Redacción VcV
Ocoyoacac, México; 27 de octubre de 2020. Llegaron a la alcaldía en busca de la presidenta municipal Anallely Olivares Pérez para exigirle su renuncia. También para obtener respuestas y reclamarle la nula seguridad en el municipio. Pero lo que comenzó como una marcha pacífica terminó en la toma violenta del edificio, una patrulla a la que le rompieron los vidrios y cristales rotos. Eran cerca de las cinco de la tarde y la ira de los pobladores estalló porque el domingo por la noche un cuádruple homicidio terminó con la vida de una familia, que vivía a dos cuadras del ayuntamiento. Los vecinos han identificado al asesino, pero no han revelado su identidad por temor. Y es que, dicen, es familiar de la encargada de la dirección de Seguridad, Yamel de Lara García.
La familia Torres fue asesinada en su casa. Cada uno de ellos recibió un tiro en la cabeza y no se ha podido descubrir la causa de la ejecución. En redes sociales circula la foto de un hombre a quienes vecinos de las víctimas señalan como presunto responsable. Uno de esos vecinos dice que vio al hombre entrar a la casa y después salir huyendo en su automóvil, con rumbo a Lerma, seguido de tres vehículos.
El lunes 26 los vecinos de la familia Torres expresaron su repudio públicamente colgando mantas en uno de los muros de la casa que habitaban los ahora fallecidos. Culpaban de la violencia extrema a la ineptitud de las autoridades locales. En ese marco, la comunidad convocó a una marcha para hoy a las cuatro de la tarde, a la que al principio acudieron pocos, pero en un momento se hizo enorme. La marcha canalizó el miedo de la comunidad, que ha visto los cuerpos de las cuatro personas tiradas por dos horas, antes de que alguna autoridad acudiera por lo menos a tomar nota.
Así, a las 4 de la tarde el palacio de gobierno lucía el enorme moño rosa que le colgaron para conmemorar un lejano día internacional contra el cáncer. Ahí se quedó, con sus 12 metros de altura señalando algo que no era precisamente el sentir de la población. Enfrente, en la plaza pública donde está escrito el nombre del municipio con letras gigantes, una manta muy pequeña pero suficiente para ser leída tenía el nombre de los ejecutados: América, Mateo, Paola, Rafael. Arriba, como encabezado, la palabra que se repite cien veces diariamente en México: “Justicia”.
Gonzalo Martín Vilchis, uno de los convocantes, dijo que están cansado de que sucedan estas desgracias, y que la tragedia de la familia Torres pudo evitarse.
-Sí, tenemos ya un tiempo trabajando en las anomalías que suceden en este municipio. Estamos por iniciar demandas. Entre esas está la de exigir la destitución de algunos funcionarios, como Yamel de Lara García, la encargada de la Secretaría Técnica de la Dirección de Seguridad, que la noche del multihomicidio había organizado una fiesta particular a la que acudieron policías municipales para resguardar la casa en la que se realizaba.
Vecinos de Ocoyoacac aseguran que el asesino ha sido identificado por vecinos en la calle de Juan de Dios, en el barrio de San Miguel, pero no denuncian por temor y una mujer apunta que el asesino es familiar de la jefa de Seguridad. Pero eso no puede comprobarse.
-Todo mundo conoce al asesino- dicen los vecinos-, y no es de aquí. Rentaba. Vendía comida china o japonesa.
Martín Vilchis confirma que hay una testigo, pero no ha declarado por miedo. Tiene temor fundado. Fue quien pidió apoyo a las autoridades pero nadie llegó, a pesar de que el lugar del asesinato está a dos cuadras del ayuntamiento. América, una de las fallecidas, se mantuvo con vida por varios minutos, pero nadie la atendió.
El recuento de muertos recientes en la comunidad es impresionante. Según los habitantes, hubo hace ocho días un evento sonidero, y ese día se encontró un destazado. Otro hombre murió quemado en el estadio local. Un barrendero fue ejecutado y todos esos homicidios fueron silenciados.
Hace 20 días, denunciaron, un desfalco de la Tesorería fue también encubierto por la alcaldesa. Acusó a un empleado, pero este se defendió y logró que se investigara de manera adecuada. Los vecinos denuncian que la obra pública es inexistente.
Mientras la multitud gritaba, la alcaldesa salió por una de las puertas laterales pero los vecinos la vieron. La persiguieron pero no pudieron alcanzarla. Entonces se abalanzaron sobre una patrulla y después tomaron el ayuntamiento. Rotos los cristales, la muchedumbre entró al palacio y la escasa policía municipal no pudo contenerlos. No hubo enfrentamientos pero sí una corretiza, cuando dos camionetas de la Guardia Nacional llegaron para intentar recuperar el inmueble. La gente se les fue encima y los gendarmes salieron huyendo. Ocoyoacac es un barril de pólvora y su alcaldesa es el detonador que lo hará estallar.



