16 octubre, 2026

Advierte FILEM 2026 a libreros que no tolerará quejas ni críticas so pena de no tomarlos en cuenta

Advierte FILEM 2026 a libreros que no tolerará quejas ni críticas so pena de no tomarlos en cuenta

Toluca, México; 15 de octubre de 2026

Miguel Alvarado

Libreros de Toluca y editores independientes comparten una preocupación que para ellos parece tomar fuerza y forma: los espacios de venta y presentaciones en la Feria Internacional del Libro Estado de México (Filem) que mañana se inaugura en su versión 2026, dejarán de ser gratuitos.

Esta Feria, que ha perdurado porque la organizan el Gobierno del Estado de México y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), ha conseguido eludir etapas críticas los últimos años. Primero fue trasladada hacia la periferia del municipio y anclada en el complejo de oficinas del Centro de Convenciones. Dejó por algunas ediciones el centro de Toluca, la simbólica Plaza de los Mártires, ubicada en el corazón de la ciudad, que al menos le garantizaba a la concurrencia librera la curiosidad de quienes pasaban por ahí. Era imposible no verla porque en la capital mexiquense casi todo sucede en el centro. Ahí están las oficinas públicas, los restoranes tradicionales y también llegan las manifestaciones con todo lo que eso implica. Ahí se cierran calles, se leen proclamas, se revienta el tráfico y se conmemoran las decenas de feminicidios que ocurren en la entidad. Por eso, en la contraesquina de la ubicación de la Feria, en la calle de Independencia, se colocaron las cruces de los casos más representativos, para que los vean y quienes no los conozcan se enteren de esa realidad que los gobiernos, priistas o morenistas, ningunean y minimizan lo más que pueden.

El experimento del Centro de Convenciones no salió bien para los organizadores de la FILEM, porque las editoriales vendieron significativamente menos y hasta el gobierno estatal tuvo que entrar al quite repartiendo vales canjeables por libros que luego pagaba el efectivo al vendedor. Aquel era un espacio enorme, pero nada más. Implicó una logística de transporte y hacer pucheros por los servicios de alimentación, malos, escasos y caros, además de la disminución de las ventas. Por eso regresaron al centro en el 2025. Pero ese año, la Feria no destacaría para nada en Toluca. La presencia de autores, libros y editoriales fue opacada por la represión policial que el ayuntamiento de Toluca implementó contra la marcha conmemorativa del 2 de octubre, cuya ruta histórica es el centro de la ciudad, las calles de Hidalgo, Independencia y Lerdo. La policía se plantó con todos sus granaderos unas cuadras antes y defendió el paso con todo el poder del tolete. Golpeados, heridos y asustados, los participantes intentaron pasar la muralla de robocops que el alcalde morenista de la progresista Toluca envió para detener aquello que, ante sus ojos y criterio, representa un desatino y un peligro real para los asistentes a la propia Feria. La izquierda que todavía intenta representar el alcalde Moreno, amigo y porrista de personajes como el senador Adán Augusto López o el diputado Sergio Gutiérrez, no alcanzó para detener aquella represión. A doscientos metros de los golpes de la policía, los asistentes a la Feria podían ver y comprar las ofertas de libros que narran los sucesos de 1968 o las desapariciones de Ayotzinapa, una ironía que solo puede vivirse en este país.

Ahora, en 2026, la Feria se prepara para abrir mañana. Están invitados algunos cracks literarios como la multipremiada Cristina Rivera Garza, que hace unos 30 años vivió en Toluca; o la joven escritora Dahlia de la Cerda, que como funámbula de gran calado ha conseguido equilibrar la fama, el barrio y su propia escritura. Otras autoras invitadas son Ana Clavel; Odette Alonso y hasta Luisa Cantú, directora de Noticias del Canal Once entre muchas, así como autoras mexiquenses a las que se les ha dado espacio.

Eso, el espacio.

El espacio de dos o tres mesas juntas y que por ahora es gratuito, es uno de los puntos de preocupación de los libreros y editores independientes, que además denuncian, de manera anónima, una amenaza proferida por personal de la Secretaría de Cultura del Estado de México: si criticas serán marginado para las siguientes ediciones.

“Desde marzo o abril, los años pasados, se comenzaba a organizar la Feria y te iban contactando para ofrecerte stands y diseñar los calendarios para presentaciones de libros. Ahora, desde marzo no sabíamos nada hasta apenas hace unas semanas. Empezaron a medianamente organizarla en septiembre y los encargados no tuvieron tiempo de revisar todas las solicitudes para ventas y presentaciones. Eso indica que muchos que solicitaron se quedaron sin espacios de ventas”, dice Alejandra, que asiste todos los años en representación de una editorial independiente y que pidió anonimato por temor a represalias.

Ahora, dice, con un mensaje que ha circulado en los grupos y chats de los editores, la Secretaría de Cultura del Estado de México, cuya titular es Nelly Minerva Carrasco Godínez, les advierte que no tolerará que se critique la organización ni tampoco habrá lugar para quejas, y que quien sea sorprendido publicando información ya no será tomado en cuenta.

