Miguel Alvarado
Toluca, México; 12 de mayo de 2020. Pueblos del Estado de México se oponen a los trabajos de fumigación y sanitización en lugares públicos que brigadas municipales realizan en prevención de focos de contagio por coronavirus. Los habitantes de esas comunidades, sobre todo rurales, esgrimen que los trabajos se realizan de noche y por eso resultan sospechosos, que saben que hay soldados y elementos de la Guardia Nacional inyectando a la población con el virus del covid-19, y que la sanitización contamina los pozos de agua. Culpan a enfermeras, soldados, marinos y elementos de la Guardia Nacional de realizar esos operativos. Esa oposición ha generado violencia y bloqueos a las vías de comunicación para impedir que las brigadas accedan a los pueblos y realicen su trabajo. Además, este fenómeno se ha extendido a otros estados cercanos, como Zitácuaro, en Michoacán, a dos horas de Toluca, donde habitantes bloquearon carreteras con el mismo argumento.
Hoy, los pueblos de las comunidades de Santiago Acutzilapan, San Pedro Atotonilco, Cualchihuapan, El Rincón y El Salto, entre otras, en el tramo de la carretera Acutzilapan-Atlacomulco, bloquearon con piedras algunos tramos de la vialidad para impedir el paso de las brigadas. Los habitantes dijeron que los trabajos debían realizarse durante el día y que ellos los habían realizado. Usuarios de redes sociales reportaron que por la noche se reunieron grupos armados de palos y piedras.

Otro pueblo del Estado de México que impidió la realización de actividades sanitarias es Acazulco, en el municipio de Ocoyoacac, en donde la gente también rechazó la llegada de las brigadas, las cuales fueron retiradas ante la oposición que encontraron.
Los trabajos de fumigación son comunes ya en ciudades como Toluca y Metepec, en donde las brigadas municipales son bien recibidas y se les deja hacer su trabajo. Pero eso no ha ocurrido en otros lugares, sobre todo rurales, como las comunidades de San Miguel Almoloyán y San Mateo Capulhuac, en Almoloya de Juárez, las cuales dijeron que soldados y enfermeras vacunaban a pobladores con dosis de coronavirus para matarlos, y afirmaron que el agua de la comunidad sería contaminada por las brigadas municipales de sanitización. Todo, derivado de mensajes en redes sociales y grupos sociales, los cuales fueron tomados como ciertos, sin cuestionarlos en ningún sentido. La destrucción de patrullas y las agresiones en contra de personal de seguridad pública fueron las consecuencias inmediatas.

En zonas rurales el uso de internet está restringido y los programas diarios de información sobre el coronavirus no son vistos por la mayoría de los habitantes de esos sitios. La estrategia de comunicación de los diferentes niveles de gobierno ha resultado efectiva para los entornos urbanos, que así y todo presentan graves niveles de desatención a las indicaciones de cuidado. Las zonas rurales no se comunican con las mismas dinámicas y las estructuras sociales son diferentes.
Un pueblo más que también presenta problemas de este tipo es el de Santa María del Monte, en el municipio de Zinacantepec, conurbado ya con la capital del Estado de México. Mensajes en redes sociales alertaron a la gente de esa comunidad contra la presencia de extraños.
“Ola a todos lean con atención en el barrio de México x el pósito más para arriba están yiendo a contaminar nuestra agua ayuda ak no agan esto xfabor unámonos contra ellos”, decía uno de los primeros mensajes de este tipo, en las redes sociales de los pobladores, escrito por Juan Carlos Reyes, en el grupo “Solo para ciudadanos de Santa María del Monte”.
Alguien más intentaba preguntar y rudimentariamente escribía: “Porque están sonando las campanas de la capilla del barrio”.
Así ha sido la dinámica de los pueblos, primero audios o mensajes por internet y después el método tradicional de convocatoria, tañendo las campanas del pueblo, logran generar miedo y convocar al pueblo en las plazas o en los atrios, donde casi siempre hablan los delegados municipales.
– ¡Yo no tengo ningún aviso de que vengan a fumigar de parte de ninguna autoridad. Nos vamos a manifestar pacíficamente, como lo hicieron otros pueblos, en contra de que contaminen el agua!- decía el delegado de San Miguel Almoloyán a la población, que se iba reuniendo en la plaza del lugar, el fin de semana pasado.
La multitud respondían que la Guardia Nacional y los soldados se acercaban al pueblo y algunos movieron camiones y autos para cerrar las entradas del pueblo
En Santa María del Monte sucedió algo similar. Primero fueron mensajes a los grupos de internet.
– Ola buenos días un aviso para todos apartir de hoy todo veiculo o gente ajena al pueblo ay que tenerlos bien vigilados o reportalos entre nosotros y tratar de no tomar agua de la llave- decía el usuario identificado como Chili Wili.
Leonardo Arriaga, otro de los habitantes de Santa María del Monte, hizo eco del llamado: “salgan jete ya van para arriba al barrio”.
