Miguel Alvarado: texto. Información: Ramsés Mercado. Diseño: Brenda Cano.

San José El Guarda, Joquicingo; 27 de noviembre de 2021.

Lo vieron tomar el tramo. Vieron cómo aceleraba y también observaron cómo el camión de la empresa Transportes Tejeda, que llevaba por lo menos a 51 pasajeros a bordo, se estrellaba contra una casa. En realidad, se estrelló contra el local en el que se ubica una pequeña estética, que para esa hora – las ocho de la mañana, aproximadamente- estaba cerrada.

Ese choque de frente dejó un saldo de 21 muertos y 30 heridos, de acuerdo a los reportes de la policía mexiquense, que se limitó a informar acerca de las cifras, los daños y los muertos en la localidad de San José El Guarda, en el municipio de Joquicingo, el 26 de noviembre de 2021.

El primero que se dio cuenta de que el camión se había ensartado contra la mole de cemento fue un joven, que echó a correr hacia la estética porque en ese mismo lugar vivían sus abuelos. Entonces, antes de fijarse en las víctimas o en los sobrevivientes, entró a la casa de sus parientes y vio que se encontraban a salvo. Ya con eso, se ocupó del camión. Para ese momento otros vecinos se habían acercado y ya habían comenzado a dar aviso a las autoridades. Pero las ambulancias tardarían en llegar hasta una hora. Por eso fue que los habitantes decidieron actuar.

Fueron ellos quienes rompieron los cristales laterales del camión y asistieron como pudieron a los heridos. Fueron bajando a los que pudieron, para intentar agilizar su atención médica. También fueron ellos quienes bajaron los cuerpos de los pasajeros muertos y fueron acomodándolos a un lado del autobús. Hay testigos que creen que algunos de los pasajeros habrían podido salvarse si la atención especializada hubiera llegado a tiempo, pero eso solamente quedará en el terreno de las suposiciones y, en todo caso, del aprendizaje de las tragedias.

En medio de todo, de los 19 cuerpos que fueron sacando del camión los rescatistas que llegaron a la población de San José El Guarda, decimos, en medio de todo eso fue pronunciándose el nombre de Armando Tejeda, un diputado panista michoacano que más que político es empresario del transporte en aquella entidad.

“El dueño es él, y sus unidades las tiene descuidadas, sin mantenimiento”, dijeron de inmediato los familiares de los 21 muertos y de los 30 heridos. Parte del techo de la construcción contra la que se estrelló la unidad se metió por el ventanal delantero y se llevó todo lo que había entre las primeras cinco hileras de asientos, incluidas las vidas de quienes iban ahí.

El camión había sido contratado para ir al santuario de Chalma, al sur del Estado de México. El transporte había salido desde Sahuayo, Michoacán, ubicado muy cerca de la frontera con La Barca, en el estado de Jalisco.

Este, que es uno de los accidentes carreteros más graves de los últimos tiempos en los que se ven envueltos camiones de pasajeros en el Estado de México, al principio pasó casi desapercibido porque los primeros reportes, cerca de las 8 de la mañana, ni siquiera contabilizaba heridos. No había muertos desde esa comunicación oficial y el accidente parecía otro más, uno de tantos. Sin embargo, de golpe, la realidad cambió. Primero, se contaron tres fallecidos, pero esa cifra se multiplicó en pocos minutos, cuando los cuerpos de rescate ya se habían dado cuenta del tamaño de lo sucedido. Los 19 muertos que se fueron amontonando alrededor del camión, que a simple vista no parecía dañado sino más bien abollado, golpeado en uno de sus costados, mostraron en un instante el significado de todo eso.

Era muy pronto para obtener conclusiones, pero el apellido Tejeda fue relacionado de inmediato a las condiciones del camión. De acuerdo a los rescatistas, lo más probable era que la unidad se quedara sin frenos o que el chofer se hubiera dormido después de horas manejando.

