Daniel Hernández: texto e imagen. Brenda Cano: diseño.

Toluca, México; 22 de enero de 2022

Con su mirada fija, el pulso preciso de sus manos en cada trazo y rodeados del silencio, un grupo de especialistas se encarga de rescatar del deterioro los materiales y elementos históricos de cerca de 62 mil 217 obras de maestros antiguos y contemporáneos del arte mexiquense.

Guadalupe Peredo Ramírez, jefa del Departamento de Restauración de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado de México lidera a este equipo de siete técnicos en restauración, quienes con pinceles y algunos bisturíes devuelven el color, volumen, dimensión y lectura original de obras de hasta cuatro siglos de antigüedad.

“Nosotros nos dedicamos a restaurar, a conservar y rescatamos la obra del deterioro. Podemos decir piezas prehispánicas, colonial, moderno y contemporáneo que pueden ser pinturas de caballete, murales cerámicas, esculturas una gran variedad de acervos”, explica.

En una sala ubicada en el Museo de Antropología en el Centro Cultural Mexiquense trabaja este equipo de profesionales, aquí llegan todas las piezas que requieran de atención, ya sea por plaga, deterioro o algún daño.

Todo comienza desde el ingreso, cuando se levanta una “historia clínica”, un reporte detallado con datos del autor, año y materiales que da cuenta del estado de la obra y con ello se determina el proceso adecuado que se debe seguir para su restauración, explica Benito Renedo Mejía, quien trabaja en una escultura en madera del profeta Moisés.

“Todas las obras pasan por un registro, se le hace lo que es la historia clínica si se saben los autores se anotan, en este caso no es anónima, los materiales compositivos, la iconografía”, dice.

Del otro lado del estudio se encuentra Irma, quien devuelve color y las sombras en el retrato de un exgobernador de la entidad mexiquense, quien explica que este oficio requiere de conocimientos de biología, química ya que cuentan con un pequeño laboratorio donde hacen pruebas con químicos básicos para encontrar la solución que de las mejores reacciones sobre los materiales sin comprometer las obras.

Otras épocas: otros desafíos y otras técnicas

Con el paso de los años, su trabajo también ha evolucionado. De la mano de la tecnología se han desarrollado técnicas que permiten un trabajo más detallado. Cuenta de ello es el laboratorio físico, un cuarto oscuro y con equipo especializado de luces y cámaras con los que a través de la reflectografía realizan diagnósticos profundos que no se ven a simple vista.

“Utilizamos luces y cámaras especiales, luz infrarroja y ultravioleta, las cuales nos permiten hacer un diagnóstico más preciso de la obra, de su superficie pictórica y en qué estado se encuentra, lo que se puede llegar a ver es si no hay otro lienzo u otra imagen, también los trazos que hizo el pintor ya sea con carboncillo o cómo dio sus primeras pinceladas”, dice Peredo.

El compromiso de su labor está basado en el respeto, explica Peredo y para ella su trabajo se trata de respetar el original y sólo restaurar o intervenir los faltantes dejando el ingenio del artista.

Otro de los retos a los que se enfrentan, dice, es a las intervenciones no profesionales que sin una correcta capacitación podría significar la pérdida de objetos con valor histórico.

“Actualmente se puede decir que hay personas que se atreven a restaurar sin conocimiento y pueden dañar las obras. Una pintura de caballete tiene veladuras que son colores muy tenues que dan cierto movimiento o cierto volumen a las pinturas, muchas veces se utilizan materiales no adecuados y se pueden eliminar esas veladuras y se pierde”, dice Peredo.

Los tiempos para restaurar una pieza pueden variar entre días, semanas, meses y años, todo depende del trabajo que requiera cada obra antes de regresar a su acervo o espacio de exhibición dentro de los 82 museos mexiquenses a cargo de la Secretaría de Cultura, donde el público puede volver a apreciarlas con su lectura original.

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