Daniela Albarrán
Toluca, México; 7 de junio de 2020. Eso pensaba Roberto Bolaño, y yo también lo pienso. Paz es el enemigo, y aún así reconocía (y yo también) que era un gran poeta y uno de los ensayistas más lúcidos que han nacido en México. Incluso, en los Detectives Salvajes se relata el hipotético secuestro de Paz. Pero, ¿por qué Bolaño y los infrarrealistas y los real visceralistas odiaban a Octavio Paz? Muy sencillo: él representa la figura de la literatura oficialista, el canon, es decir, el sistema.
Aquí no pondré a debate la (in)discutible calidad literaria de Paz, lo que quiero poner sobre la mesa es algo que he pensado durante mucho tiempo sobre el ganador del Premio Nobel y sobre otros escritores que representan el canon, al menos aquí en Latinoamérica; me refiero a Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, García Márquez, Neruda, Benedetti, Villoro e incluso Bolaño, por mencionar algunos.
Todos ellos se estudian en la licenciatura de Letras, entre muchos otros escritores, pero principalmente ellos, y no solo se estudian, sino que se reverencian como si fueran los mismísimos dioses, como si sus obras fueran las más importantes, y no lo son, aunque sí son las más famosas.
Es por ello que se hacen tesis de ellos, se leen, se idolatran sin miramientos y sin sentido de crítica, porque su nombre, per se, significa “calidad”, o mejor dicho, literariedad; estudiarlos, escribir de ellos significa renunciar a otras literaturas, a quedarse con lo que nos han dado en la escuela, a no leer por uno mismo.
Suena super sesgado, pero es la verdad. He conocido a mucha gente en el medio literario que adora a estos escritores, sus razones tendrán, pero por lo general los adoran porque han leído poco, porque no han leído más allá de lo que se les da en la escuela, solo leen el canon, el renombre de lo que ellos significan y los califican como sus escritores “favoritos”, pero los califican así porque no conocen más literatura.
Leer el canon literario es importante porque es una guía para leer lo que se debe cuestionar, o sea, conocerlos es imprescindible para tener un marco referencial, compararlos, ponerlos al quite con otros escritores y no leer con los ojos cerrados lo que otros nos dan a leer porque su nombre es “el renombre”.
Los real visceralistas odiaban a Paz y por el contrario, ensalzaban la poesía y la literatura escrita desde la miseria, desde la periferia, pues para escribir no es necesario ganarse una beca ni ser famoso ni publicar en las mejores editoriales y yo como lectora apuesto a lo mismo: leer a los que nadie lee, leer a los oprimidos, a los que nadie conoce, a los que no se van a hacer ricos escribiendo porque la buena literatura se encuentra en todo el mundo, no en un puñado de viejoslesbianos que monopolizan la literatura.
Así que sí. Octavio Paz y sus achichincles son los enemigos de la literatura.



