Miguel Alvarado
Toluca, México; 5 de agosto de 2021.
Los comerciantes le llaman a ésta la zona diamante, y se ubica en las inmediaciones de la terminal camionera de Toluca. Se trata de un triángulo formado entre las avenidas de Tollocan, Isidro Fabela y Cinco de Mayo. Es uno de los lugares con mayor tráfico peatonal y vehicular en la ciudad y por eso es codiciado por los líderes de organizaciones de ambulantes que hace tiempo disputan la posesión de esas calles, que hace ya un buen tiempo sirven de lugar de trabajo para comerciantes agrupados en el Movimiento Popular Ernesto Ché Guevara, cuyo líder, Manuel del Valle, murió a fines del año pasado por coronavirus. Ahora están al frente sus hijas, que no tenían idea de lo que significa pelear por las calles de Toluca, ya sumidas en un interminable vaivén de violencia que lo mismo desintegra agrupaciones que crea monstruos, mafias temibles que terminan, casi como una ley, devorándose a sí mismas.
En esta zona, hasta 2006 funcionó todos los viernes un enorme tianguis al que acudían más de 400 mil personas y funcionó durante 30 años, hasta que fue cerrado por la administración de alcalde Juan Rodolfo Sánchez Gómez.
Era septiembre y 22 mil comerciantes provenientes de distintos estados, entre ellos Guerrero, Morelos o la Ciudad de México, llegaron como cada semana a instalarse para vender sus productos, pero se encontraron con que el concreto de la explanada había sido levantado por trascabos y la policía acordonaba el lugar. Las organizaciones controlaban, como lo hacen hoy, los espacios de venta y la violencia crecía por el control de ése y otros espacios. La reubicación tuvo costos de todo tipo, como lo admitió desde un principio el ayuntamiento, y uno de ellos fue la reubicación de la enorme plaza.
La aparición de más líderes y la creciente violencia que incluía extorsiones, pagos por derecho de piso, protección a carteristas, narcomenudeo, trifulcas, muertos y heridos, se fue extendiendo con los años desde entonces y todas las administraciones municipales se han visto involucradas en actos de corrupción. El ambulantaje en las ciudades no es sólo la apropiación de la calle. Está relacionado de manera directa con el desempleo, la pobreza, la explotación, la impunidad, la corrupción, el abuso. El comercio informal es una opción centenaria para quienes fuentes formales de empleo les cierran las puertas. La zona de la terminal es ocupada por varias organizaciones, entre ellas la Confederación Nacional de Asociaciones de Comerciantes (Consacoc), Antorcha Campesina, el Movimiento Popular Ernesto Ché Guevara y la Jorge Jiménez Cantú que hasta hace dos meses mantenían una engañosa tregua sobre las calles y los espacios.
Ahora, la zona diamante, ese triángulo callejero que tiene su vértice en el estacionamiento triangular de una sucursal de Farmacias del Ahorro es el centro de una disputa que pretende despojar a los comerciantes que se ponen en ese lugar. Este último mes, los enfrentamientos y las fricciones que generan los acosadores han ido creciendo y por fin ayer el 4 de agosto estallaron. Sin embargo, la violencia de ese día es apenas el principio de algo que terminará en un baño de sangre, el cual ya arroja sus primeras salpicaduras.
Nadie quiere hablar sobre cuál es la importancia de la zona diamante ni de por qué es asediada con tanto encono porque aquí, desde los golpes y las amenazas han logrado instalar el miedo, que funciona como una primera piel, como los ojos y el razonamiento.
Comerciantes de zonas aledañas, sin embargo, revelan que las últimas semanas se han presentado en las calles cercanas a la Terminal emisarios que dicen ir a nombre del ayuntamiento de Toluca. Les han mostrado documentos en los que se les exige el pago de 20 mil pesos a cambio de no quitarles el metro cuadrado que ocupan y de dejarlos trabajar por lo que resta de la actual administración. Si no pagan, la advertencia es que se les quitará a la fuerza porque una alianza entre agrupaciones ocupará esos lugares. Los papeles, dicen los ambulantes, no tienen carácter oficial y su legalidad es cuestionable desde que se parte de una amenaza para intentar una negociación.
