Miguel Alvarado: texto. Ramsés Mercado: imagen. Brenda Cano: diseño.

Toluca, México; 1 de julio de 2022

Volaris ha reanudado vuelos en el aeropuerto internacional de Toluca, una terminal aérea que nació con la suerte torcida pero también desde un parto de abuso por el despojo de tierras que sufrieron ejidatarios de la comunidad de San Blas, al norte de Toluca.

Inaugurado el 4 de agosto de 1984, fue construido como parte de una idea de  conectar servicios aéreos entre terminales cercanas y crear una red de apoyo para la Ciudad de México, pero en algún punto Toluca se vino abajo. Nunca cerró, pero dejó de operar vuelos nacionales y extranjeros. Muy pronto, los vuelos charter o privados, así como los de carga, se convirtieron en los principales usuarios. También fue llegadero de estrellas de cine y deportistas como Diego Armando Maradona, Madonna y Daniel Craig. A la par, a la sombra de los largos pasillos vacíos, de la inactividad llevada al cero, los cárteles del narco vieron un espacio ideal para ellos.

Por ejemplo, frente al aeropuerto el rey de las metanfetaminas, Zhenli Ye Gong construía un enorme edificio que le serviría de bodega y oficina de operaciones. Así habría sido si no lo hubieran detenido en 2007 en posesión de 207 millones de dólares, como parte de la llamada Operación Dragón.

Ese edificio fue cerrado y después vendido por la familia Peralta, a la cual pertenece el actual secretario de Desarrollo Económico del Edoméx, Pablo Peralta.

El periodista Elpidio Hernández recordaba que un número telefónico en una lona colgada en el edificio de Ye Gong, en aquel año, “conectaba directamente a la compañía Etic Art, una de las tantas empresas pertenecientes al Grupo IUSA, propiedad de la familia Peralta. Una voz amable pero con recelo detallaba que se trata de un predio de 24 mil metros cuadrados ubicado en el lugar donde está el anuncio. El precio es de mil 200 pesos por metro cuadrado -unos 29 millones de pesos- y para mayores informes ofrece concertar una cita a todo aquel interesado.

“De acuerdo a la página web que se puede consultar en la dirección http://www.etic-art. com.mx, la empresa que oferta el inmueble es una compañía dedicada a la elaboración de todo tipo de etiquetas, dirigida a cualquier particular o empresa que necesite proyectar una imagen; se anuncia como una empresa de calidad, experiencia y liderazgo. El espacio virtual detalla que la firma fue fundada en 1969 e incorporada al Grupo IUSA en 1979. Está ubicada en el número 284 del antiguo camino a San Lorenzo, en Iztapalapa.

“Etic Art es una de las múltiples empresas que maneja Carlos Peralta Quintero, heredero del emporio IUSA (Industrias Unidas SA), consorcio fundado por Alejo Peralta y asentado en la población de Pastejé, en el municipio de Ixtlahuaca, Estado de México”.

El aeropuerto no creció y las aerolíneas no regresaron. Un ex empleado aduanal confirmaba que llegaba constantemente embarques de droga a Toluca en vuelos particulares que luego se llevaban en camionetas. Lo mismo pasaba al revés. De Toluca salían vuelos que nunca fueron investigados. Y así, la operación de la terminal aérea de la capital mexiquense se fue al diablo.

Un nuevo intento

Hoy, primero de julio, Volaris despidió el primer vuelo de una nueva etapa impulsada también por el gobierno federal, porque así trata de reforzar las operaciones del nuevo aeropuerto internacional Felipe Ángeles, la magna obra de Andrés Manuel López Obrador.

Dieciséis años después, la empresa del mexicano Enrique Beltranena anuncia entre globos, música y edecanes, que operará 14 vuelos diarios en la ciudad que “nos vio nacer, cuando 140 pasajeros abordaron con nosotros rumbo a Tijuana”.