Entonces los demás usuarios reaccionaron, también:
– Que esta pasando manden fotos o video y los delegados dónde están que pex ahora que no hay nadie en el pueblo mejor que nos tachen de ignorantes pero de tontos no que alguien avisé- balbuceaba en un texto alguien identificado como Ralph Lou.
Finalmente, los anuncios tan temidos llegaron y se fueron esparciendo. “Alerta en santa María del monte!!! Le están poniendo químicos al agua!!! Favor de no apartar agua ni beberla!!! Por favor es por nuestro bien y por nuestra salud !!! Miren el video!!! Hay que estar al pendiente.
Al final se había conseguido establecer una reunión, en donde se pretendía tomar decisiones acerca de los estaban “contaminando el agua” de la comunidad. Sin ninguna prueba, ni siquiera un elemento gráfico que tampoco habría probado nada, Santa María del Monte ya estaba alborotado.
-Mañana estaremos reunidos en la capilla para ponernos de qacuerdo como nos vamos a cuidar nosotros manantiales por favor partipen- dijo el usuario identificado como Benito Luis Mondrago.
Al final, un mensaje que terminó por asustar a todos, decía: “Se escuchan balasos en el barrio que está pasando”.
Las alertas por la supuesta contaminación del agua y las intenciones de las fuerzas armadas por matar a la población inoculando coronavirus con jeringas es una repetición de cómo reaccionan los pueblos de México ante las supuestas amenazas que los asechan. En los años setenta del siglo pasado, se trataba de la infiltración de agentes comunistas que pretendía acabar con las creencias religiosas. El pueblo de Canoa, en Puebla, retratado en una película, fue un ejemplo sangriento de esto. Después, las amenazas tomaron forma de minas, carreteras y en suma de proyectos extractivos que arrasaron comunidades enteras, las cuales no tuvieron oportunidad de defenderse en ningún terreno y por ninguna vía, ni siquiera la legal. Los enemigos que no se ven, sin embargo, son los más terroríficos y por eso la manifestación de violencia ante algo que no se comprende y toma forma en las fuerzas de seguridad, por otra parte represoras tradicionales de una sociedad como la mexicana.
El ayuntamiento de Villa Victoria, un municipio a la mitad entre Toluca y Valle de Bravo, tuvo que emitir un comunicado oficial para tratar de desarticular ese pánico.
“Es falso que el H. Ayuntamiento o cualquier otra autoridad esté fumigando para propagar el Covid-19”, decían las autoridades, que afirman como pueden que sólo se sanitizan los espacios públicos. “Es falso que los centros de salud tienen la instrucción de hacer lo mismo para que la gente se contamine. Es falso que se esté haciendo alguna acción para contaminar el agua. Cualquier tipo de información que atente contra tu salud y los tuyos, es falsa”.
Ahora que el gobierno dice la verdad, nadie le cree.
Otros municipios rurales decidieron cerrar sus accesos desde el principio de la pandemia en México. Uno de ellos, Tlatlaya, prohibió de buenas a primeras entrar a su región y con cargas de arena taponeó las carreteras, una acción que fue atribuida al cártel de la Familia Michoacana, que califica a las autoridades como “cogobierno”.
Villa Victoria, hasta el 11 de mayo, registraba 3 casos positivos de infecciones y ningún muerto.
Almoloya de Juárez tenía, en la misma fecha, 18 casos positivos de coronavirus y un muerto.
Por su parte, Zinacantepec tenía 29 casos de infección y tres muertos, según datos de la Secretaría de Salud federal.
El de Villa Victoria resultó ser el miedo más profundo, pues cerca de 200 personas quemaron una carroza fúnebre que transportaba un cuerpo, aunque no había muerto por coronavirus. En otra versión de los hechos, algunos usuarios en redes sociales dicen que se trataba de secuestradores que operaban en esa unidad, la cual fue detenida porque, supuestamente, había levantado a una niña.
La primera versión, la del contagio por coronavirus, señala que los hechos sucedieron cuando en la colonia Gustavo Baz de aquel municipio, en la carretera federal Toluca-Zitácuaro, a la entrada del rancho de Santo Tomás, la carroza transportaba los restos de una mujer, que había fallecido en el municipio de Metepec, pero sus familiares la habían trasladado a Villa Victoria. Carol Andrea había fallecido de muerte natural y la funeraria, Servicios Memorial, había alquilado el servicio. Sin embargo, al llegar al rumbo, el chofer no encontró el domicilio, por lo que decidió preguntar. Los vecinos, asustados sin ninguna razón, retuvieron al chofer y a su ayudante argumentando que el cuerpo que llevaban tenía coronavirus.
Entonces rodearon el transporte y aunque la policía municipal se presentó en el lugar, no logró convencer a la muchedumbre, que le prendió fuego a la carroza, una camioneta blanca de toldo negro, junto con el ataúd. Cualquiera que sea la razón, el miedo fue el impulso inicial.