El director general de Gobierno, Mario Montiel Castañeda, no ha respondido a quienes le cuestionan sobre el tema y evade dar un posicionamiento claro, de acuerdo a quienes le exigen respuestas. Lo mismo pasa con otros funcionarios encargados del tema del ambulantaje.
Falsa o no, la amenaza de los 20 mil pesos es una losa que, de aplicarse, no podrán esquivar de ninguna forma. La opción que seles da es unirse al triunvirato de líderes.
Ayer por la mañana, en la calle de Iztaccíhuatl algunos comerciantes de la organización Ché Guevara no pudieron instalarse. En sus espacios estaban otras personas que simplemente bloqueaban los lugares. No se pueden instalar, no se pueden instalar, no se pueden instalar, tú sí, tú no, fueron las frases que como mantras recorrían la pequeña calle y este reportero escuchó mientras pasaba. Hasta las 9:30 de esa mañana no había policías en la zona pero tampoco los comerciantes habituales. “No hay nada”, decían los reporteros que más o menos monitoreaban la zona. A esa hora, la sede emblemática del diamante de la terminal no estaba asediado, pero era vigilado por halcones que se paraban en la esquina haciendo grupos.
Cerca del mediodía un grupo de unos 30 policías rodeaba el triángulo de la zona diamante, en la esquina de Tollocan, Cinco de Mayo e Isidro Fabela. A quince metros de ahí, debajo de los puentes de la avenida Tollocan, tres personas pasaban por ahí. Entonces, detrás de la valla de policías, que formaba una media luna de escudos de acrílico, y también desde la calle de Cinco de Mayo, comenzó a moverse rápidamente otro grupo. Eran civiles, unos 15, que cruzaron sin detenerse los 15 metros que los separaban de los tres que estaban debajo de los puentes.
¿Y esos quiénes son? – preguntó este reportero desde que los vio salir.
Vienen hacia acá- dijeron Milena y Jocabeth del Valle, y quince segundos después aquel grupo de hombres y mujeres, vestidos con sudadera blanca y pantalones negros casi todos, con cubrebocas que sirven en cualquier situación como una máscara, estaba sobre ellos, que comenzaron a gritarles a las hermanas, que pertenecen a la organización Ernesto Ché Guevara, que se asienta cotidianamente en la zona diamante.
II
Todo duró muy poco, cuando mucho cuatro minutos, pero eso fue suficiente para que a las hermanas les causaran lesiones graves. Las arrinconaron contra una jardinera, debajo de aquel puente, y entonces se les fueran encima. Se trataba del grupo de choque que cotidianamente amedrenta a los comerciantes con cobros de cuotas y violencia. Pero esta vez la golpiza contra las hermanas fue brutal. Milena se protegía como podía, pero Jocabeth no lo consiguió. A ella un golpe salvaje le arrancó un diente y lesionó parte de su boca. En el suelo, un hombre machacó contra su cara, ya en suelo, la bota que calzaba, lo cual le abrió heridas graves en el rostro. Uno de sus ojos tiene ahora un derrame que pone en riesgo su visión. Mientras, a este reportero lo tomaron entre cinco, dos por detrás, sujetándole los brazos, para que tres lo patearan en las piernas hasta tirarlo. En el piso, lo siguieron pateando mientras alguien extraía de su chamarra el celular con el que había grabado el inicio de las agresiones.
¡No te metas! ¡No te metas! ¡Tú no te metas!- le gritaban mientras tanto.
A quince metros, los policías recargados en sus escudos observaron todo, sin mover un dedo. Para entonces Jocabeth del Valle estaba seriamente herida y su rostro era una masa sanguinolenta cubierta de sangre.
