24 mayo, 2026

Las otras afectaciones

Las otras afectaciones

Miguel Alvarado

Toluca, México; 17 de abril de 2020. Hay cosas que suceden invisibles, y aunque se prevén y se hablan, no se ven del todo. Hay cosas que parecen suceder a las espaldas de uno, y que sin ruido forman ya parte del nuevo panorama social, que el siglo XXI enfrenta al miedo del contagio por un virus que en el mundo ha demostrado su letalidad. Esas cosas, que suceden como si no sucedieran, tienen que ver con los confinamientos, todavía voluntarios y casi todos motivados por la sensación de muerte que rodea a una de las pandemias modernas más mediatizadas y peor atendidas.

Las tiendas o lonjas mercantiles en la ciudad han comenzado a acotar sus horarios. Ahora abren más tarde y cierran más temprano. Letreros como “Por coronavirus cambiamos horario” se hacen más frecuentes y sustituyen a otros que, al principio, pedían apoyo para que no se dejara de comprar. Las tiendas, proveedoras de alimentos, no están obligadas a cerrar pero algunas, las que pueden, ya lo hacen y conforme pase el tiempo sólo los grandes centros comerciales lo harán, siguiendo las leyes del mercado elementales que señalan al pez chico y a los grandes tiburones. Después de la pandemia, anunciada al término de mayo, todo volverá a la normalidad pero costará mucho. Algunos costos serán mortales, irrecuperables y otros daños podrán ser subsanados de alguna manera.

La liberación de presos no peligrosos es parte también de otro frente en el drama del coronavirus para el Estado de México, que se resiente más en unos municipios que otros. En la prisión de Cuautitlán, el pánico entre los reos se desató cuando 4 personas dieron positivo y 19 más fueron señalados como sospechosos de infección. En el comienzo de traslados de presa a otras cárceles, quienes se quedarían organizaron un motín, que después fue controlado pero que ya muestra la desesperación que esa parte de la población padece.

En Toluca, las escuelas privadas ya comienzan a sentir los efectos del confinamiento. Reportes de los propios alumnos de escuelas como la Unitec. Padres de familia y los propios estudiantes han valorado que lo que pagan no justifica que se curse una carrera haciendo tareas que las plataformas virtuales y la cantidad de usuarios impiden usarlas de manera adecuada. Las escuelas, lo saben todos, dan por mal aprovechado este semestre, cuyas evaluaciones serán apenas suficientes para saber si los alumnos hicieron las tareas. En el caso de las universidades de paga, las bajas significan también la pérdida de los ingresos mensuales que cada chico aporta por colegiatura. Facultades públicas también presentan el mismo problema y encaran ya, por ejemplo en la castigada Universidad Autónoma del Estado de México, el problema de calificar un semestre sin clases, prácticamente. La consignas es evaluar y ayudar a pasar.


En muchos casos, como en Arquitectura, por ejemplo, apenas llegan a dos semanas efectivas de clases presenciales.

Eso, en las escuelas.

En los trabajos, el anuncio del Infonavit para obtener apoyos económicos debido a la pérdida del trabajo por el coronavirus, ha causado cierto alivio pero también muchísima incertidumbre porque también revela el tamaño del boquete que se está abriendo con respecto al empleo. Un cuestionario evaluará a quienes pidan ese apoyo, cuya fecha límite de acceso es el 30 de junio, demasiado lejos en el tiempo de la sobrevivencia cotidiana, y demasiado cerca para las condiciones de cualquier erario público. Aún así, dice el Infonavit, nada garantiza que a un desempleado le toque ser ayudado con esos apoyos. Tampoco, nada garantiza que los patrones, de pequeñas y medianas empresas, puedan pagar salarios completos cuando la contingencia se ve ampliada hasta inicios de junio, y quizá, dependiendo de la evolución de la pandemia, todavía más. Dese hace un rato, algunos patrones han convenido o decidido bajar el salario de los trabajadores para poder aguantar los meses que vienen y sostener así las fuentes de los ingresos. No es que no se quieran seguir las indicaciones del gobierno federal, el cual aboga por pagos completos. La verdad es que no se puede. La abominación de esto radica en que empresas como TV Azteca ADN Canal 40 y otras pertenecientes a Ricardo Salinas Pliego, dueño de las tiendas Elektra, no son obligadas a nada por los mismos gobiernos que condenan a las pequeñas empresas. Más aún, protegen la asesina decisión de Salinas de hacer trabajar a los empleados -reporteros, editores, productores, vendedores, administrativos, todos- como si nada sucediera, de hacinarlos en comedores sin protección alguna. En suma, de obligarlos a laborar so pena de perder el empleo.

Todavía falta sentir la afectación más profunda, los estragos económicos que significan una recesión económica y que pegarán en los más débiles y desfavorecidos. El coronavirus es una epidemia que ha terminado por develar lo frágil, criminal e injusta que es la sociedad en nuestro país.    

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