Toluca, México; 25 de mayo de 2025
Carlos Puertas Vilchis/ Escuela de Fotografía Lumière
Los reconocemos porque visten igual, por su rostro serio, porque cuando se mueven lo hacen en sintonía, casi como si ejecutaran una coreografía. Bien podrían confundirse con esos pececitos de colores que viven en un acuario y replican todos los mismos movimientos, fundidos en una masa uniforme, rauda, anónima.



Si juega el Toluca y uno llega tres horas antes al estadio, los puede encontrar en estricta formación sobre la emblemática avenida José María Morelos y Pavón, entre Felipe Villanueva y José Luis Álamo. Posteriormente se desplazan en células pequeñas y compactas con las encomiendas de garantizar la seguridad púbica, patrullar las inmediaciones del Nemesio Diez, dirigir el tránsito y abrir camino a los autobuses donde se trasladan los futbolistas desde sus hoteles de concentración.



Nunca faltan. Sin importar el día, el horario, el estado del clima o el rival que se enfrente, son testigos de cada partido de futbol en la capital mexiquense. Sin embargo, la mayoría de los aficionados que asistimos al estadio podemos reconocer el uniforme, pero no a las personas que lo llevan puesto. No sólo pasan inadvertidos, muchas veces somos indiferentes a su presencia y labor. Por ello decidí redirigir mi mirada, y el objetivo de mi cámara, para preguntarme: ¿cómo viven los elementos de seguridad un partido del Toluca?






