30 abril, 2026

Las distintas maneras de nombrar lo mismo

Las distintas maneras de nombrar lo mismo

Miguel Alvarado

Toluca, México; 2 de octubre de 2021.

Habría estado bien que las obras ganadoras de los dos concursos literarios más importantes que organiza la Universidad Autónoma del Estado de México se encontraran más fácilmente, para hablar de ellas y no de las presentaciones, como hacen los boletines de la propia Universidad, que se centran en los enlaces en vivo, en la frase más simple que dicen los escritores, en el lugar en el que están sentados, en la duración del Festival al que fueron invitados.

De las obras Frontera Cuir y Hotel Francés, ganadoras de los premios Gilberto Owen e Ignacio Manuel Altamirano, no dijeron nada. ¿Por qué la UAEMéx será así con los temas que aborda en sus comunicados cuando su propia institución genera información que podría competir con cualquier medio decente? Nadie lo sabe, o sí, pero de tanto que sucede, las razones, sobre todo debido a la rigidez mental, al organigrama tan cuadrado como una caja de acero, que afecta hasta a la palabra, han dejado de ser importantes.

De acuerdo a la literata Odette Alonso, este es un poemario original y contemporáneo que aborda la mirada del migrante LGBTTTI+ que busca cruzar una frontera y que por eso es vulnerable de ser atacado o juzgado. Pero si los boletines son menos que parcos y no ofrecen sino el acto de la presentación como si se tratara de una nota del clima, lo bueno de la Uni es que ha subido a sus plataformas digitales el libro éste. Y pues eso ya es otra cosa porque aunque sea electrónica, esta versión, sólo de mirarla, entrega su portada: un hombre-mujer armado a trozos y en distintos tamaños. Me refiero a su cara, lo cual alimenta la idea de que esa frontera cuir tiene los límites muy bien delineados. Cuir, en un paréntesis, significa queer, que significa raro, en todo caso extraño. El diario español El País ha dicho que una de las primeras reivindicaciones de lo queer se dio en 1990, en Nueva York: “cuando muchas lesbianas y homosexuales nos despertamos por la mañana, nos sentimos enfadadxs yasqueadxs, no gay [alegre, en uno de los significados de la palabra en inglés]. Así que elegimos llamarnos queer. Es una forma de recordarnos a nosotros mismos cómo nos percibe el resto del mundo. Es una forma de decirnos que no tenemos por qué ser personas ingeniosas y encantadoras que llevan vidas discretas y marginadas en el mundo heterosexual”. Esta definición la firmaba Queer Nation, que en ese entonces y en este ahora dan cara contra la homofobia y todo lo que de eso se desprenda.

Así que Frontera Cuir significa algo mucho más de lo que dice el boletín de la UAEM, que apenas apunta unas palabras de la autora, Ingrid Bringas Martínez, quien explicó que el objetivo del libro es visibilizar la problemática social y violación a los derechos humanos que sufren las personas que migran, sobre todo cuando pertenecen a la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI+). La autora dijo que la redacción de sus poemas implicó casi año y medio de trabajo. “Hubo muchos poemas que quedaron fuera, que me parecía que no quedaban dentro de la categoría unitaria que pudiera conformar el libro”. Y luego, dice la UAEM, muy en su estilo, terrible y desesperante, leyó algunos de estos poemas.

¿Cuáles fueron? No importa ya, porque el libro electrónico los entrega, gratis, y casi de inmediato se pueden bajar a la computadora. Son gratuitos porque la Uni los publica con una licencia de Creative Commons, lo cual quiere decir que no están insertos en el mercado dizque natural de la venta de libros. Esto lleva a otro tema: ¿dónde aloja la Universidad estos trabajos? Ah, pues en una plataforma denominada Repositorio Institucional, en la dirección web http://ri.uaemex.mx/, en donde están los documentos de la institución, sus libros, sus textos y revistas.


Es más o menos sencillo, y de acuerdo a ellos mismos hay unos 35 mil 588 de ellos, lo cual, después de tantos años, no parecen muchos. Algunos de los apartados de este repositorio o archivo están en construcción, que de todas maneras vale la pena visitar.

Pero el poemario. La Frontera Cuir. Los jurados que otorgaron este premio fueron Enzia Verduchi, Zel Cabrera y Lorena Huitrón, las dos primeras famosas o conocidas en la ciudad de México por sus actividades literarias. “Buenos días/ buen sábado”, pone ella siempre en su muro de facebook, antes de hacer algún comentario o escribir ciertos microtextos, como el del 26 de septiembre de 2021: “Desde hace siete años nos faltan 43…. Desde hace más de dos décadas al día de hoy nos faltan 90 mil 34 mexicanos desaparecidos (Comisión Nacional de Búsqueda).