“Me parece grave porque hemos llegado a unos niveles de censura que impiden señalar lo que se está haciendo mal”, dice la editora, que estará presente en la Filem hasta el 24 de octubre, cuando la Feria termina.

Esta vez la organización hizo los contactos con los participantes con el tiempo encima. De acuerdo con la editora, no había personal que diera seguimiento a las inscripciones y en la propia Secretaría de Cultura no tenían información. Remitían a la Universidad, que preguntaran ahí, pero las respuestas también fueron evasivas o de simplemente ignorarlos.

“Apenas el 13 de octubre publicaron el programa de la Feria y ese mismo día llegaron algunas confirmaciones para las presentaciones. Otras propuestas fueron rechazadas de último minuto, entre ellas algunas de quienes se habían quejado por las organizaciones de los dos últimos años. Esos rechazos tuvieron sus causas en esas quejas o críticas realizadas”, dice Alejandra quien recuerda, por ejemplo, la práctica del reparto de vales que el gobierno implementó para ayudar a subir un poco las ventas porque la afluencia en el Centro de Convenciones era realmente baja.

Y es que, recuerda la editora, en 2024 de pronto llegaban clientes con papelitos con sellos de la Secretaría de Cultura habilitados como vales que se habían repartido en alguna parte y que garantizaban su canje por libros hasta por 300 pesos. Pero de este mecanismo el gobierno no informó a los vendedores, que se negaron a cambiarlos ante la duda de que fueran válidos.

“Se generó un pleito tremendo ante eso, porque todos se enojaron. Los clientes, los empleados y las editoriales. Y es que tampoco los encargados de Cultura sabían acerca de esos canjes. Así se perdieron muchos vales y ventas. Al final llegó alguien de la Secretaría y justificó aquellos papelitos como una ayuda para que las editoriales no se fueran en blanco. Al final de la jornada, el enviado sacó sobres amarillos y pagó en efectivo a quienes habían accedido al intercambio de vales”, dice Alejandra, que recuerda que los libreros comenzaron a organizarse para reclamar las decisiones unilaterales del gobierno y la falta de certezas que había generado. Todos los libreros presionaron hasta que lograron una explicación adecuada.

A las seis de la tarde, dice, llegó alguien de la Secretaría con una bolsa de papel estraza, y les dijo que se formaran con los vales para que les pagaran. Eso pasó en 2024 y habían dicho que los vales se habían repartido de manera equitativa, pero eso tampoco fue verdad. En la fila de pagos los vendedores de las editoriales trasnacionales llegaron con fajos de vales que superaban diez a uno a los de los independientes. En 2025 aparecieron de nuevo los vales, aunque ya no hubo el caos de la edición anterior. Sin embargo, los vales indican que la Feria no ha sido un lugar bueno para vender y que el gobierno rescata económicamente y como se le va ocurriendo a las editoriales, entre las cuales incluye a las que tienen en su poder al 80 por ciento del mercado de libros, como son Planeta, Random y el propio Fondo de Cultura Económica.

La UAEMéx, por su parte, tampoco ha colaborado en informar de la logística de la Feria. A estas alturas, ya no hay nadie que informe a los participantes. Hace poco, en marzo, fue despedido el director de Publicaciones de la UAEMéx, Jorge Robles, quien también se encargaba de organizar la participación universitaria en la Filem. En su lugar quedó Adriana Juárez Manrríquez, que antes trabajó en el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE) cuya instancia depende de la Secretaría de Identidad y Cultura universitaria, a cargo de Cynthia Ortega. También en la Secretaría de Cultura cambiaron a los encargados de la Feria este año y si ya había descontrol, ahora es peor debido a la incertidumbre que se ha generado. Sérpico Vladimir Francisco José Contla Ortega, secretario ejecutivo del Consejo Editorial del CEAPE, coordina al equipo organizador de la Feria.

Apenas a dos días de la apertura, la Universidad y el gobierno mandaron a los participantes un boletín informativo desde el que los convocaban a presentarse al centro de Toluca para montar los espacios.

“A los que somos de Toluca y de la CDMX eso nos perjudica menos que a los que vienen de otras entidades. ¿Cómo van a llegar a tiempo los que vienen del norte o del sur del país? No lograrán hacerlo. No puedes avisarles con el tiempo tan corto. Hay algunos que decidieron ya no asistir, porque no pueden arriesgarse a invertir en algo que está repleto de incertidumbres generadas por los organizadores”, señala Alejandra, quien señala que este tipo de situaciones va generando una “depuración” de los participantes, que de manera voluntaria se van para evitarse pérdidas económicas, lo cual, y de acuerdo con sus experiencias en otras ferias, terminaría en el cobro de los espacios.

Actualmente, los espacios que ocupan las editoriales son determinados por el gobierno y la Universidad, que consideran “la importancia” de las empresas. En la Filem, los espacios más grandes son para la Universidad y el gobierno, y después viene la distribución para editoriales para Planeta, Random y otras, aunque no siempre sus ubicaciones son las principales. Las editoriales independientes ocupan los pasillos secundarios y los stands más pequeños.

El programa completo de la Feria puede leerse en esta liga.

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