II

– ¡Unas escaleras, traigan unas escaleras!- gritaron los habitantes de El Guarda cuando llegaron a un costado del camión, que se había ensartado como un fiambre al techo de la construcción. No se oía nada, todavía nada, pero bastaba con acercarse a las ventanas laterales para darse cuenta de lo que estaba pasando adentro. Así que mientras conseguían las escaleras para trepar por alguna de esas ventanas, calcularon que los que iban en la parte delantera habrían muerto porque ese brazo encementado que era el techo había barrido con todo: con maletas, bolsas, alimentos y con la fragilidad de los cuerpos que habían sido prensados, golpeados, aventados y triturados tan rápida y repentinamente que muchos de los que murieron no se enteraron de lo que pasó. Pero los que iban atrás lo vieron todo. Los que iban dormidos abrieron los ojos y vieron que ese brazo mortal se había llevado a sus compañeros y que ellos, los sobrevivientes, estaban heridos y golpeados, pero también atrapados.

Las pequeñas escaleras de madera ayudaron mucho, primero para que los pobladores más audaces entraran y después para que los que pudieran, bajaran por su propio pie apoyándose en ellas.

III

La calle de Independencia estaba repleta de policías, ambulancias y habitantes del lugar. A las nueve de la mañana la carretera de Toluca hacia Joquicingo se llenó de ambulancias que se dirigían al lugar del accidente. Hace poco tiempo un grupo de policías se accidentó en el mismo sitio. Esa vez hubo un muerto y cerca de 19 heridos.

La calle de Independencia es parte de la misma carretera que atraviesa una parte del pueblo, y que también está dotada de un tramo que funciona como atajo que evita tener que entrar a la población. Desde entonces, desde el accidente de los policías, se había acordado poner a la entrada de ese atajo un arco que impidiera el paso a camiones y tráileres y con eso evitar este tipo de tragedias.

– Pero nunca se hizo nada- dice un joven que observa todo desde una de las tienditas cercanas.

Fue en ese atajo que sucedió el accidente del camión, ahora. Para las 9:30 de la mañana ya estaban cuerpos de Urgencias, privados y estatales, provenientes de todos los municipios cercanos. Cerca de 20 ambulancias esperaban por los heridos y algunas ya salían con pasajeros a bordo. Algunos de los rescatistas terminaron de romper los cristales del camión y se metieron para ayudar. Adentro todo estaba revuelto y debieron sacar también las cosas que estorbaban, los asientos desprendidos, el equipaje de los pasajeros. Ya para entonces había tres retenes o acordonamientos, pero apenas funcionaban como una señal de lo terrible que era aquel choque.

– ¡Se me tranquilizan todos!- gritó entonces un policía a los reporteros que habían llegado desde Toluca.

– ¿Cuántos muertos hay?- preguntó Ramsés Mercado, fotoperiodista de esta casa editorial.

El policía soltó a bocajarro:

– Diecinueve.

Para ese momento los últimos heridos eran subidos a las ambulancias. Una niña, a la que llevaban en una camilla y una mujer, que caminaba apoyada por un paramédico de la Cruz Roja, envuelta en una cobija café, serían trasladadas a los hospitales cercanos.

– Yo, la neta, estaba temblando. Estaba en shock y apenas me daba cuenta de lo que realmente estaba pasando- dice Mercado unas horas después, cuando trata de aclararse él mismo sobre lo que ha visto. Ha tomado fotos en automático de todo aquello que tenía delante, pero lo ha hecho como inmovilizado, como trasmutado en una roca. A pesar de eso, y de la distancia que ha tenido que recorrer para llegar al lugar, ha conseguido ver a los últimos heridos. Se ha acercado entonces al camión para grabar algunas escenas. De lo que más se acuerda es del ruido de los cristales rotos, que se volvían a romper cuando los pisaba al pasar.

– ¿Dónde están los muertos?- preguntó a un bombero, que se encontraba cerca.

– Están ahí- le dijo, señalando el piso, a dos metros de donde estaban. Era verdad. Al pie del camión aparecían cinco cuerpos envueltos en cobijas, las mismas que ellos traían.

