22 octubre, 2026

FILEM 2026: el desprecio a editoriales toluqueñas

FILEM 2026: el desprecio a editoriales toluqueñas

Toluca, México; 21 de octubre de 2026

Miguel Alvarado

Sistemáticamente, al editor y escritor toluqueño Manuel Alejandro Ceballos lo han segregado de la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM) y de otras convocatorias realizadas por el gobierno mexiquense. En ninguno de los casos en los que se ha visto involucrado ha recibido una explicación creíble, por lo que denuncia maltrato por parte de las autoridades culturales mexiquenses, y alerta a otros escritores, editores y editoriales de estas prácticas recurrentes. Señala que a esas autoridades les ha faltado por lo menos visión para no excluir a artistas y escritores locales, a una parte de los cuales maltrata e ignora. Las denuncias acerca de estas prácticas han sido recurrentes en el marco de la FILEM en su edición del 2026, organizada por la Secretaría de Cultura estatal y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), y al menos tres editoriales reconocidas en la entidad han levantado la voz para, al mismo tiempo, señalar incluso que la Secretaría de Cultura ha publicado un mensaje en grupos de whatsapp desde el cual censura los intentos de críticas, y amenaza a las editoriales y vendedores con no tomarlos en cuenta para las siguientes ediciones. Es decir, ha establecido una vigilancia acerca de lo que dicen de ella y de sus capacidades los involucrados con este tipo de espacios.

Manuel Alejandro Ceballos ha fundado Literatelia, en realidad una asociación civil (AC) sin fines de lucro dedicada a la promoción de nuevas voces, pero también a la difusión de escritores que han ganado premios nacionales y son referentes en sus áreas. Literateria no es una empresa que se dedique a hacer negocios con la venta de libros. Es, en primera instancia, un esfuerzo para imprimir productos de calidad y distribuirlos en lugares a donde generalmente no llegan estos productos. Así, sus obras se encuentran en la capital mexiquense pero también en el sur de la entidad y en países de Centroamérica, región en donde es ampliamente reconocida. Con una trayectoria de años en el campo editorial, Ceballos se ha encontrado con que las puertas de la FILEM y de los espacios de publicaciones que ofrece el gobierno mexiquense se encuentran cerrados para él.

Este patrón de hacerle vacío a su trabajo comenzó hace dos años, cuando en la FILEM le habían asignado un espacio para la promoción y venta de sus libros. Pero al tratar de montar los libros y productos, se dio cuenta de que el stand no estaba disponible. Pronto se dio cuenta de que su espacio había sido asignado a otra editorial y que incluso habían tratado de hacer un letrero para tapar el nombre de Literateria. Como no pudo hablar con nadie, Manuel Alejandro Ceballos cree que esto sucedió porque no había acudido a un primer llamado para instalar sus productos, y que por eso lo habían dado de baja. De esa decisión nadie le avisó, pero parecía que la regla, si la había, solamente aplicaba para él porque otros libreros se encontraban en la misma situación y nunca fueron molestados. Sólo él y su editorial.

“Me tuvieron un largo tiempo esperando, hasta que finalmente nadie me dijo nada, nadie me pudo atender y tuve que irme sin hablar con los responsables. Ese fue el primer caso en el que me vi rechazado por la FILEM. El año pasado escribí a los organizadores para solicitar un nuevo espacio para la edición de 2025, y alguien me respondió que ya no había lugares, y que si alguien faltaba entonces me tomarían en cuenta”, señala Ceballos, quien recuerda que su editorial es una asociación civil que no busca lucro y cuyos objetivos son sociales, no empresariales. Él, dice, realiza otros trabajos para sostenerse y así lo saben quienes colaboran con él.

El año pasado, en busca de espacios para la organización del Octavo Festival Internacional de Poesía México, Ceballos se acercó a ayuntamientos como el de Toluca y otras instancias en busca de espacios para albergar esa iniciativa. Le escribió una carta a la gobernadora mexiquense Delfina Gómez pensando en que como era maestra podrí entender mejor la importancia de actividades como ésa, pero no fue así. La carta petitoria fue descendiendo en el escalafón del gobierno mexiquense hasta que llegó a una dependencia de la Secretaría de Cultura, la Subdirección de Bibliotecas y Documentación, que le respondió que el espacio estaba disponible siempre y cuando pagara una renta de 3 mil 175 pesos, pues ése era el costo de recuperación del Auditorio de la Biblioteca Pública Central Estatal. Además, se le hacía saber que el mobiliario, el equipo de sonido, los materiales impresos, los reconocimientos y apoyos en difusión corrían por cuenta de él. Ah, y que cerraban a las siete de la noche. La respuesta, redactada con faltas de ortografía, firmada por Adriana Karina Álvarez Niño y fechada el 4 de noviembre de 2025, causó indignación en la comunidad literaria de Toluca.

