Carla Valdespino Vargas
1. El árbol de Adán de Gerardo Guinea Diez
Miro la foto. Una mujer llora delante del memorial. Sus manos en el rostro cubren las lágrimas que seguramente brotan. Miles de nombres grabados, ochomil para ser exacta. Palabras en silencio. Al fondo, hileras de pequeños monumentos mortuorios surcan el pasto. Dibujan formas alargadas. Paisaje. Muerte. Srebrenica. 1995. Masacre de bosnios musulmanes.
Las palabras de…vaya no sé su nombre, pero conozco su historia, sus palabras, su camino al revés, al origen, su pregunta que continua retumbando en mis oídos ¿De qué fuimos culpables? Sí, sus palabras me acompañan en mi propio camino, a mi propio origen que desconozco. No tengo miedos, ni muertos. No soy cuerpo-recipiente de muerte. Pero soy todos los sentimientos que salen de mis poros al escuchar sus palabras, al recorrer los pasos que se van para venir, para encontrar el árbol, la ceiba que un día fue el origen del mundo, la ceiba de la que nació la vida, pero que hoy, ayer, quizá mañana sean el hogar de un Adán, de muchos adanes.
Soy los pasos del hijo de Adán y de María. Soy los ojos de Lucía. Soy la mujer ante el memorial de Srebrenica. Soy los pies de Goytisolo en su camino a Sarajevo, el silencio de los 300 musulmanes calcinados en una mezquita. Soy los pasos de Ignatieff en aquel cine de Croacia, cuya huella se marcaba en el polvo… polvo de huesos humanos. Soy la mirada del maestro rural… soy las cenizas que se esparcen por cada palabra… por cada rincón de Guatemala. Las ropitas de los niños, de sus niños, mis niños.
El caminar, ¿qué significa caminar? Es regresar a lo que fuimos, a lo que somos, a esa violencia que se normaliza. Caminar es el arte de crear mapas, el mapa de la vida del Colgadito, el mapa de las trenzas de María, sí la imagine de trenzas en esa silla. El mapa de historia de dictaduras, de la violencia. El mapa de América Latina, de Bosnia, de Sarajevo, de Croacia, de Ruanda y Guatemala.
Caminar es crear el espacio, caminar con el símbolo de la eterna errancia: los brazos hacia arriba: No, no traigo armas. Hablar para exorcizar. Después de leer las palabras de Guinea, he aprendido a caminar con otro ritmo, con la voz contando memorias.
No, no tengo miedos. No tengo muertos. Pero, también tengo un pie hundido en el infierno de este mundo. Y hablo para caminar hacia el lugar del nunca me fui. Mi origen, nuestro origen: Guatemala/Bosnia/Srebrenica/Fosas aquí y allá. Muertos, miles de muertos, nombres, miles de nombres que no deberían estar olvidados, grabados en un memorial. Pero están. Y El Árbol de Adán nos lleva por ese camino, para no olvidar la guerra cuando no hay guerra, para no olvidar las culpas cuando somos inocentes.
Y hoy, aquí como en aquel hotel de Sarajevo son las ocho en punto, pero no sabemos de qué día, de qué mes, de qué año. Pero estamos puntuales en la memoria de Guatemala.



