Ciudad de México; 13 de octubre de 2026
Sofía Calzada/ RETA
Todo empezó tres días antes, el 6 de octubre. Afuera del Hotel MAGA, sobre Calzada de Tlalpan, en la colonia Obrera, Médicos Sin Fronteras y colectivas trans realizaban una jornada de salud sexual y peluquería gratuita para trabajadoras sexuales.
Era atención básica, insumos médicos, cortes de cabello.
Según los testimonios de las colectivas, durante la jornada varias personas identificadas como allegadas a Joaquín “N”, señalado como dueño del hotel, las amenazaron y minutos después comenzaron a golpearlas.
El saldo fue de múltiples heridxs y la destrucción de herramientas de trabajo. Ese fue el motivo de la movilización del 9 de octubre.
La cita fue en la Fiscalía General de Justicia de la CDMX con rumbo a la Alcaldía Cuauhtémoc.
La exigencia: clausura del Hotel MAGA, investigación de las agresiones del 6 de octubre como crímenes de odio, y un protocolo contra feminicidios y transfeminicidios en hoteles y moteles.
Al llegar a la alcaldía, lxs trabajadorxs sexuales leyeron el escrito que querían entregar directamente a Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de la demarcación, pero quienes salieron en respuesta fueron funcionarios de otros cargos.



Mientras esperaban la presencia de la alcaldesa, realizaron actos de iconoclasia en los que no se hirió a ningún servidor público. Hubo momentos de calma, momentos en que lxs trabajadorxs sexuales únicamente gritaban consignas.
Mientras esperaban la presencia de la alcaldesa, realizaron actos de iconoclasia en los que no se hirió a ningún servidor público, hubo momentos de calma después, momentos en que lxs trabajadorxs sexuales únicamente gritaban consignas.
Fue ahí donde empezó la escalada.
Primero vino la cámara. Desde el primer momento se les había avisado que no podían grabar a lxs activistas por motivos de seguridad, y a plena conciencia un elemento de la policía privada las fotografió sin su consentimiento. Una compañera lo enfrentó.
Apenas se mediaba ese altercado y la inasistencia de la alcaldesa, cuando vino la segunda falta: volver a irrespetar la identidad de género de lxs trabajadorxs sexuales y decirles que habían “trabajado” en algunas demandas, pero sin darles una sola garantía por escrito.Y cuando la tensión ya estaba ahí, vino la chispa. Lxs trabajadorxs sexuales iniciaron una fogata simbólica y un elemento de la Fiscalía con ropa de civil apagó el fuego y comenzó a rociar con gas del mismo extintor a policías y activistas por igual.
Reporteros y activistas comenzaron a documentar las agresiones por parte de este grupo parapolicial que únicamente buscaba desorganizar a la colectividad, sabían que si las agredían ellxs iban a responder.



Fueron segundos en los que debajo de las escaleras compañerxs del gremio periodístico fueron amedrentados por estos mismos grupos que salieron desde dentro de la alcaldía y después tuvimos que correr hacia las compañeras que estaban siendo agredidas arriba de las escaleras. Cuando agreden a la prensa de una manera tan brutal y tan consciente no solo agrede parte de la información que pueda llegar a salir, sino que también agreden el conocimiento de la gente con respecto a las situaciones que cubrimos. Pero del otro lado agredir a lxs activistas cuando están realizando una denuncia y comunicando sus inconformidades ya sea con consignas o iconoclasia es vulnerar a quienes han sido violentadxs histórica y sistemáticamente.