“Nuestro objetivo no es pelearnos con nadie, sino hacer las cosas. Y si podemos recibir apoyo para hospedajes o cualquier otra cosa, para nosotros es muy importante. Aquella ocasión el tema del espacio se resolvió gracias a la Librería del Fondo de Cultura en Metepec. La intención de pedirle ayuda al gobierno mexiquense era lograr que se vinculara con el festival y participara activamente en un proyecto compartido, pero no fue así”, dice Ceballos, quien además, en febrero de 2025 fue invitado a postular una obra literaria en el Fondo Editorial del Estado de México, que cada año publica o publicaba a autores mexiquenses de calidad, de manera gratuita, a cambio de la cesión de los derechos de autor. Era un foro muy buscado porque incluía la presentación de las obras en diferentes foros y ferias como la misma FILEM, así como espacios en medios de comunicación del circuito público.

Su propuesta, una novela, fue leída, dictaminada y aprobada para publicación, pero de eso ha pasado más de un año y medio, y nadie se ha acercado a él para informarle lo que ha pasado con el libro, del que se habían realizado todos los trámites.

“Literatelia es una editorial toluqueña y actualmente tenemos un catálogo de 52 autores, entre mexiquenses, nacionales y de otros países. Tenemos una revista, Ars Poetica, en Centroamérica, que es la única en su estilo que se ha distribuido en los seis países de aquella región. Pero nuestro trabajo es más apreciado afuera que en territorio mexiquense. Y por eso nos llama mucho la atención que no nos de espacios, pese a que contamos con ganadores del Premio Bellas Artes, del Elías Nandino, del Jaime Sabines, a becados del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) y autores premiados en su país. Además, algo muy importante es que nuestros libros cuestan 20, 30 y 40 pesos. Vamos a las comunidades en donde no hay librerías, fondos de cultura ni absolutamente nada. En esos lugares viven al día y con libros como los nuestros los acercamos a la lectura. Las ganancias se van a los gastos operativos como el sitio web, las impresiones y los registros de los libros. No ganamos ni cinco pesos por unidad vendida”, señala Ceballos, quien recuerda que su libro más caro cuesta 60 pesos, publicado a un dramaturgo argentino.

Que el gobierno mexiquense no reconozca la labor de Literatelia es ya un tema, y por el contrario, si ya la conocen cabe preguntarse por qué no la incluye entre los sellos independientes invitados a las ferias. A Ceballos nadie en la Secretaría de Cultura le ha explicado cuáles son los filtros para elegir a los participantes.

“Hay un par de editoriales pequeñas que conozco a las que en esta edición del 2026 les dieron un espacio gigantesco, el cual no podrán llenar porque no cuentan con esa capacidad. Son dos espacios, en realidad, y podrán llenar uno. Sabiendo eso, me pregunto por qué no pudieron ver eso y utilizar esos estands para invitar a más. Ahora, en esta edición 2026 de la FILEM, faltando dos días para la inauguración no se había informado a nadie si había sido aceptado. Tuve que comunicarme yo para saber eso. Tampoco sabíamos las fechas, no había fechas o no las informaron de manera oficial. Además, la Secretaría de Cultura tampoco nos tomó en cuenta para los apoyos al fomento de la lectura en Ixtapan de la Sal”, relata Ceballos, que no ha podido entender a qué se debe su marginación, porque su editorial tampoco se ha metido en cuestiones políticas ni ha apoyado a grupos políticos de ningún partido. Que haya presentado un libro en el festival de Quimera, en un municipio panista, no significa que yo pertenezca a ese partido o le deba algo. Tampoco que apoye la causa del Centro Toluqueño de Escritores, que este año ha sufrido los embates del alcalde morenista de Toluca, Ricardo Moreno, que pretende reubicar la sede, debería influir. Este alcalde convocó a los editores y artistas de la ciudad, a principios de su administración, para decirles que trabajarían juntos en festivales y actividades. A la fecha, casi nada se ha realizado.

“El libro que el FOEM dictaminó para publicación puedo publicarlo en una editorial sudamericana, pero realmente quería que saliera en tierra mexiquense porque representa una buena proyección y siempre es importante ser publicado desde casa. Se trata de un libro de cuentos. Esta publicación debió estar antes de la FILEM y sé que hay un retraso general desde el año pasado”, dice Ceballos, que no irá este año a la FILEM como editor ni como público.

En cuanto a la participación de la Secretaría mexiquense de Cultura, el fundador de Literatelia la observa como deficiente y con poca visión, pues además de todos los reclamos en torno a la organización de la FILEM 2026, ha centralizado todas las actividades en Toluca y no se ha preocupado por llevar a otros municipios algunos espacios, conferencias o presentaciones. Así que esta feria del Estado de México es en realidad una feria toluqueña. Apenas la UAEMéx llevó una actividad cultural a Tenancingo como extensión de la FILEM, pero ésta corrió por cuenta de la Universidad. Esa descentralización podría haber albergado a las editoriales que no fueron tomadas en cuenta, como TunAstral, otra empresa independiente de Toluca con décadas de actividad literaria.

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