25 mayo, 2026

El día de su desaparición el celular de Jhon se apagó a las dos de la tarde

El día de su desaparición el celular de Jhon se apagó a las dos de la tarde

Karen Colín: diseño. Miguel Alvarado: texto. Ramsés Mercado: imagen.

Toluca, México; 4 de marzo de 2022.

“Jhon Adán Torres Peña es mi hijo y lo estamos buscando desde el 17 de enero de 2022, que es cuando se salió de aquí, a la una y media de la tarde a ver a una amiga, y luego iría a ver a Sarahí, mi hija, que tiene su cibercafé a una cuadra de aquí de la casa. Hasta le encargué una sopa para complementar la comida”, dice su madre, Juana Peña, quien ha buscado a Jhon o Jhoncito, como le dicen a veces, desde que desapareció. Esta historia la contará en todas partes, cuantas veces sea necesario, con la voz quebrada, cascada.

Jhon salió entonces y dijo a su madre que no tardaría, porque tenía que ir a la escuela a las cuatro de la tarde, para pedir un papel. “Pero pues no regresó”, recuerda la señora.

Ella, dice, se confió porque creyó que el joven se había quedado en el cibercafé. Así que cerca de las cuatro de la tarde, la señora fue a ver si Jhon efectivamente estaba ahí, pero ahí le dijeron que no estaba. De eso, hace ya quince días. Lo llamaron a su celular y llamada tras llamada, se fueron dando cuenta de que no contestaría. Todavía esperaron un poco más antes de que alertaran a su hermano, que decidió buscarlo con sus amigos sin mayor suerte. Así, recorrieron varias casas pero siempre obtuvieron las mismas respuestas hasta que por fin se les terminaron las opciones. Regresaron a la casa familiar con la esperanza de que hubiera vuelto ya por la noche, todavía creyendo que nada pasaba, que Jhon había tenido solamente un retraso, pero eso nunca había sucedido.

Todavía, la mañana del día siguiente siguieron tratando de localizarlo.


Ahora la familia se ha reunido junto a un altar en el que están colocadas imágenes y figuras del Niño Dios, de la virgen de Guadalupe y del Sagrado Corazón, tótems que se nutren de la fe, de la angustia, del vacío que al final siempre es una ausencia.

A quince días de que Jhon saliera de su casa, ese lugar y el cuarto del joven se han convertido en un recipiendario de recuerdos y rituales, Ahí está la ropa del chico y sus tenis Adidas blancos donde los dejó por última vez. Lo que vive la familia Torres es lo que viven cientos de mexicanos y ese camino que comienzan a transitar es el mismo que han recorrido los parientes de los casi 100 mil desaparecidos en este país, en donde la vida de una persona vale menos que el alfiler que sujeta una hoja.

La familia tiene algunos indicios y también ninguna certeza. Por eso, que la hermana de Jhon sujete como lo hace la ficha de búsqueda que emitió la Fiscalía, que su madre observe sus manos, mire los muros con la mirada lejana de los que buscan, quiere decir que lo harán hasta que aparezca, hasta que tengan noticias de sui paradero, del destino invisible en el que lo encapsuló un país como es ahora México, como ha sido siempre.

¿Cómo puede desaparecer alguien, así como así? Jhon estudia en el Conalep y su rostro aparece en las fichas que se han pegado en todo Santiago Tilapa, en Tianguistenco y hacia el rumbo de La Marquesa. A esas imágenes se aferran quienes no pueden hacer más. En este momento la Fiscalía hace lo que puede y cuando no pueda, entonces la familia tendrá que intervenir, como lo hacen miles en sus respectivos casos.

Paola Torres Peña señala que ya se han realizado búsquedas sin resultado alguno, y que han acudido a reconocer cuerpos. Han visto los muertos de otros y sufrido por ellos, pero de Jhon no saben nada aún.

“Ya no sabemos en qué punto estamos. Él nunca desconectaba su teléfono. El día de su desaparición el celular del joven se apagó a las dos de la tarde. Fuimos a la orilla de La Marquesa y por otros lugares”, dice la hermana, quien apunta que hay muy pocos lugares de dónde obtener información. Jhon no se llevó absolutamente nada, ningún indicio que señale que se quería ir. Toda su ropa está en su lugar y no falta ninguna pieza. Han buscado en el Semefo y a estas alturas ya no saben qué esperar, pero el hecho de no encontrarlo significa que puede seguir vivo. Y esa es su esperanza.

Por ahora, la familia espera.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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