19 abril, 2026

Una banda toluqueña que sí hace música

Una banda toluqueña que sí hace música

Miguel Alvarado

Toluca, México; 30 de abril de 2021.

¿Qué había en el verano de 1998? Apenas Toluca se abría a la llegada de cosas que no necesitaba como los supercentros comerciales o los multicinemas de diseño único, que terminaron por moldear incluso el gusto por los alimentos. Lo único bueno de esos escaparates interminables era que todo el día pasaban el futbol, la Copa del Mundo de la Francia de Zinedine Zidane y del Brasil de Juninho Pernambucano, del joven que era entonces Ronaldo. En otras cosas, en 1998 llegaban las mineras a México y comenzaban a llevarse el oro, el agua y el uranio en las narices de todos y Ayotzinapa era la escuela rebelde que no conocía el horror o apenas lo vislumbraba.

Aquí en la ciudad, que parecía tener medio millón de habitantes, estaba bien caminar porque todos los caminos llegaban al centro. La periferia podía verse hacia Zinacantepec, hasta la laguna de Ojuelos, de la que siempre manaba agua. Y para el otro lado, para donde ahora Metepec se ha comido a la propia ciudad, los campos ya habían sido tragados por las casas que ya formaban las colonias populares.

Pero eso apenas era lo que podía verse en 1998, con el zapatismo prendido a la suela de muchos de nosotros, que quién sabe cómo podíamos convivir con eso y con Kurt Cobain, que había muerto cuatro años antes víctima de algo que quizá ni él mismo supo lo que era o quería decir.

Y en Toluca la música sonaba a todo lo que podía dar gracias a muy pocos que luego fueron haciéndose menos: ya no los recuerdo: los Gatos de Azotea: los trovadores: los que hacían los covers de los Beatles y tocaban en los bares para rucos como el Jurasicc. Y claro que debió haber docenas más que recorrían la ciudad.


Después, hace once años, otras bandas muy jóvenes y muy potentes salieron a las calles de la ciudad: el death metal de De Sangre era uno de los sonidos destacados en algo que se movía a veces debajo del suelo pero también sobre él.

Nunca seremos capaces de ser justos con la música de la ciudad, con la Toluca rockera, con los virtuosos que han decidido estudiar formalmente o con quienes se han preparado tocando en bailes, en las mismas calles. Siempre nuestros recuerdos favorecerán algo que después de años perderá la forma, se quedará sin sonido.

Pero entonces, ¿qué pasaba en el verano de 1998? Realmente no lo sabemos pero también, realmente, no importa. Pero para los hermanos Rolando y Pablo Guadarrama el verano de 1998 significa la canción de apertura de su álbum debut, un trabajo que armaron ellos solos y que por fin ha visto la luz este día.  Esa canción pertenece al álbum DEYLS, y que también es el nombre de este trío, que formalmente tiene un año de formada pero que sus integrantes han estado en la música desde los 8 y 13 años. Pero el verano del 98, la canción con la que abren su álbum, es para ellos algo más que eso. Se trata, dicen, del arrullo que su madre les cantaba cuando ellos eran niños durante unas vacaciones que tomaron con su familia precisamente ese año.

La verdad es que es la mejor canción del disco, un disco todavía juvenil pero con la fuerza que dan la técnica y la buena composición. Que la canción Verano del 98 comience en inglés sorprende y agrada cuando se va deslizando en eso que justamente parece un arrullo repleto de ritmos que se mezclan entre la suavidad de un pop bien armado y algunos pasajes que recuerdan a un rock suave, sin demonios visibles todavía.

Los hermanos dicen de sí mismos que “la esencia de la banda se compone de una mezcla de emociones, experiencias y melodías que (nos) han acompañado a lo largo de toda una vida”.

Rol toca la guitarra y Pablo es la batería. Ambos cantan y su tercer elemento es Rafael Torres, encargado del bajo, pero el disco está lleno de colaboraciones que logran acoplar los paisajes que de pronto se ven desde esta ventana: las montañas calladas del norte de la ciudad, el brillo de las luces bajo el volcán y las lagunas que intentan sobrevivir a pesar de la sequía. Hay que decir que un álbum no es nada si no consigue tocarnos algo en el cuerpo o algo de lo que uno carga adentro, incluso sin saberlo y por lo menos el Verano del 98 lo consigue, y lo consigue bien. Otras siete canciones dan forma al disco, que estará disponible desde el 30 de abril en plataformas como Soundcloud o Spotify y las redes sociales infaltables. El disco fue grabado en Lucerna Récords, en la Ciudad de México, mezcaldo y masterizado por Diego Aguirre, Andrés Arzate y Pablo García.

“Vamos, hay que cerrar los ojos, siempre estemos juntos”.

Si es en el verano del 98, estamos de acuerdo. Hay que cerrar los ojos. Hay que estar juntos.

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