Ramsés Mercado: imagen e información. Miguel Alvarado: texto. Brenda Cano: diseño.

Otzolotepec, México; 23 de junio de 2022.

Patrullaban los caminos cerreros de la comunidad de Santa Ana Jilotzingo en Otzolotepec porque los bosques han sido cortados. Hace años los talamontes comenzaron a devastar esta y otras regiones como las del volcán y Valle de Bravo. Hace unos 15 años los talamontes se aliaron con los cárteles locales y trabajan en conjunto. Es bien fácil ver los resultados: desde Toluca, la montaña del Xinantécatl tiene cada vez mayores áreas cafés y grises, lo cual quiere decir que no hay árboles. En Otzolotepec, los claros en los cerros se abren cada vez más amplios. Ahí quedan los tocones, los troncos podridos que no se llevan, el despojo de las cortezas que se pudren.

Las protestas contra la tala provienen de todos los municipios con reservas forestales. Jilotzingo, por ejemplo, ha entablado desde años una lucha frontal contra la devastación de las áreas reservadas del corredor mexica-otomí, y las comunidades se enfrentan a la tala que realizan las fraccionadoras e inmobiliarias. Lo mismo pasa en la zona de Malinalco y Chalma; en Sultepec, en Coatepec Harinas, al sur de la entidad y en el valle de México se han extinguido o casi los pulmones de la Sierra de Guadalupe y los bosques de Villa Nicolás Romero y Villa del Carbón.

El 5 de junio los comuneros de Ocuilan cerraban los pasos de la carretera a Chalma como inútil protesta contra los talamontes, que también han ocasionado la sequía de las lagunas de Zempoala. Sólo quedan tres y apenas hay agua. Los talamontes van armados y eso impide enfrentarlos. Hace 15 años se habían detenido las campañas de reforestación en el volcán porque el narco se había asentado ya en sus parajes. También, en Ocuilan, se ha denunciado que los talamontes trabajan para políticos de la región y por eso pueden actuar impunemente.


Por los caminos de Santa Ana Jilotzingo, en la Sierra de las Cruces, el 24 de junio de 2022 van las camionetas del Ejército mexicano de la 22 Zona Militar, junto con policías estatales, que así responden a las protestas de Ocuilan. Si no lo hubieran hecho, no habría patrullajes. Y esta vez, en el contingente van también reporteros.

El Ejército y los estatales hacen lo que pueden y con todas las limitaciones de presupuesto y logística han conseguido algunas cosas, por ejemplo la clausura de tres aserraderos en Ocuilan y de cinco más en Otzolotepec, los cuales fueron asegurados con todo lo que contenían. Sin embargo, es poco ante el tamaño de la tala.

Y en el cerro y bien entrados en las brechas, los militares ha encontrado dos camionetas cargadas de troncos que han sido abandonadas. Los talamontes fueron avisados del operativo y no tuvieron tiempo de llevarse las cargas. Por eso, han atravesado uno de los vehículos para impedir el paso a las fuerzas armadas, que lo libran sin dificultades. Los militares y policías se detienen entonces e inspecciona el lugar. Al parecer no hay nadie en los alrededores y los agentes creen que puede ser seguro para que los reporteros bajen y tomen imágenes. En eso están cuando por la misma brecha aparecen dos camiones cargados de gente. Deben ser unas 100 personas, entre adolescentes y hombres, que se dirigen a donde están parados, que se prepara porque aunque se identifican como habitantes de la zona, en realidad van a recuperar los troncos, que ya han sido incautados. El Ejército se disponía a llevárselos, pero ahora una centena de personas enojadas lo impide. Entonces hablan con los elementos superados ampliamente en número. También deben proteger a los reporteros, a los que no debe pasarles nada. Luego de unas palabras, se llega al acuerdo de devolver las unidades cargadas de troncos, pero ni siquiera eso resulta fácil. Los talamontes son agresivos y aunque se apuran a sacar los camiones, se mantienen a la expectativa. Los soldados se ubican en las orillas y aguantan en tanto salen las unidades. En las maniobras para sacar las cargas, una de las camionetas es chocada contra las rocas.

– ¡Uno está reportando y no suben!- les reclama uno de los pobladores a los soldados, pero ya una bronca surge cuando los pobladores se encaran con los policías estatales.

– ¡Que no se pasen de verga!- reclaman a los policías.

-¡Que no me toque, que no me toque!- dice otro, y en ese momento se acercan más personas, que deben ser retiradas por los líderes o jefes para que la cosa no pase a mayores. La prioridad en este operativo son los reporteros, que se dan cuenta de cómo están las cosas en los cerros del valle de Toluca, una invisible zona de guerra a la que muy pocos pueden acceder. A veces, sólo se puede entrar así, con la protección policiaca.

Una vez que se han ido, entonces se toma la determinación de volver porque ahora sí, ya nada es seguro. Los cárteles no temen enfrentarse con soldados o marinos, o con la Guardian Nacional y los estatales, como han demostrado en el sur del Estado de México. Así que el convoy se retira y busca refugio en uno de los aserraderos asegurados días antes. Ahí, bajar del monte será un poco más fácil.


De acuerdo con las fuerzas armadas, hay seis zonas críticas de talamontes de este lado de la entidad: Sierra de las Cruces, Nevado de Toluca, Sierra de Zempoala, Sierra la Goleta, Sierra de Amatepec y la zona de la mariposa Monarca, por el rumbo del municipio de Donato Guerra, en los límites con Michoacán. Casi todas estas regiones son parte de una región dominada por el narco.

El teniente de Infantería José Eduardo P. Burgos, adscrito a la 22 Zona Militar, acepta que los talamontes son un problema de una magnitud enorme. “En este operativo los talamontes chocaron adrede una camioneta y otra la atascaron en el lodo para impedir que se requisaran. Pero la población, por miedo principalmente, cubre a los talamontes. Nosotros no quisimos enfrentarlos con violencia para no meternos en un problema, decidimos avanzar y dejar los vehículos”. De acuerdo con el teniente, las zonas de tala están muy afectadas, explotadas de manera considerable.

Hasta ahora, en lo que va de los operativos, no hay detenidos.

Fotografía: Ramsés Mercado.

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