13 diciembre, 2025

«Me quieren dar un ataúd sellado»

Miguel Alvarado: texto. Ramsés Mercado: información e imagen: Brenda Cano: diseño.

Toluca, México; 6 de abril de 2022.

De esta historia, dice la madre que le quieren entregar otro cuerpo.

Así comienza el relato que se desgrana como una fuerza que no puede definirse. “Dice la madre que le quieren entregar otro cuerpo” y lo dice porque es así, porque en la Fiscalía hay los suficientes antecedentes al respecto que no puede dudarse.

Ella se llama Félix Sánchez y su hijo es Julio César González Sánchez, cuya foto aparece en una de las fichas de la Alerta Odisea para desaparecidos y que su madre ha mandado imprimir en una lona que a ella le cubre todo el cuerpo. Julio César tenía 21 años cuando lo buscaban y había desaparecido del pueblo de San Juan de las Huertas, en Zinacantepec, un municipio en el que el último año han muerto ejecutados y han desaparecidos como no se había visto antes. Julio César desapareció el 6 de septiembre de 2021 y en la imagen que envuelve a su madre sale con una barba de candado, vestido con una camiseta blanca y la mirada que no puede definirse porque podría ser una mirada de cualquier cosa.

La madre ha ido por enésima vez a la Fiscalía, una de las instancias oficiales más corruptas del Estado de México y en la que hoy el nuevo fiscal, José Luis Cervantes, practica una limpia que más parece caza de brujas, pero que ha puesto de cabeza a 60 agentes, bajo sospecha fundada.

Y ahí, en la explanada de la Fiscalía, mientras el viento le vuela la lona y su propio pelo, Félix Sánchez, con la voz embroncada de coraje, dice que su hijo cumple hoy siete meses de desaparecido y dice que la Fiscalía perdió imágenes de cámaras muy importantes.

– A mi hijo pudieron haberlo encontrado desde septiembre, pero los investigadores no hicieron los trámites a tiempo para que les dieran las imágenes del C5”, dice ella.

Y luego dice que la Fiscalía quiere darle el cuerpo de una persona que no es su hijo porque las pruebas de ADN salieron positivas. Pero el ministerio público de Tenango dice lo contrario, que es apersona no es su hijo porque ellos tienen la carpeta relacionada con ese caso.

Y como alguien que lo repite todos los días, la madre repite que el joven fue visto por última vez en la calle de Porfirio Díaz de San Juan de las Huertas.

– A 400 metros de mi casa- dice la mujer, porque se hace imposible que alguien desaparezca así, a pesar de las 100 mil personas a quienes en los últimos tres años les ha pasado lo mismo que a Julio César- y probablemente se los llevaron, porque junto con él había otra persona. Y desde entonces no he sabido nada de mi hijo.

Y ella, para encontrarlo, ha dicho que su hijo era adicto al cristal, es decir, metanfetamina o éxtasis. Y es entonces que se le quiebra la voz, pero no olvida que las autoridades deben dar respuestas en lugar de presionar a la familia como lo hacen.

-Porque desde la semana pasada la Fiscalía me presiona para que acepte el cuerpo que me entrega, y está aferrada para que yo diga que sí es. Encima personal de Investigación de la misma Fiscalía me exige que les mande el acta de defunción. ¿Cómo les voy a mandar un acta si no he recogido un cuerpo?- dice Alejandra, que se aferra más a la foto de su hijo.

-¿Usted tiene los detalles de la identidad del cuerpo que le obligan a reconocer?

-El lunes pasado, hace ocho días, me citaron en la Plataforma de Cuerpos no Identificados. Ahí me dijeron que habían encontrado a mi hijo en una barranca, que habían realizado las pruebas de ADN. En Tenango me dijeron después que ese cuerpo era el de un colgado. Según la Fiscalía, las pruebas de ADN arrojaron compatibilidad de 50 por ciento conmigo y de 39 por ciento con mi esposo.

Esas barrancas estaban en Calimaya, y el joven que encontraron se había ahorcado con un cinturón, en un árbol. Así que lo enviaron a Tenango para que el ministerio público de allá le liberara el cuerpo.

Pero en Tenango le mostraron una carpeta de fotografías, que ella vio atentamente.

Y les dijo muy clara, muy tajante, que ese cuerpo no correspondía al de su hijo.

-Acuérdese de que se encuentra en estado de descomposición- le dijeron.

-Estará en ese estado, pero no da las características. No es la cara de mi hijo- les respondió.

Y dice: el cuerpo del joven que le mostraron tiene un corte de pelo que se llama “volcano”, tiene la frente más ancha y la barbilla más prominente. Pero lo más importantes que Julio César, su hijo, tiene una cicatriz en el abdomen, del lado derecho. El ahorcado, en cambio, tiene una cicatriz causada por la borradura de un tatuaje en el brazo izquierdo. Por eso no coincide nada.

Sin embargo, la encargada de la Plataforma de Cuerpos no Identificados le dice que ellos no pueden equivocarse.

Pero sí pueden. Tanto, que ya se han equivocado decenas de veces. Los casos de Bianca Edith Barrón Cedillo; del 11 de mayo de 2012 en Tecámac; del de Abril Selena, del 9 de mayo de 2013, también en Tecámac y del de Cristian Trinidad, en Toluca, el 17 de julio de 2020 son tres casos documentados de pifias de la Fiscalía.

A ellos les entregaron un ataúd sellado, que no pudieron abrir en un primer momento.

Que no puede haber error en el cuerpo del ADN de su hijo, dice la Plataforma de Cuerpos no Identificados.

– ¿Y cómo es que en Tenango están tan seguros de que no son si no han venido ni a recoger la confronta?- le dicen en la Fiscalía.

Una licenciada de nombre Silvia Torres, que trabaja en la Fiscalía de la Mujer, le dice exactamente lo mismo, y que no puede hacer nada. Le dicen que probablemente se revolvieron expedientes y fotos y preparan ya otro análisis.

– ¿Pero a usted no le han colocado delante del cuerpo?- se le pregunta a la madre.

-No, que porque ya se encuentra en avanzado estado de descomposición y que ya no es posible identificarlo así- dice ella.

– ¿A usted quieren entregarle un ataúd sellado?- se le pregunta.

– Sí, así, quieren que lo reciba y que lo entierre ya- responde ella, y entonces reclama a la Fiscalía por no hacer bien su trabajo.

El dato duro que implica a la entidad es este: el Estado de México registra 5 mil 738 cuerpos que permanecen en los distintos servicios forenses sin identificación, de acuerdo a datos del Movimiento Nacional por Nuestros Desaparecidos, que dio a conocer a mediados de marzo. Que tantos cuerpos permanezcan ahí, en un país que reclama hasta 100 mil desaparecidos en los últimos tres años, puede parecer afortunado, porque las familias de las víctimas pudieran identificarlos tarde o temprano. Pero no funciona así. Estos cuerpos, que se conservan en los centros periciales, en enormes refrigeradores, arrastran consigo historias de violencia, narcotráfico, impunidad, tortura y una ineficiencia brutal de las autoridades encargadas de su recolección, identificación y entrega.

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