13 abril, 2026

Los acuerdos de Colón

Los acuerdos de Colón

Miguel Alvarado

Toluca, México; 23 de abril de 2021.

Se bajaron muy bravos de la camioneta azul que los llevaba. Iban por la avenida Carranza de Toluca y antes de llegar a la glorieta del Águila, en Paseo Colón, aprovechando el semáforo, se bajaron violentamente para caminar luego unos metros y reunirse con otros que se parecían mucho a ellos.

– ¿Y esos quiénes son?- dijo el que vende lo periódicos en esa esquina, porque los vio primero a ellos y después a los 18 carros de policía que estaban estacionados ahí, sobre la misma avenida Colón.

Quien se había bajado de la camioneta azul era Luis Gilberto Limón Chávez, secretario de Movilidad del Estado de México y que efectivamente movilizó a unos 200 policías a ese lugar, un día después de que ciclistas y granaderos se vieran a los ojos porque la administración del gobernador Alfredo del Mazo prácticamente les vio la cara a quienes habían gestionado la implementación de ciclovías en la ciudad porque hizo como que las iba a poner y después quitó los delimitantes, que se habían tardado en colocar seis meses.

Los ciclistas, en su mayoría estudiantes y chavos, mujeres profesionistas se enteraron ayer de lo que se siente cuando los granaderos se le dejan ir a uno. Y hoy se enteraron de lo que significa negociar con un secretario de Estado, joven pero obediente, sentados en una mesa insignificante, al aire libre, rodeados de orejas y ayudantes, pero sobre todo rodeados por esas 18 unidades de la policía que después de una hora desplegaron a sus elementos a lo largo de Colón y concentraron un batallón enfrente de la Casa de Gobierno donde pernocta o duerme Alfredo del Mazo. No es lo mismo para el secretario de Movilidad prometer, disculparse o explicar lo que tenga que explicar en una oficina o en sitio neutral que custodiado por la policía.

– No, pero es que no están sobre ellos, ni los molestan. Los policías están hasta acá- dice un funcionario que le cubre las espaldas al secretario, mientras éste habla ante los chavos, que se mantienen tranquilos y lo escuchan decir las cosas inauditas que dice. Y tiene razón. El primer carro de la policía se ubica a unos 10 metros de esa tabla endeble y desde esa distancia les respira en la nuca a los que dialogan.


La estratagema de poner mesas de diálogos rodeadas de policías o militares siempre funciona. Pesa lo mismo en la vetusta y fresa avenida Colón que en el caserío de Llano de la Parota, allá en la montaña de Guerrero.

Y ahí está el secretario de Movilidad, con su cubrebocas blanco, su chamarra gris y su camisa a cuadros diciéndoles a los chavos que ellos son mucho más inteligentes que otros, y que sí les cae el veinte luego, luego. O diciéndoles que está dispuesto a sentarse con ellos a cualquier hora, incluso hasta altas horas de la noche, por aquello de que todos trabajan. O afirmando que “están así” de lograr acuerdos con los vecinos para ver cómo le vamos a hacer. Uno de los vecinos es el City Banamex y el BBVA, pero otro todavía más quejumbroso es el propio Del Mazo, que prefiere entregar cinturones artesanales a boxeadores como el Canelo Álvarez que asomar un poco el rostro, hacerse presente, decir algo que no sea lo que alguien, ahí en la muy misteriosa Subcoordinación de Información y Estrategia, le escribe todos los días.

Y entonces, cuando ya tengamos cómo le vamos a hacer, pues les vamos diciendo, dice el funcionario Limón Chávez, que no duda en ponerse a las órdenes de todos y tratar todos los temas relacionados. Esta es la mesa del desagravio, la mesa en donde se pueden verter los malos entendidos y la acritud, pero nada más. No es una mesa de diálogo sino de desahogo. Y si no, que se lo pregunten a los polis que lentamente se van formando por Colón.

Los chavos no lo vieron, no se sabe, pero en la calle de atrás hay otros 10 carros de la policía por si algo se sale de control. Ahí están, en las dos cuadras que mide la callecita esa de Andrés Benavides, y otros más en la de Puerto de Palos, donde el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) había instalado su oficina secreta en tiempos de Enrique Peña.

 Por ahora, el secretario de Movilidad le dice inquietudes a las protestas de los vecinos por la ciclovía, y que por eso tuvieron que retirar las marcas que la delimitaban. Después lo torció hacia el tema de la seguridad. El tema, sí.

-Lo que tenemos que garantizar es la seguridad en los cruces. O sea, no me refiero seguridad… este… sí, sí, sino la convivencia… -declaraba el secretario.

– ¿Pero entonces este elemento no estaba estudiado?- le preguntaron a Limón Chávez.

-Sí estuvo estudiado, lo que te quiero decir es que siguieron saliendo cuestionamientos y hay que terminar de afinar ese consenso…

– ¿Regresarán los delineadores?

-Es que depende de que todo mundo esté satisfecho. Diálogo, diálogo, diálogo para garantizar que todo mundo esté…- se extendió el secretario. Y mientras se extendía, mientras hablaba, hablaba y hablaba, mientras los polis caminaban, se formaban y esperaban, la avenida Colón se llenaba de automóviles.

La ciclovía, ya en serio, será para la otra.

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