16 abril, 2026

La rabia que nos consume

La rabia que nos consume

Fernanda García

Toluca, México; 26 de enero de 2022.

Estaba por quedarme dormida el domingo cuando en mis chats de periodistas comenzó a llegar la noticia. “¡Nos mataron a otra, nos mataron a Lulú!”. No podía creerlo, de nueva cuenta una periodista más asesinada. La rabia comenzó a despertar.

No es que haya desaparecido, el año pasado le tocó a mi queridísimo Enrique García, a él también lo asesinaron a balazos aquí en Metepec, su muerte nos dolió porque era un gran ser humano, como pocos o quizá ninguno.

Entonces la sentí, esa rabia que sale en forma de lágrima. Yo no conocía a Lourdes Maldonado, tampoco a Margarito Martínez Esquivel ni a Luis Gamboa, los tres asesinados en las últimas dos semanas. No los conocí en vida pero ahora sé mucho sobre ellos.

Y siguió esa rabia que se siente en el estómago, en las manos, en los pies… esa que te mueve. A nosotros, los colegas del Valle de Toluca, nos movió a manifestarnos.

Este martes, llegué a la cita puntual con el fotógrafo que más admiro y pensé: ¿y si un día es él? ¿Y si un día soy yo? Temí entonces.

Quería dedicar este espacio de mi Caleidoscopio a muchos temas locales pero no puedo. Me debo y le debo a todos mis colegas alzar la voz desde mis herramientas.

Quizá para usted el tema sea irrelevante, quizá le indigne pero no lo sienta cercano, no importa, debe saberlo.

Los periodistas, sin hacer distinción de nada, estamos en riesgo. Siempre lo hemos estado. Y duele.

Le voy a contar. Siempre soñé con dedicarme a esta profesión, me imaginaba entrevistando políticos y contando historias, viajando por todo el país para encontrar casos que merecieran eco. Una versión idílica de mi día a día.

Soñé con poder vivir de ello y para ello. Lo hago, pero se le sufre.

No solamente son los asesinatos, esos nos desgarran el alma porque la libertad de expresión debe ser garantizada y, sobre todo, el derecho a la verdad. La realidad es mucho más dolorosa.

Recordé entonces que no sólo nos asesinan, hay quienes también murieron en “cumplimiento de su deber” durante la pandemia. Para ellos no hubo protestas.

También existen lo que no tienen seguridad social, días de descanso ni salarios dignos, esas tres tragedias las puede padecer una sola persona dedicada a la información. A nadie le importa.

Por eso, fui con mi compañero de vida a la movilización. Levantamos el puño y gritamos “¡Justicia!”, no sólo para los muertos, sino para quienes intentan sobrevivir a la precariedad.

Lo más triste es que muchos compañeros no levantaron la voz ni el puño por temor a perder un convenio de publicidad, pues hay que comer y pagar cuentas. O se abstuvieron por miedo a perder el trabajo y el sustento. La autocensura ha sido una de las consecuencias más lastimeras.

Tras leer los posicionamientos -que no he de retomar en este espacio-, fuimos a la Ciudad de México a la protesta frente a la Secretaría de Gobernación.

Ahí sentí la rabia de nuevo. La zozobra. Los rostros de mis colegas estaban ahí, Javier, Miroslava, Lourdes, Margarito, Luis, Enrique, Nevith… tantos nombres, tanto dolor.

Le gritábamos a los de Tijuana y de Veracruz que no están solos, pero sabemos que sí lo estamos. El Estado no nos respalda, las empresas se lavan las manos, a los jefes les importan las primicias sin importar los riesgos. Estamos solos con nuestras grabadoras, nuestras cámaras y celulares, tratando de informar pese a los obstáculos, a la gente que no quiere que hagamos nuestro trabajo, y que, dicho sea de paso, olvidan que es un servicio social. Estamos solos.

La organización sin fines de lucro Reporteros sin Fronteras (RSF) ha informado que México sigue siendo uno de los países más mortíferos del mundo para los periodistas sin conflictos bélicos. De hecho, se han comparado cifras de periodistas asesinados en el país con las de países en plena guerra como Siria.

Por eso hoy levanto la voz desde mis letras, porque me siento con la obligación de ayudar a dignificar una de las profesiones más bonitas y de mayor vocación social que existen.

La información verificada es una necesidad, no un lujo.

Vienen más generaciones, no podemos decirles que “se van a morir de hambre” o que “los van a matar a balazos”. Simplemente ya no podemos permitirlo.

Y hay que recordarle siempre al gobierno, a los incómodos con la exposición de la verdad, a los empresarios, a la delincuencia: que no habrá #NiSilencioNiOlvido y que #NoSeMataLaVerdad matando periodistas.

Haremos ruido hasta que lo entiendan. O hasta que la rabia nos consuma.

#Justicia

Cuéntaselo a todos

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestro boletín de noticias