el tristísimo clamor del metal, no era nada comparado con los reunidos humanos o con quienes pudieron salir casi por su propio pie de aquellos vagones. Salir caminando es también un decir, pero los civiles que ya estaban ahí los ayudaron a bajar, heridos y muertos de miedo, hacia un lugar en donde pudieran atenderlos. Así paso con al menos dos de ellos, que consiguieron sobrevivir apretándose a las bolsas y maletitas que llevaban consigo.

– ¡No mames, amor! ¡Se cayó aquí… se desplomó el Metro!- dijo alguien más mientras grababa las nubes de polvo a unos 30 metros de distancia, cerca de una gasolinera. Junto a él, los perros callejeros pasaban disparados huyendo de la tragedia del ser humano, que ha convertido todo en una avenida trágica donde el valor de la vida es igual a nada.

– Aguanta, aguanta, pérame, pérame!- dice un hombre que atiende a varios heridos atrapados en un auto gris.

– ¿Aquel ya no se mueve?- le responde un hombre del que se ve una pierna tatuada. Encima de los restos de los autos, trata de adivinar cuáles de los cuerpos todavía pueden recibir asistencia. Un hombre de amarillo se acerca al cuerpo bañado en sangre de un hombre, que no se mueve porque está atorado en el sitio del conductor, y algo le dice. Se queda así, congelado, como esperando una respuesta, la cual no llegará. La camisa morada de aquel hombre tendría que decirlo todo, que hablarlo todo porque ahora es parte de la sangre que ha perdido quien la porta.

Algunos helicópteros han aterrizado en un estacionamiento cercano y desde ahí tratarán de trasladar a los heridos a los hospitales. Dos de ellos morirán nada más llegar a los nosocomios y ya no podrán enterarse de que al otro día la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, dirá que hay que esperarse a los peritajes. O que Marcelo Ebrard se declara listo para responder ante la ley cualquier cuestionamiento porque el que nada teme, evidentemente nada debe.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo muchas cosas, entre ellas que lo sentía profundamente pero que se tenía que retirar de su Mañanera porque iba a recibir al presidente de Guatemala. Y entonces se fue.

Por la tarde los trabajadores del Metro anunciaron un paro de labores para exigir la destitución de la directora del Sistema, Florencia Serranía Soto, a quien ya perfilan como la gran culpable. Jesús Urban, líder del sindicato de trabajadores de ese lugar, dijo que puede ocurrir una desgracia mayor y acusó que la Dirección del Metro había sido reportada con antelación de lo que podía pasar como consta en los documentos que a diario se enviaron desde el año pasado.

Este descarrilamiento significa muchas cosas, pero entre ellas hará mella en la posible candidatura a la presidencia de Marcelo Ebrard y la inmediata revisión de los implicados en el proceso de construcción de la Línea 12 del Metro. Entonces, 24 muertos y 70 heridos a las 17:40 del 4 de mayo de 2021.

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