17 abril, 2026

Identifican a un tercer estudiante de Ayotzi

Identifican a un tercer estudiante de Ayotzi

Miguel Alvarado. Texto

Karen Colín. Diseño.

Toluca, México; 14 de junio de 2021.

A Jhosivany Guerrero de la Cruz lo mataron tres veces. La primera vez, cuando desapareció, junto con sus 43 compañeros de Ayotzinapa, la noche del 26 de septiembre de 2014. La segunda, cuando las autoridades equivocaron su identidad y dijeron que los restos que habían encontrado en el río San Juan de Cocula eran de él y no de Alexander Mora Venancio. Por un rato, el muerto fue Jhosivani hasta que pudo confirmarse la verdadera identidad. Entonces, el paradero de este último se integró de manera definitiva al misterio de la ubicación final de los 43 normalistas.

Hoy, en una conferencia improvisada, el abogado Vidulfo Rosales informó, afuera del Palacio Nacional en la Ciudad de México, que los restos de un tercer estudiante habían sido identificados. Se trataba de una vértebra la que había coincidido en los exámenes de ADN y por eso ya se da por buena la identidad de Guerrero de la Cruz, quien hoy fue identificado por tercera vez, aunque esta parece ser la definitiva.


Investigadores del gobierno federal aseguran que restos humanos, sobre todo huesos, habían sido hallados en una barranca a la que se le conoce como la de La Carnicería, a unos 800 metros del basurero de Cocula, sitio en el que se construyó la llamada “verdad histórica”, del gobierno de Enrique Peña y que centró las investigaciones de aquellos años en una pira gigantesca en donde se habrían consumido los 43 cuerpos de los normalistas.

Esos huesos fueron recogidos y apenas examinados porque presentaban un alto grado de pérdida de material. Se trataba de fragmentos que apenas darían para un estudio de ADN. Esos restos, sin embargo, no fueron estudiados por la PGR sino que permanecieron guardados en una caja, a la espera de mejores tiempos. Hoy, de acuerdo al abogado del centro Tlachinollan de Derechos Humanos, se ha logrado esa tercera identificación.

II

Buscar a Jhosivani y a sus compañeros de Ayotzinapa obliga a quien lo intenta a alejarse de la normal. No tanto, quizá una hora o un poco más. Esa ruta obliga a voltear a ver las minas de la Media Luna y Los Filos, de dueños canadienses, y que perforan día y noche la tierra para triturarla y llevarse el oro o el uranio que puede haber ahí. Si es uranio, entonces la extracción será ilegal, pero aunque no lo sea, la extracción de oro ha devastado a los pueblos cercanos. Real de Limón y La Fundición, cercanos a la Media Luna, ya no existen. Fueron trasplantados, como si una pala gigante se los hubiera llevada, en una operación que costó 42 millones de dólares y que convirtió al pueblo original en un agujero de mil 600 metros de profundidad, que además ha devastado la región, que no volverá a recuperarse. Los nuevos pueblos, los que la Media Luna les regaló a quienes accedieron a moverse, son casas al estilo de los conjuntos de Infonavit que han cambiado para siempre el tejido social de aquellas comunidades porque les arrebataron la tierra, sus usos y sus costumbres, así como el ecosistema que les daba sustento.

De paso, también hubo cuatro asesinatos de líderes obreros que reclamaban a la mina. Antes, los Guerreros Unidos ganaron fama y poder porque trabajaron como grupo paramilitar para ella. Por ella fue que pudieron devastar impunemente y trabajar hasta de la mano de loas fuerzas de seguridad pública, de las fuerzas armadas. Hoy, los tlacos han ocupado su lugar, y dirigidos por Onésimo Marquina, El Necho, se encarga de limpiar territorios para la expansión de la mina, la cual ejecuta desde 2018 sin que nadie la detenga o le diga nada.

3

La otra mina, la de Los Filos, es más siniestra, a su modo.

Ahí, en las orillas de lo que queda del pueblo de Carrizalillo, la Comisión para la Verdad de Ayotzinapa busca afanosa indicios de los alumnos desaparecidos de la normal de Ayotzinapa.


Lo hace desde hace un año o más y nadie sabe lo que ha encontrado, pero que insista tanto en ese pueblo de menos de 2 mil habitantes quiere decir que algo habrá.

Carrizalillo, además de las 60 millones de toneladas de oro que se encarga de llevarse íntegras la minera canadiense Equinox, esconde otro tesoro que quizá no pueda ser arrancado de sus entrañas. Pero mientras se sabe si ese tesoro se encuentra allí, la minera ha devastado al pueblo y a la región desde su silencio ominoso y que abraza a soldados, buscadores, alumnos, profesores, paramilitares, marinos, pobladores y mineros por igual, que saben que Carrizalillo y su mina gigantesca no es lo que parecen, sino algo peor, mucho peor. Ya, desde hace mucho, al narco que opera en México debe dejar nombrarse como cártel porque se trata de paramilitares. Paramilitares al servicio incluso de los gobiernos que los necesiten.

4

Los restos de Jhosivany quizá sean los últimos que puedan ser identificados. Eso estaba presupuestado desde que iniciaron las investigaciones de la Fiscalía para el caso de Ayotzinapa y desde que la Comisión para la verdad comenzó a operar. Entonces, ¿dónde están los restos de los demás? ¿Los hicieron polvo, como dicen las versiones delo testigo protegido Juan, y que no es otro que el narcotraficante de los Guerreros Unidos, Gildardo López Astudillo, liberado a principios de septiembre de 2019?

Mientras, mientras los testigos protegidos de la Fiscalía y de la Comisión para la verdad esperan a que algo pase, cobijados como sea por los convenios pactados con las autoridades, en la Media Luna y en Los Filos se trabaja día y noche los tres turnos que nunca se detuvieron, ni siquiera la noche del 26 de septiembre de 2014.

Tags

Cuéntaselo a todos

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestro boletín de noticias