Daniela Albarrán
Oscar Wilde (influencia de Alexander McQueen) impuso el dandismo en la Inglaterra del siglo XIX y con él, el gusto exquisito a la hora de vestir como es el caso de su icónico saco velvet morado; Dorian Gray, el adolescente que se destacaba por su malicia y su belleza también resultó ser un hito de la moda, pues para el escritor la vestimenta era de suma importancia para construirse a sí mismo y construir a sus personajes, y es que en el mundo de la literatura, la moda ha estado presente desde siempre, sin embargo, desde la academia poco se ha hablado al respecto.
Pareciera que el mundo de los intelectuales quiere demostrar su “inteligencia” alejada por completo de un sentido de la moda; se piensa absurdamente que la moda es solo para personas superfluas lo que ha provocado que se olvide ha estado presente a lo largo de la historia de la literatura, y que en muchos casos, resulta importante para el desarrollo de los personajes, desde la literatura clásica hasta la contemporánea.
Como es el caso de Madame Bobary quien se gastaba el dinero que Carlos no tenía en telas carísimas, y que incluso las quedaba debiendo solo para vestir acorde a la moda de la Francia del XIX. Otro de los personajes fashionistas fueron Mr. Darcy y Elizabeth Bennet, donde los bailes de salón resultaban ser el momento perfecto para, además de bailar y socializar, vestir al último grito de la moda. O cómo olvidar la profunda tristeza que sentían las hermanas March (Mujercitas) cuando veían sus vestidos desgastados y remendados como símbolo de la pobreza en la que vivían.
Rosa del Alva Rosas Valdivia, mejor conocida como Violetta Schmidt, personaje de “Diablo Guardián” cuyos padres le regalaban ropa usada, sucia y remendada. O al importante mayordomo Stevens de “Los restos del día” de Ishiguro, que cuando sale de viaje, se da cuenta que es su ropa lo que lo distingue de los otros y lo convierte en un “perfecto mayordomo”.
Otro de los momentos icónicos de la literatura en donde la importancia de la vestimenta es capital fue en la novela “La Chica Danesa” de David Ebbershoff; cuando Einar Wegener está posando para su esposa Greda; Einar se sobrepone un vestido y al sentir la delicadeza de la tela, al ver su piel a través del encaje, algo dentro de él cambia totalmente. Se da cuenta que es mujer, y de pronto, la ropa ya no es un fetichismo, sino que responde a su verdadera feminidad: la ropa es su escudo y la forma en que expresa su verdadero yo.
La literatura nos ha enseñado que la moda es una forma de mostrarse al mundo y que es un recurso muy común que utilizan los escritores para dotar de carácter a sus personajes; la ropa es importante porque la elección que nos ponemos en las mañanas es también una forma de expresar cómo nos sentimos, a donde vamos o incluso para protegernos de los males que hay en el mundo, como este bello verso de los cuentos de Canterbury: “Se puso una cota de malla para proteger su corazón”.