Toda la mañana fue en San José El Guarda un constante ir y venir de cuerpos, de ambulancias. Ahí se quedó la tristeza inmensa de ver tantas personas muertas. Por la tarde, el accidente ya se conocía en Sahuayo y los familiares comenzaron a preguntar por los suyos. Poco después, se publicaba una lista con el nombre de los heridos: en el Centro Médico Adolfo López Mateos estaban Cristina Navarrete Álvaro, William Negrete Muñoz, Teresa Angélica Sánchez Sánchez, Alberta García Garcés, María Cecilia Silva, así como dos personas en calidad de desconocidas.

En el Hospital Nicolás San Juan llevaron a los niños Yamilet Díaz, Maricela Sánchez Guzmán, Ángel Uriel Arriaga y Diana Cecilia González Calzada. En el hospital de Tenancingo fueron internados Carmen García Navarrete, Verónica Cervantes Rodríguez, María Francisca López Martínez y Natasha Yamileth Garduño Torres.

En tanto, los familiares de las víctimas llegaron alrededor de las 3:45 de la mañana del sábado al municipio de Tenancingo para comenzar con el proceso de recibimiento de cadáveres en la Fiscalía Regional de esta localidad.

Ahí fueron recibidos por los habitantes con café, ponche, caldo de camarón, pan de dulce y de sal, así como suéteres y cobijas.

Pero algo faltaba por precisar.

¿Quién es el diputado Armando Tejeda, el dueño de Transportes Tejeda?

IV

El diputado de Acción Nacional, Armando Tejeda, fue uno de los que salió a decir que era un día muy triste para Sahuayo. Por lo menos, se comprometió a que las familias de las víctimas recibirían ayuda. “Lamento profundamente el accidente ocurrido el día de hoy, en el municipio de Joquicingo en el Estado de México, donde vecinos y amigos míos viajaban rumbo a Chalma, en un viaje anual motivado por la fe que caracteriza a nuestro pueblo”, dijo en un comunicado.

Tejeda es un político sobre el cual hay muchísimas reservas. De acuerdo al diario Milenio, a Tejeda se le ha vinculado con la Familia Michoacana y ha revelado un proceso que sigue el Centro Nacional de Inteligencia. Tejeda fue precandidato a la alcaldía del municipio de Sahuayo y es muy cercano a Marko Cortés Mendoza, dirigente nacional del panismo.

Las denuncias realizadas por familiares de las víctimas del camionazo señalan que Tejeda tiene una red de transporte en Michoacán, cuyas unidades reciben el mínimo de mantenimiento. El 14 de octubre de este año, el mismo diputado Tejeda Cid demandó que la Federación resolviera bloqueos carreteros que afectaban a las líneas michoacanas, una asignatura en la que él tiene un marcado interés personal.

“La empresa Turismos Tejeda se desprende de lo que actualmente es la Cooperativa de Transporte Águila de Sahuayo, que actualmente cubre las rutas Sahuayo-La Barca y Sahuayo-Totolán, y cuyas concesiones se han mantenido por décadas dedicadas al transporte y la interconexión de los centros poblacionales y durante muchos años fue la única opción de transporte de los puntos ya citados”, señala en una nota el diario michoacano La Voz. Michoacán no ignora el peso político y económico de Tejeda, ni tampoco puede hacer mutis de la región de donde proviene, pues se trata de una tierra bajo dominio de los cárteles del narcotráfico desde hace décadas.

Aunque dice que el dinero no es importante para comenzar como empresario, su salario de un millón 560 mil 412 pesos brutos anuales en la Cámara de Diputados federal le da una tranquilidad que muy pocos pueden presumir a los 37 años.

Tejeda, que emerge de esa región convulsa, tiene una maestría en ciencias políticas y gestión pública por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente y en Michoacán algunas facciones políticas lo consideran hasta un caso de éxito. “Él y su familia se dedican al ramo del transporte urbano y turístico; son diferentes rutas en las que su empresa tiene la oportunidad de participar. Tienen también una fábrica de calzado artesanal con la cual exportan a países como lo son Estados Unidos y Japón”, señala la revista Líderes generando líderes, quien revela que el diputado es dueño de un equipo profesional de futbol, en la Segunda División, el Tigres de Sahuayo, al que hizo campeón. Ahora el diputado deberá preocuparse por tener una respuesta más acertada que solamente decir que lo lamenta mucho.

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