9 mayo, 2026

Columna literaria Post It

Daniela Albarrán

Toluca, México; 20 de septiembre de 2020. Desde hace unos días se popularizo el hashtag #RIPJKRowlling; la razón del tan agresivo hashtag es que se dio a conocer la reseña de “Troubled Blood”, su nuevo libro donde se supone, un hombre se viste de mujer para cometer feminicidios. Esto provocó que la comunidad LGBT se le fuera literalmente a la yugular emprendiendo una campaña para “matar su carrera”. 

Obviamente su libro se va a vender y ahora tal vez mucho más por el morbo, en apoyo a la escritora o porque de verdad creen en su escritura, así que eso no afectó para nada; lo importante y lo que se debe llevar a discusión es algo que, de hecho, no debería ser discutible: la libertad de expresión del artista.

Hablar de libertad de expresión es algo peligroso, puesto que la libertad se termina cuando el hablante o quien se está expresando lastima de alguna forma a su interlocutor; la libertad de expresión implica siempre respeto y consideración con el otro, sin embargo ¿en el arte aplica lo mismo?

Creo estar segura de que no, pues, particularmente en la literatura, se ha escrito sobre todos los temas posibles, incluso si son de lo más abyectos, es decir, las letras han tocado temas como violaciones, filias, muerte, destrucción, asesinatos etc. y en épocas antiguas y no tan antiguas como la Alemania Nazi y aquí en latinoamerica durante el Peronismo, se han quemado libros porque tocan temas “delicados”; cualquier quema de libros me parece gravísima porque ningún libro que toque el tema que sea, debe ser quemado.

En este punto, me gustaría aclarar un término académico retomado por Jakobson, un teórico literario; él, palabras más palabras menos, menciona que la literariedad son las características que hacen de un texto (o no) literatura; puede ser muy confuso, pero un lector experimentado puede distinguir perfectamente un texto literario a uno que no lo es, simplemente por la experiencia, independientemente de que tenga o no una formación en teoría literaria.

Apelando al término que nos regaló Jacobson podríamos decir que dependiendo de cómo es tratado el texto se puede hablar de lo que sea; mientras el texto tenga un tratamiento artístico puede y debe hablar de todo. Pongo el ejemplo del “Monstruo pentápodo” de Liliana Blum, ¡novelón!, pero retoma un tema muy escabroso: el gusto por las niñas. Durante toda la novela tuve que cerrarla varias veces porque fue muy difícil, pero era imposible dejar de leerla porque es maravillosa. Cuando la terminé de leer durante semanas me puse a pensar sobre si eso es o no literatura, mi consciencia no me dejaba tranquila porque me decía, hay cosas de las que no se debe escribir y de las que no se debe disfrutar ni leyendo.

Me regaño ahora por esa censura que le hice a Blum y que yo me hice como lectora, creo que la intención de los textos escandalosos o inmorales es llevarnos a nuestros propios límites, mostrar de lo que un ser humano puede ser capaz, pero siempre teniendo en cuenta la calidad literaria y artística y mucha gente obvio puede llegar a ofenderse, pero también cuestionarse. Y creo que lo de Rowling es lo mismo, (muero por leer la novela) pero creo que no tiene nada de malo retomar un personaje que se trasviste, al contrario, es necesario que la literatura también retome personajes de la comunidad LGBT (aunque el personaje de Rowling se trasviste para matar)  y se traten de la misma forma que a cualquier otro personaje.

Lo que le están haciendo a Rowling es promocionar su obra, pero también le están mermando su derecho a escribir sobre lo que se le dé la gana. Hoy más que nunca debemos evitar caer en el discurso fácil de que todo debe ser políticamente correcto, porque además de peligroso, es aburrido, es evitar que el otro piense y tenga diversas formas de ver, actuar y crear. Y sobre todo NINÚN artista debe subyugar su obra artística al discurso que, por desgracia nos hemos tenido que “adaptar”. En la vida uno puede ser políticamente correcto porque la sociedad retrógrada en la que vivimos nos los exige, pero en la ficción no, porque por eso tenemos a la literatura, para poder ser y vivir en otros mundos, tal vez y solo tal vez,  mejores que el nuestro.

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