20 mayo, 2026

“Espero no encontrar a mi madre hoy, porque eso significa que está bien”

“Espero no encontrar a mi madre hoy, porque eso significa que está bien”

Ramsés Mercado / Miguel Alvarado

Zinacantepec, México; 6 de febrero de 2022.

Jenny Albarrán se para frente a quienes han acudido esta mañana, casi a las siete, al atrio de la iglesia de San Antonio en el pueblo de Acahualco, para ayudarla a buscar a su madre. Es muy joven y está sola porque su mamá, Concepción Albarrán, salió el 3 de febrero a comprar algo para su cocina económica, un negocio propio que además atendía, para ir a comprar algo a la tienda cercana pero ya no regresó y no hay un solo rastro que indique mínimamente lo que ha ocurrido. Desde ese día su hija la busca.

Primero denunció ante las autoridades y después difundió en redes sociales y en los medios de comunicación locales el caso, que fue tomando relevancia poco a poco y después se visibilizó por completo porque el 4 de febrero una mujer fue hallada en un lote baldío, herida en la cabeza y parcialmente devorada por perros callejeros, que murió cuando la llevaban a un hospital. Eso generó confusión, pero Jenny desmintió que se tratara de su madre. “Ya la vi y no es ella. Seguimos buscando”, informó en las redes sociales que la replican.

Por eso ha pedido la ayuda de sus vecinos, en el municipio de Zinacantepec, para explorar las barrancas, los terrenos baldíos, las orillas del río Tejalpa que atraviesa el lugar, el bosque ralo de los límites, los parques, los sitios públicos, las casas abandonadas.

Por eso se para esta mañana frente a quienes acudieron a su llamado, el cual fue difundido por la casa parroquial, y toma el micrófono con la mano trémula. Y así, quebrada pero entera, asustada pero valiente, se dirige a todos, que la miran conmovidos y de verdad en silencio. Entonces dice, mientras mira a todos y a nadie, mientras se sostiene del aire, incluso de la ponzoña que se le forma a uno al principio cuando no sabe dónde está el familiar, ese veneno que luego se convierte en algo que no tiene nombre, pero es un agujero que se llena o que se ensancha.

“Yo quisiera hacerlo sola y quisiera buscar en cada rincón a mi mamá y encontrarla yo, pero necesito de su ayuda si es posible, para al menos descartar cualquier opción de que esté en algún lugar donde la gente no tenga acceso o no pueda ver, que descartemos esa opción”, dice con las voz quebrada pero sin detenerse como si no necesitara el aire.

La cocina económica se encuentra en la calle de Morelos, en aquel poblado, donde todos los días trabajaba. Concepción era muy conocida en el pueblo, pero además querida por todos. Salió a la tienda a comprar cosas para el negocio pero no llevaba celular ni tampoco se puso un suéter, lo cual resulta extraño porque ella era una mujer de costumbres. O quizá lo hizo porque pensó que no tardaría.

“Desafortunadamente no sabemos qué paso de la esquina del local hacia allá, mi mamá se perdió, y nadie sabe. Por lo mismo del negocio, mucha gente la conoce, llegas a Acahualco y le preguntas a la gente, y te dice “Doña Coni la de la cocina”, entonces es extraño que nadie viera a mi mamá, nadie la vio subir a un carro, a un taxi. Ella está muy acostumbrada a salir en moto cuando va lejos, y ese día no salió en moto, salió caminando”, dice Jenny, que se prepara junto con sus vecinos para la búsqueda.

Las instrucciones son precisas. La principal es no arriesgarse y no meterse a las propiedades privadas porque no existen permisos para hacerlo. Así que este grupo deberá aprender desde la intuición y desde lo que le dicta la lógica. Así, deberán fijarse en los agujeros, en los yerbajos crecidos, en las piedras grandes y para eso han elaborado un mapa de la comunidad, a la que dividieron en cuatro zonas. Las 50 personas que están ahí deberán dividirse y cada una buscar en sector.

No, en Acahualco no es común que la gente desaparezca, pero sí es común la pobreza, el abandono de las autoridades, la inseguridad y la violencia como lo es en prácticamente todo el país a pesar del discurso del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que describe un territorio pacificado, de gente buena, de pueblos buenos en el que la violencia se ha transformado en abrazo reconfortante. Pero no es así.