Sí, el poemario.

Entonces hay uno que se llama Cuerpos para odiar, que dice así:

Los citadinos odian lo diferente desde una roñosa azotea en Tijuana

se oyen los gritos: ¡fuera los extranjeros y los putos!

el espejismo de una nación detrás de un envase de cerveza manos embarradas de cuerpos ajenos

¿cuáles extranjeros? —grita la Toña

si ser jarocha no es ser extranjera, pero éstos se creen gringos y una ya deja de ser extranjera cuando le solicitan sus servicios con este cuerpo una se esconde de la poli, de la migra para poder cruzar

y de los hombres amantes del sexo ocasional

de esconderse detrás de la luz lagañosa de un semáforo a punto de caerse

para que no te maten

para no ser otra estadística del periódico local

el pecado de ser foráneo a veces es peor que el de ser marica.

Ya no me acordaba que la poesía necesita un espacio, un tiempo, un lugar, una edad, un silencio o un ruido, pero de verdad un ruido que se vuelva o compense una sensación, un cierto “algo” de ritmo, y que si no se tiene no se lee ni se escribe, y a mí me pasa eso, que no lo tengo porque hace mucho que murió. Y eso me ha alejado de la lectura de la poesía, aunque tengo un librero lleno de poemarios que están ahí, nada más. Y nada menos.

Pero Bringas no tiene la culpa de que yo no sepa si es buena, de que no pueda saberlo porque de todas maneras no se trata de un concurso, sino de escudriñar las distintas maneras de nombrar lo mismo. La Frontera puede descargarse aquí mismo.

Está lo técnico, claro, las mediciones académicas. La crítica en México hace mucho que no se ejerce, ni bien ni mal, y sólo nos quedan las presentaciones, las reseñas, a veces las entrevistas a los autores, los poemas que amamos. Después de Bringas, ha salido quién sabe cómo ni por qué, un poema de José Carlos Becerra, del libro “El Otoño recorre las islas”, que dice lo siguientes, en sus primeros versos:

“He vuelto al sitio señalado, a tu rastro de aguas amargas;

el atardecer ha caído al fondo del mar como un pecho muerto

y una campana da la hora cubriéndome de espuma.

Vuelvo a ti,

El otoño y el grillo se unen en la vitoria del polvo.

Vuelvo a ti. Vuelves a la caída. Vuelves al primer acto.

Y después de esto, descorazonado por falta de tiempo pero sobre todo por la falta de ese algo que ya no vibra porque ahora hay mucha, mucha angustia y eso es lo que resuena aunque uno no quiera, tengo que cerrar el poemario de Bringas y dejar para otra ocasión el libro ganador de narrativa Hotel Francés, que se llevó el premio Ignacio Manuel Altamirano, y que fue escrito por Raúl Carrillo, del cual habrá que compartir aunque sea un mínimo fragmento. Por cierto, los jurados para el premio de narrativa fueron Ana Clavel, Humberto Guzmán y Antonio Ortuño, este último fallecido apenas hace unos días y llorado por quienes lo conocieron y por quienes gustaban de sus versos.

Dice, pues, un párrafo de Hotel francés:

“Mi madre fue la amante de mi padre por más de seis años antes de convertirse en su esposa legal. Mi padre tuvo dos hijas reconocidas en su primer matrimonio: Alejandra y Luz, aunque esta última no era su hija biológica. Justo antes de casarse con su primera mujer, Rosa, tuvo también una hija ilegítima, Eugenia. Esta fue producto de una correría en el Hospital General con una enfermera. No le dio su apellido. Yo lo supe en su convalecencia cuando Nora me dijo que Eugenia era quien lo había cuidado hasta el final. De alguna manera yo lo sabía, pero había decidido ignorarlo, tal vez porque fui educado en el machismo. Ser hombre y ser educado como tal era la norma. Esto quería decir que lo que la mujer opinara no tenía mucho sentido ni valor. Cada uno tenía su lugar en la sociedad. Mi madre ponderaba, siempre que pudo, su rol de mujer como inferior y subrayaba el papel del hombre como proveedor. Ser hombre era resolver los problemas económicos de la familia con alto nivel. De acuerdo con la profesión venía cierto respeto, pero lo más importante era darle a la mujer casa y una vida estable, es decir, llena de todos los productos que pudiera. De ahí que lidiar con las infidelidades era una parte del papel de la mujer. En eso constaba la hombría según mi madre: dinero y mujeres”.

Mientras, ese Hotel puede descargarse aquí mismo

Tags

Cuéntaselo a todos

Noticias relacionadas

Suscríbete a nuestro boletín de noticias