14 febrero, 2026

Benji de Wolf, el fabuloso mago de la calle

Benji de Wolf, el fabuloso mago de la calle

Redacción VcV

Toluca, México; 7 de noviembre de 2021.

El Joker y su banda han entrado a una fiesta que Bruce Wayne ofrece a los ricos de la ciudad. Lo han hecho quién sabe cómo, y años después ese tipo de detalles ya no son importantes. Lo que importa, creo, es la sombra que una figura como ésta ha ido dejando en la vida de sus lectores o de quienes han visto alguna película en la que salga.

El Joker, a quien en México se le conoció como Guasón gracias a las traducciones que la editorial Novaro hizo de los nombres de los personajes que dibujantes y guionistas inventaron para DC Cómics a lo largo de los años, buscaba en esa fiesta a Bruce Wayne, que en los cuentitos o cómics en México se le llamó Bruno Díaz, y que no es otro que el oscuro y a veces retorcido Batman.

– ¡Tú me recuerdas a mi padre!- le dice el irascible Joker, interpretado por el genial Heath Ledger, al anciano pero fiel mayordomo Alfred, presente en la reunión porque se encarga de llenar las copas de los supermillonarios. “Me recuerdas a mi padre”, dice el Joker, que completaría la frase con ese sádico acento que el actor logró imprimirle a la caracterización: “¡y yo odiaba a mi padre!”. A punto de matarlo, entonces aparece Batman.

Esta fantasmagoría es parte de la película The Dark Night, dirigida por Christopher Nolan en 2008, la misma en la que la interpretación de Ledger fue tan buena que sin él lo demás apenas pasaría como un olvidable drama de superhéroes. Pero Joker, incluso sin el impulso del cine, ya era un personaje. Que en 2019 por fin lo utilizaran como personaje central de su propia película le dio al villano disfrazado de payaso un estatus de superestrella pese a que el actor Joaquin Phoenix desempeñó un papel previsible y acartonado, con todo, ganador de un premio Oscar.

Pero no estamos aquí para hablar de esos guasones, sino, más bien, de un Joker de carne y hueso que no ha perdido el juicio, ni roba ni mata, ni tampoco centra en Batman las obsesiones que lo marcan. Se trata de un Joker que recorre las calles de Toluca para ganarse la vida, que es muy joven y que además tiene un canal en la red social de YouTube en el que habla de conspiraciones y política, y que ha llamado La Dimensión del Misterio.

Tiene seis años viviendo en la capital del Edoméx, aunque es originario de Coacalco, y se dedica, desde muy niño, a la magia. Los juegos que de niño le regalaba su papa le gustaron tanto que decidió usarlos para vivir.

– Es bien difícil ser artista en la calle, porque hay de todo. Hay banda que le gusta el cotorreo, pero no el cotorreo sano, y por eso la gente dice que uno es drogadicto- dice Benji de Wolf, quien llegó a Toluca contratado para hacer algunos shows. Dice que le gustó mucho la ciudad y su gente. A diferencia de una gran mayoría, que no se adaptan al frío ni al carácter hosco de los toluqueños, a De Wolf la ciudad lo recibió bien.


A un artista urbano, que trabaja en la calle, dice, le es difícil conseguir foros como los que hay en la televisión, y con eso quiere decir que los productores de los programas los menosprecian. Como dice él, menosprecian a los artistas urbanos.

-Y eso es en general, porque en Toluca todavía la gente sabe valorar más nuestro trabajo que en la Ciudad de México. La indiferencia hasta va de la mano con la tecnología, porque ya muchos están tan metidos en los celulares que para el artista es más difícil que te vean. Y luego está el tema de la inseguridad, yo sé de payasos que se suben a los camiones y luego asaltan a los pasajeros.

Su rostro pintado de blanco muestra casi siempre una sonrisa. Es joven y eso ayuda mucho cuando la calle se transforma en el teatro de los sueños, en el guiñol bizarro que sin embargo proporciona alimento y a veces dinero que sobra. Su rostro blanco es alargado y hace buen juego con el pelo, que le llega hasta los hombros. Está parado en una esquina del centro de Toluca, y ahí aprovecha el tiempo que dura el rojo de los semáforos para mostrar sus trucos a los automovilistas. También ha reflexionado acerca de cómo sus espectadores lo observan, incluso lo miden y lo cosifican finalmente como una persona desocupada que debería ponerse a trabajar.

– Pero yo les digo que este es mi trabajo. La verdad es que si no tienes un primo o una palanca trabajando en un centro cultural, es casi imposible que puedas entrar ahí. Y si entras, no te van a pagar, porque el gobierno no sé qué hace con el dinero que es para cultura, esos sí son magos y lo desaparecen. Yo por eso prefiero la calle, porque si te pones a trabajar gratis, entonces tu labor no se valora.

Luego dice que la reactivación de las actividades tras el azote que significó la pandemia de coronavirus para Toluca, no le ha beneficiado. Pero la realidad es que le gusta la calle, porque él mismo así lo proyecta y lo dice. En la pandemia la gente lo apoyó mucho con comida y dinero y eso es algo que agradece a la ciudad porque le ha permitido seguir. Desmiente, sin embargo, a aquellos que creen que trabajar en la calle proporciona mucho dinero, o mucho en el sentido de lo que significa la realidad de las esquinas y los semáforos.

– No, no es cierto. Es muy variable y depende de las temporadas, pero yo voy por 300 pesos al día, normalmente, pero a eso descuéntale que tienes que pagar la comida y tu pasaje, ya libres te quedan unos 150 pesos diarios. O sea, sí está bien, ganas lo mismo que en una empresa. Depende del lugar en donde estés. Si, por ejemplo, en el centro de Metepec las autoridades te ven haciendo magia en un semáforo, mandan al policía para que te corra, y si no entiendes te encierran 24 horas.

Los polis son buenas gentes, ellos sólo reciben órdenes, dice casi creyéndolo. El rojo es el color de su saco y de su pantalón. Lleva un chaleco amarillo y una camisa verde y su calzado es elemental. En cambio, quizá para compensar que sus tenis son los mismos que uno puede estar usando, sus bolsillos están repletos de trucos, de cigarrillos, de bolitas de metal y otros artilugios que saca de ninguna parte, muy tranquilamente.

– La gente de dinero que nos ve trabajando en lo que dicen que son sus calles, es envidiosa y son ellos quienes nos avientan a la policía. Nos ven mal. Yo por eso me visto bien, le invierto a mi ropaje.

El mago Benji se coloca en medio de la calle y saca dos pequeñas pelotas blancas, que sostiene entre sus dedos. Lleva también un cigarro, que pretende fumar. Ahora va vestido de Joker porque aprovecha la temporada de Halloween y mientras hace sus trucos su rostro se ilumina y no puede dejar de sonreír.

“No dejen que el sistema los mate, que les haga creer que sus sueños no pueden cumplirse”, dice Benji de Wolf antes de regresar a su propio teatro que es la calle que ha elegido.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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