Esta triste y desesperanzada realidad ha alcanzado a Jenny, a la familia Albarrán Romero, a los pobladores de Acahualco.

Doña Coni vestía pantalón de mezclilla color azul, tenis color blanco, suéter color verde y mandil color gris cuando desapareció; entre sus señas particulares tiene un lunar en la mejilla izquierda y una cicatriz en la frente.

Entonces, los grupos salen a buscar pero las horas pasan y no hay ninguna novedad. Han mirado en donde han podido, en las zanjas y hacia los cerros cercanos, ya en los límites del pueblo, en las nuevas colonias que apenas han comenzado a crecer. Ciclistas, integrantes de la parroquia, amigos y hasta policías asistieron en apoyo a la familia.

Sin embargo, y porque así es siempre, Jenny espera no encontrar a su madre hoy, para ella es una oportunidad de esperanza, de localizarla con vida y no muerta. Lo hace porque así descarta posibilidades. “Se escucha a lo mejor feo, pero a donde vamos a buscar yo espero no encontrarla, porque yo sé que si la encontramos no sería algo favorable, al menos quisiera que regresáramos y alguien me dijera que la vieron caminando, que la vieron bien, la vieron sana, para que al menos esa esperanza me fortalezca porque en realidad los días pasan y no sé ya a dónde buscar, no sé a dónde ir”. Enseguida entrecierra los ojos y mira hacia los lados dando un largo suspiro.

El silencio, entonces.

Y es que fueron grupos de 20, que al sonido de las campas cuando dieron de las 8 de la mañana salieron a los diferentes barrios que previamente se habían divido en cuatro regiones, en esta primera búsqueda. Ellos iban caminando, en carro o en bici, y la tarea consistía en recorrer campos, baldíos, praderas, ríos, minas, calles, pegar volantes colonia tras colonia. Con palos grandes y largos removieron piedras y arbustos, con la mirada al suelo buscando, con esa mirada con la que a veces uno busca la esperanza, aunque no sepa realmente lo que eso significa.

El medio de contacto para todos es un grupo de WhatsApp, en el cual se compartieron su ubicación en tiempo real, además de fotos de los buscadores así como comentarios, pero pasando el medio día, solo se leía lo siguiente:Caminamos por toda la barranca El Colín hasta llegar a la presa La Cuchara. Equipo 1, primer barrio, y sin ninguna novedad.

-Grupo 4 subimos por casas GEO atrás de Colinas de San Francisco hasta llegar a Loma de San Francisco. Sin novedades.

-Nosotros ya recorrimos La Cañada y no habido nada hasta ahora.

-PC y Bomberos Zinacantepec realizando recorridos hasta el Llano del Lobo sin novedad.

-Recorrimos Contadero y Cerro Chato y minas, y sin novedad.

Entonces, la última frase de los buscadores también cerró la exploración: “vamos hacia la iglesia”.

El tiempo se había agotado y Jenny, si bien no encontró a su madre, por lo menos se queda con la ilusión de que puede estar viva en otro lado. Ella seguirá buscando, con ayuda o sin ella y pronto descubrirá a los colectivos que a veces apoyan en estas situaciones. Buscar desaparecidos en el Estado de México resulta peligros y por eso hay pocos que se avientan a hacerlo. Para Jenny no todo está perdido. Para ella, que buscará hasta que su madre aparezca, comienza una realidad que no debería existir en ningún lado. En México, sin embargo, es una realidad de todos los días, una realidad de ausentes retratados en una ficha de búsqueda.

“Sólo fíjate bien. No necesitas registros ni fotos, videos o notas periodísticas para involucrarte en la búsqueda de personas. Necesitas abrir los ojos, abrir tu corazón y después ponerte en los zapatos del afectado y ya no quitártelos nunca. Eso tienes que hacer para empezar. Y después ya lo que venga. Por eso fíjate bien. Yo no tengo nada, sólo mi pensamiento, mis ojos, mis brazos, mis piernas y mis zapatos”, decía una de las madres buscadoras de personas en Veracruz cuando iban los reporteros a acompañarla a los parajes repletos de cuerpos, a los tiraderos clandestinos de los narcos y los policías.

Por eso, fíjate bien, abre los ojos, abre tu corazón y después ya no te quites los zapatos de buscador, de buscadora.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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