Diseño: Brenda Cano. Rocío B. Ortiz: texto.
Ciudad de México; 19 de marzo de 2022.
Desde el título, esta novela de Daniel Zetina es un trazo entre lo cotidiano y lo inusual, un poco por el sustantivo común que otorga la palabra “óleo” y otro tanto por la extrañeza de la ketamina, como continentes de una historia.
Aunque de lectura ligera, su composición es compleja y desde el principio revela el conflicto: el suicidio de la joven Daheli en una penitenciaría de Cuernavaca y la decidión de su hermano mayor Ramiro, quien está dispuesto a resolver el caso.
Sin embargo, la trama se vuelve sinuosa por las texturas diversas de algunos capítulos que ofrecen definiciones estructuradas formalmente, como en un diccionario, sobre palabras, figuras conocidas e incluso personajes célebres que el autor trastoca con una interpretación casi poética, bella, cruda y hasta satírica, que a su vez son piezas clave para resolver el caso.
Ketamina, por ejemplo, se revela en el capítulo 30 y hasta entonces sabemos que es una droga de origen anestésico, aunque en la historia está presente desde el principio bajo una pátina untuosa. Memoria, clica, óleo, hogar, son otras definiciones.
Durante las investigaciones de Ramiro los espacios marginales cobran la certeza de lo vivido debido a la claridad con la que cada personaje traza con la jerga de sus palabras su propio entorno, desde el lenguaje referente a los ámbitos jurídicos hasta los términos usados a ras de calle, y que entre pandillas dan un relieve de realidad inquietante.
Visto en perspectiva, “Óleo sobre ketamina” es un cuadro ocre, abstracto, palpitante y vigente entre muchas estampas posibles en su plena cotidianidad de las clases medias bajas de nuestro país.
El toque último y contundente del autor lo da un breve trazo en aerosol en el último capítulo que define el porvenir: “en toda ciudad tercermundista hay una colonia llamada “El Porvenir […] es decir, aquello que vendrá algún día, pero que no se sabe cuándo, cómo ni a quien beneficiará”.
Sí. Como para dar esperanza, para perderla o para reír de miseria y de realidad.
Rocío B. Ortiz. Hidalgo, 1984. Su formación comienza en 2010 en los talleres del poeta Arturo Santana. Lic. en Estudios Literarios por la Universidad Autónoma de Querétaro, ofrece talleres de creación literaria. Conduce el programa El Desvelo, homónimo de su librería dedicada a la venta y promoción de autores locales en Querétaro.



