Ricardo Hernández/Gaceta UNAM

Ciudad de México; 18 de septiembre de 2021.

Un largo viaje por tierra a Colombia de un grupo de jóvenes en la década de los 70 para conseguir discos de cumbia y el regreso a su barrio natal, el Peñón de los Baños, ubicado en la alcaldía Venustiano Carranza, marcó el inicio del movimiento musical conocido como “sonidero” en la capital de México.

Así lo recordó José Ramírez Ortega, conocido en el medio como Morelos, hermano de Jazmín, uno de los protagonistas de aquellos viajes ahora legendarios, durante la charla virtual inaugural del Ciclo Sonideros: el sonido de todos los barrios, organizado por Casa del Lago. Este primer encuentro estuvo dedicado a la cuna del movimiento, el Peñón de los Baños.

En la década de los 70, en el entonces Distrito Federal, se empezaron a organizar tardeadas, tocadas y bailes nocturnos donde estos jóvenes viajeros y sus vecinos montaban el sonido para dar ritmo, color y ambiente en los barrios populares de la ciudad.

En aquellos años, lo más apreciado por los incipientes sonideros era la música de cumbia, según dijo Daniel Alvarado, de Sonido Confirmación, quien moderó la charla celebrada el pasado sábado 4 de septiembre.

“La música que aquí arrasaba en los años 50, 60, era la música cubana. Personajes como Daniel Santos hicieron shows muy seguido. La gente entonces bailaba La Matancera, Celia Cruz también era muy conocida, la salsa era muy tocada, pero la cumbia no estaba todavía muy posicionada hasta que aparecieron los sonideros”, explicó.

Los sonideros fueron tan bien recibidos y adoptados que aún ahora permanecen tocando los iniciadores y también sus descendientes, como es el caso de Fausto Perea, originario también del Peñón de los Baños, hijo de los fundadores del famoso sonido La Conga, y quien estuvo en el evento.

Perea comentó que no le gustaba el sonidero en la infancia y que sólo con el tiempo aprendió a quererlo y a involucrarse, sobre todo a base de castigos que a la postre se convirtieron en enseñanzas.

“A mí no me gustaba el sonido. Mi castigo, cuando me portaba mal, era ir a los bailes. Ya estando ahí, pues, disfrutaba. Fue el castigo lo que me hizo ponerle atención a las canciones. Cuando no quería ir a los bailes mi papá también me castigaba con grabar música, cumbias de Cuba, de Colombia. Gracias a esas actividades aprendí a afinar mi oído”, recordó quien ahora cuenta con su propio proyecto, Sonido Eckos.

En el evento no solo conversaron sobre los orígenes del sonidero y de anécdotas de los iniciadores, sino que también tocaron en vivo para dar una muestra de su trabajo al público.


—Vamos a bailar el primer tema de salsa para toda la gente que nos escucha. Hoy estamos desde las cabinas de Al Aire Libre. Vamos a bailar al ritmo de salsa. Se llama Una sola bandera. No al racismo, sí al amor. Vamos a bailar. Sonido Eckos —se oyó la voz de Fausto mientras sonaba el intro de la canción Tabaco y sus metales. —Escuche lo que dice.

—En nombre del mundo hoy vengo a inspirarles…—inicia la canción.

—Pon atención —interrumpe Sonido Eckos.

—Este guaguancó santero que voy a cantarles.

—Escucha —pide al micrófono.

—Una niña que decía…

—¿A quién? —irrumpe de nuevo Sonido Eckos.

—A un mulato de color…

—Vamos a bailar. Y dice…

Así prosigue hasta que los 4:14 minutos que dura la canción original se convierten en más de 10 minutos de llamados al baile, de apuntes sobre “lo sabroso que está la trompeta” que se escucha y de saludos a una tal Mariana a Raúl Pedraza, a la gente de Illinois y a otros tantos más que mandaron sus mensajes en vivo durante la tocada.

En la charla, Fusto Perea también explicó la diferencia entre ser un Dj y un sonidero.

“Desde mi punto de vista, un sonidero es el toque que personaliza las canciones, el sentimiento hacia su público. Hay Dj´s que animan, hay Dj´s que hacen que levantes las manos, pero el sonidero se mete más allá, hace que sientas la música, que la escuches”, sostuvo.

A Sonido Eckos le siguió Morelos con un par de canciones en vivo.

Los sonideros no solo han sido motivo de fiesta en los barrios populares de la Ciudad de México por más de medio siglo, sino que han sido motivo de documentales, temas de tesis de grado y posgrado y de investigaciones, como el libro Ojos suaves, de Mirjam Wirz, dedicado al propio José Ramírez Ortega.

Las sesiones estarán disponibles en las redes sociales de Casa del Lago.

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