2 mayo, 2026

Los defensores del agua y de la tierra

Aun en sueños, los pies andan bosques desaparecidos;
aun cerrados, los ojos miran follajes inexistentes;
aun cortada, la mano acaricia la rama que se ha ido.

Karen Flores / Cartas cruzadas

Puebla, Puebla; 26 de junio de 2021.

Sí, mi querido poeta.

Yo también extraño aquellos paisajes en los que crecí. Nunca pensé no verlos.

Hasta que un día no estuvieron más ahí.

Mi abuela ya me había hablado de todos estos cambios, lo confieso. De los ríos secos o grises, de los cientos de árboles cortados en su pueblo, de las aves que una mañana dejaron de cantar en la ventana.

¿Sabes? No imaginé ver destruido lo que amaba en tan poco tiempo. No esperaba, quizá muy ingenuamente, que la avaricia y la ambición de unos pocos se impusiera por sobre todo.

Aún me falta mucho para entender cómo funciona este mundo, supongo.

Disculpa a esta sentimental.

Retroceden ríos, piedras y los pájaros

remontan hacia abajo

Los canelos sagrados nos recuerdan oraciones

mientras las machis en los últimos bosques

se refugian

No hay serpientes que eleven adormilados cerros

No hay estrellas, sólo la pálida luna

Nos acostumbramos a eso.

A los cauces áridos. A las sequías. A los incendios.

A la devastación.

Recuerdo, sí. En lugar de las amplias extensiones verdes aparecieron esas tiendas de artículos en serie. Grandes fábricas e industrias. Cientos y cientos de unidades habitacionales. Extensas áreas de monocultivo, esos “desiertos verdes”, con sus insecticidas. Carreteras que acortaban caminos, sin importar qué destruyeran a su paso.

Ya sabes. Lo que se da en llamar ‘progreso’.

Pero sólo viene para unos cuantos, claro. Los demás, tú y yo, debemos conformarnos con lo que queda. Afrontar las consecuencias. Sonreír cuando el agua del río que usas para limpiarte la cara, el cuerpo o la ropa, te quema las manos (pues esa fábrica textil de los alrededores no tiene el dinero suficiente para tratar sus residuos, obvio. Y menos si es extranjera).

A veces olvida uno que lo importante aquí es producir. Más, más y más. Cada vez más.

Porque sí. Al menos, algunos de los nuestros han triunfado, ¿no?
Y los que no, bueno. La minoría que sí puede hacerlo, quizá deseen ser como esos pocos. Tal vez hasta se esfuercen por ello. “Vean todo lo que puedo comprar”. Te enseñaron que a partir de eso se mide el éxito que has tenido en la vida (¿lo demás qué?).

Uno no piensa que esas 128 mil hectáreas de bosque taladas cada año en nuestro país lleguen hasta la puerta. Que dejen de ser sólo cifras que lees en un titular para meterse de lleno en tu casa y dejarte sin hogar, ni comida.

“Eso sólo les pasa a los pobres y a los indígenas”, les he oído decir mientras sacan notas que sustentan esos argumentos: los números que evidencian el riesgo diferenciado a los desastres naturales (o a la explotación y al despojo) cuando no se posee nada, o muy poco.

Porque la Tierra es nuestra y podemos hacer con ella lo que queramos, ¿no? Al menos eso es lo que nos dicen los que ya son dueños de ‘todo’.

Es mediodía. En el silencio perfecto se escucha
el ruido de la motosierra que avanza hacia nosotros
tumbando árboles y segando alas. El hombre, con sus mil hijos
desnudos y hambrientos, viene gritando sus necesidades
y se lleva puñados de mariposas a la boca.

Sí, lo sé. Admito mi deuda con ustedes.
Con quienes han alzado su voz. Incluso si la vida está en juego.


Desde hace años el río
no atraviesa el campo
su caudal sigue cayendo
en las barrancas del recuerdo.


Luis Urbano Domínguez, asesinado a tiros justo en el centro de Ciudad Obregón este pasado 8 de junio.

Tomás Rojo, desaparecido desde finales de mayo hasta que su cuerpo fue encontrado, en esta misma semana, dentro de una fosa. Dicen que se le identificó por el pañuelo rojo que siempre llevaba atado en el cuello.

Los dos, yaquis (de una tribu que, sin acceso a la justicia, ha luchado durante años en contra de megaproyectos energéticos en la región que la han despojado de recursos naturales).

Ambos, defensores ambientales del agua y la tierra en Sonora.

Un tigre he dibujado en el arroyo para que el agua libre se defienda. Parece haberles escrito, en honor a su muerte, muchos años antes el autor huilliche Jaime Huenún.

Pero no se muere mientras permanezca el recuerdo.

Porque, aunque no estén aquí, su lucha seguirá en la voz de muchos otros.

Asesinar y explotar no se justifica con necesidad o placeres.No son números, sino resistencia.

Y los nombramos.

Homero Gómez. Raúl Hernández Romero. Benito Peralta. Isaac Medardo Herrera. Adán Vez Lira. Juan Zamarrón. Eugui Roy Martínez. Paulina Gómez. José Luis Álvarez. Jaime Jiménez Ruíz. Miguel Vázquez Martínez. Marco Antonio Arcos. Juan Aquino González. Samir Flores Soberanes. Otilia Martínez. Agustín Valdez.

A muchos, muchos más.

En el país de la memoria
Somos los hijos de los hijos de los hijos
La herida que duele, la herida que se abre
La herida que sangra hacia la Tierra.

Bibliografía

Aridjis, Homero. (1990). Árboles 3. Imágenes para el fin del mundo y Nueva expulsión del paraíso. Editorial Joaquín Mortiz.

______. (2013). El río. Del cielo y sus maravillas, de la tierra y sus miserias. Fondo de Cultura Económica.

_______.(1994). Sobre ángeles. Tiempo de ángeles. Consejo de la Crónica de la Ciudad de México.

Chihuailaf, Elicura. (2020). Selección de poemas de Elicura Chihuailaf: “Nuestra lucha es por la ternura”. Interferencia.

Gómez Durán, Thelma. (18 de marzo del 2020). México: 83 defensores del ambiente y el territorio asesinados entre 2012 y 2019. Mongabay.

Guillén. Beatriz. (11 de junio del 2021). El asesinato del defensor yaqui Luis Urbano exhibe de nuevo el peligro de la lucha por el agua en Sonora. El País.

_______. (22 de junio del 2021). Localizado el líder yaqui Tomás Rojo en una fosa en Sonora. El País.

Huenún, Jaime. (2012). Reducciones. LOM.

Lugo, Leonardo. (31 de diciembre del 2020). En México, 14 activistas ambientales y trans fueron asesinados en 2020. Milenio.

Méndez, Ernesto. (21 de abril del 2021). En plena pandemia, México en el Top Ten de países con mayor deforestación. Excélsior.

Notimex. (26 de junio del 2019). La moda es una de las industrias más contaminantes: ONU. Forbes.

Redacción. (1 de febrero del 2021). México pierde 128 mil hectáreas de bosque al año. La Jornada.

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