Toluca, México; 30 de marzo de 2021.
En el Banco del Bienestar de Valle de Bravo cayeron en el viejo, viejísimo truco del mensajero que le lleva rosas a la guapa chica y osados asaltantes terminaron llevándose casi 2 millones de pesos. Esto no sucede ni en los capítulos de la popular serie de televisión de La Rosa de Guadalupe, pero sí en la vida real.
Y es que el 29 de marzo, cerca de las 16:40 un hombre se presentó a las puertas de esa institución con un ramo de flores, rosas, para ser más precisos. Gordo, de barba y mirada afable, todo en él reflejaba buenas intenciones.
Entonces tocó en la reja metálica, pues el banco ya había cerrado. El guardia de turno se le acercó sin desconfiar ni un momento.
-¿Qué se te ofrece?- le preguntó al gordo que llevaba las rosas, envueltas para regalo, perfumadas, arregladas perfectamente.
– Jefe, buenas tardes- le respondió el gordo de las rosas -vengo a entregarle estas rosas a la Yeni, es una señorita que trabaja aquí y le mandan este ramo.
Entonces el guardia llamó a Yenitzia, quien efectivamente trabajaba ahí. “Mira lo que te trajeron”, le dijo entusiasmado mientras señalaba las rosas. Ella, con la mirada enternecida, le pidió entonces que abriera las puertas. El reporte policiaco dice incluso que fue ella quien, en la prisa por recibir aquel obsequio de amor, abrió la puerta de acceso.
Y ahí estaban los dos. Por un lado quien metía las llaves y descerrojaba los candados. Y por el otro el gordo afable, de mirada tierna, con el ramo de rosas en sus manos toscas pero suaves al mismo tiempo, que no maltrataban aquel presente ni porque lo apretaban ya con fuerza.
Por fin la verja aquella se abrió y el gordo y las flores dieron un paso para entrar. Pero entonces algo pasó porque ni el gordo ni las rosas llegaron a la puerta.
Quien lo hizo fue un empistolado que estaba escondido detrás de la pared y antes de que el guardia y la Yeni pudieran recibir el ramo, de un salto felino, a pesar de ser también gordo, alto y de barba descuidada, salió de su escondite y les puso el arma en las narices. Entonces les dijo las palabras mágicas:
-¡Esto es un asalto!
Y la Yeni y el guardia no tuvieron más remedio que dejarlos pasar. El gordo amable de las flores cambió el ramo por otra arma y así penetraron a las instalaciones.
Adentro estaba la contadora Laura Elizabeth Fuentes Carbajal, y justamente contaba el dinero en efectivo, en uno de los escritorios del lugar. Los empistolados lo tenían todo servido, todo en bandeja, como se dice comúnmente. Así que la pusieron contra la pared, reducida fácilmente y procedieron a lo que iban. Con sus manos gordas pero suaves, los asaltantes de las rosas se llevaron exactamente un millón 938 mil 600 pesos, que echaron en la mochilita que uno de ellos llevaba. Entonces dijeron las otras palabras mágicas. “¡Nadie se mueva hasta que nos hayamos ido!” Y así, con todo y su robustez, desaparecieron ágilmente del lugar, haciéndose humo.
Lo que siguió después fue casi inútil. Los asaltados tocaron el boto de alarma y llegó el policía Margarito Monroy, junto con dos elementos; la Guardia Nacional también se hizo presente, junto con policías de investigación.
Pero lo único que encontraron, además del banco saqueado, fue un ramo de rosas tirado en el suelo. Y a la Yeni mirándolo azorada.