Por fin, la policía reaccionó y el contingente corrió hacia donde los golpeadores golpeaban y los golpeados yacían en el piso.
III
Desde el suelo de Tollocan apenas pude ver cómo las golpeaban, pero sí pude contarlos. Ocho, nueve. No, diez contra ellas a quienes arrastraron a lo largo de esa jardinera, indefensas porque mientras unos las sujetaban otros les pegaban. Con ellas las mujeres las más salvajes, excepto por quien machacó sus botas contra el rostro de Jocabeth.
Al llegar la policía, los golpeadores corrieron, pero corrieron entre el grupo de uniformados que no pudo detener a nadie y si lo hizo fue después. Ahí pudo haber detenido a todos pero no quiso, no porque no pudiera. Abracé a Jocabeth, bañada en sangre y así la conduje algunos metros sobre la calle, hacia donde nos decía la oficial que nos dirigiéramos. Todavía Jocabeth se detuvo gritarle a alguien, a decirle desde la sangre que le inundaba el rostro, algo que yo no entendí pero que tenía que ver con lo cobarde que resulta no defenderse.
En tanto, comerciantes de otra zona se acercaban vociferando y ahora sí la policía hacía cercos para proteger a las hermanas. Algunas mujeres policías les gritaban que levantaran una denuncia. Y cuando dijimos que sí, cuando las hermanas dijeron que sí, fueron llevadas por la calle de Isidro Fabela rumbo a una patrulla pick up que se encontraba estacionada en la zona de las organizaciones rivales, a unos 500 metros de distancia. Pero antes de llegar, los comerciantes ambulantes, azuzados por los golpeadores, volvieron a agredir a las hermanas, aunque esta vez la policía las encapsuló.
Al grito de “¡enciérrenlas, nos golpearon, nos extorsionaron!” y con los celulares grabando, los comerciantes azuzados y los policías, que para entonces ya eran una media centena, llevaron a las hermanas Del Valle a la patrulla y las treparon. A mí me hicieron a un lado y me cerraron el paso, y lo único que alcancé a ver fue el rostro de Milena, mientras algo decía a lo lejos. La patrulla no avanzó rápidamente y los comerciantes y golpeadores la rodearon peligrosamente, porque pretendían bajarlas. Al fin, avanzó hacia la Fiscalía.
Abajo, ya anónimo de nuevo, como siempre que acudo a cosas así, vi la furia risueña de aquellos comerciantes y de sus grupos de choque. Mientras atravesaba el montón de gente, vi a otros levantando sus puestos o diciendo que habían golpeado a unos que estaban en el puente.
Sí, les rajaron la madre- decían entre asustados y aliviados porque no habían sido ellos.
Las hermanas están graves y sus heridas son de consideración. Sangrados internos y lesiones en cara, boca y ojos las mantienen por ahora postradas. Esta golpiza y la omisión policiaca, que no se movió a tiempo estando a 15 metros, que no detuvo al grupo de agresores pudiendo hacerlo, es la prueba de que la disputa por la zona diamante de la terminal tiene un trasfondo que rebasa las diferencias entre los líderes. ¿Qué hay ahí, además de los espacios y lo inherente al ambulantaje?
Este caso ha atraído la atención del gobierno federal y de las organizaciones derechos humanos, que deben acercarse a ellas para que obtengan protección y se conozcan las razones de la violencia en esa zona. Los ojos de las autoridades federales están sobre ellas y lo que pueda sucederles.
Esta vez la golpiza contra ellas fue presenciada por mí, mientras también me pegaban. No habrá derechos de réplica para otras organizaciones, no habrá reproducción de videos, no habrá nada porque lo que les hicieron a las hermanas fue realizado con premeditación, con alevosía, con ventaja, con saña, con ganas de lastimarlas para siempre.