Conmovido y emocionado, el empresario, un ex socio de Carlos Slim y de Emilio Azcárraga, recordó que los empleados se le acercaron para recibirlo como en su casa. Poco le faltó para decir que lo habían recibido como el salvador del aeropuerto. No lo hizo, ni tampoco presumió que su empresa es una de las líderes mundiales en vuelos low-cost o de bajo costo, lo cual puede interpretarse de varias maneras. Pero hoy, Beltranena estaba eufórico y por eso dijo que en los últimos seis meses se trabajaba para garantizar el desarrollo económico de los empresarios. Luego la pensó mejor e incluyó, en esa entelequia que sólo visualiza a la elite del dinero, a la abstracción del concepto de turismo y a las áreas conurbadas al aeropuerto como beneficiarias de sus proyectos. Nunca, en México, áreas conurbadas a núcleos empresariales han alcanzado los mismos beneficios que el empresariado. Lo más, se han creado regiones con desigualdades brutales como son Naucalpan, Tlalnepantla, Huixquilucan y Zumpango, en el valle de México.

Hace una semana, habitantes de San Blas, una población asentada junto al aeropuerto, denunciaron que las tierras en las que vivían en 1984 les fueron expropiadas para construir pistas. Hoy, es la fecha que los terrenos que les dieron a cambio no han sido escriturados porque el ayuntamiento de Toluca jamás les entregó documentos. Más aún, la alcaldía del ex edil morenista Juan Rodolfo Sánchez Gómez los ofreció en prenda en un juicio en el que el municipio es demandado por impago.

Pero eso no lo ha visto el CEO de Volaris que mejor enfatiza o grita, a micrófono abierto, que sus estrategas han logrado ofrecer un millón de asientos mensuales y destinos a Puerto Vallarta, Cancún, Tijuana, Guadalajara, Los Cabos y Huatulco.

“¡No saben lo agradecidos que estamos! ¡No saben lo que esto significa para este país! Conectaremos Los Ángeles, Ontario, Chicago y Sacramento vía Guadalajara. Y a San Diego vía Tijuana”, dijo Beltranena sin mirar más allá de las pistas.

Volaris pretende realizar 400 vuelos al mes, lo que representa 75 mil operaciones mensuales.

Luego, fue aplaudido cuando dijo que ayudaría a reforzar la industria hotelera de la entidad. Y luego volvió a ser ovacionado porque prometió entregar el equipaje de los pasajeros antes de media hora, después de los aterrizajes. Si no, devolvería el importe del pasaje.

“¡Así de grande es mi compromiso!”, dijo, transido de emoción mientras volteaba a ver al presídium.

Después, el secretario de Movilidad estatal, Luis Gilberto Limón, decidió que era buen momento para soltar una frase de la biblia y dijo a rajatabla que “hay un tiempo para trabajar pero también hay tiempos para agradecer”, para después señalar que “es un honor trabajar de la mano con el gobierno federal”, mientras miraba a los ojos al representante de Alejandro Varela, subsecretario del Transporte.

Limón saludó a su amigo, el alcalde de Toluca, el priista Raymundo Martínez y entonces, emocionado como el empresario Beltranena, soltó sin más que “hay que democratizar los servicios de aviación”.

Limón levantó la mirada y también él abrazó al presídium. También él se sintió distinto y cumplidor cuando le regresaron esa cortesía. De los habitantes de San Blas ni de los planes de expandir el aeropuerto sobre tierras ejidales nada mencionó. La democracia es para todos, pero no hay que exagerar.

Marcela, Hugo, Pablo –este último miembro de la familia Peralta- fueron mencionados en el bíblico discurso de agradecimiento del secretario Limón, aunque ninguno de los que estaban ahí por casualidad o curioseando supiera quiénes eran.

Los lugares comunes, a los que son tan particularmente afectos empresarios y políticos, eran mencionados por Limón como un autómata. “Estamos de manteles largos. […] Consolidamos el Grupo Aeroportuario Metropolitano con altura de miras. […] Nuestro principal objetivo es uno trascendental: ofrecer más y mejores opciones de vuelo”. Así, hilando, una vez más las comunidades vecinas del aeropuerto quedaron invisibilizados entre las obras de conectividad, las obras magníficas del gobernador Alfredo del Mazo e incluso la autopista de cuota Toluca-Naucalpan. Todo es progreso, aviones surcando el cielo toluqueño.

Al final, el aeropuerto de Toluca tratará de atender a 8 millones de pasajeros en un año, y superar el sexto lugar nacional en número de operaciones.

Sí, larga vida a Volaris.

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