Miguel Alvarado

Toluca, México; 16 de diciembre de 2020.

Son la sombra, el peso político, económico y social que lastra al Estado de México. Son las familias que componen al Grupo Atlacomulco y que han ocupado el poder y el erario público para construir un reino medieval que han dirigido a su antojo desde hace más de sesenta años. Los apellidos que dan forma a ese grupo, negado siempre por sus militantes, son conocidos de todos: los Fabela, los Hank, los Montiel, los Peña, los Del Mazo y los Monroy son una muestra de ese árbol genealógico en el que las armas más destacadas son el ex presidente de México, Enrique Peña, y los ex mandatarios estatales Isidro Fabela, Carlos Hank, Alfredo del Mazo y Arturo Montiel, ninguno por méritos sociales, políticos o intelectuales sino por la forma en que utilizaron a la administración pública para medrarla. No hay uno más escandaloso que otro, pero Peña, por el cargo que ocupó y las investigaciones actuales que parecen acorralarlo, y Arturo Montiel, porque su enriquecimiento fue brutal e instantáneo, destacan en la actualidad. Ellos dos son sobrino y tío de sangre.

La mañana del 16 de diciembre un video en redes sociales llamaba la atención de los mexiquenses. Un hombre con el rostro ensangrentado gritaba que Arturo Montiel y sus hijos lo habían golpeado, lo habían amenazado de muerte. Con una abierta visible en la frente, el cantante César D’Alessio lanzaba estas acusaciones en una transmisión que subió a sus redes sociales y que pronto se convirtió en una noticia nacional.

“Encerraron a mi novia en un coche para poderme agarra a golpes […] El señor Arturo Montiel es un corrupto y un hijo de la chingada. Señores, él me agarró a golpes […] Familia: nos están amenazando de muerte […] si nos pasa algo, si nos morimos es culpa de Arturo Montiel, estamos afuera de la casa de Arturo Montiel”, decía el cantante, quien dio una dirección, Jazmines número 1, pero no dijo en qué localidad se ubicaba. Por la tarde, los videos fueron borrados de su cuenta de Instagram y un comunicado apareció en su lugar, que informaba que por órdenes de su abogado se veía impedido para comentar los sucesos. Así las cosas, el gobierno del municipio de Huixquilucan emitió también un mensaje público dirigido a D’Alessio, en el que le decían que no se había registrado ninguna fiesta en el domicilio por él señalado. Y eso fue todo. El nombre del ex gobernador Arturo Montiel no se pronunció en lo reportes de la televisión, pero no hacía falta. En internet el rostro sangrante del hijo de la cantante Lupita D’Alessio ya había desperdigado el mensaje. Montiel es un hombre de la tercera edad, pues tiene 77 años y cuatro matrimonios a cuestas, así como una vida llena de escándalos que no solamente abarcan el ámbito político, pues ha ventilado su vida privada en revistas del corazón. La gravedad de algunos de esos episodios ha ubicado a Montiel en la delgada línea que separa lo legal de lo trasgresor, y aunque siempre ha salido bien librado su historia no, deformada por él mismo.

Por años, el apellido de Montiel pesó en el Estado de México innecesariamente, y aun hoy su fuerza política no ha menguado. Basta dar un vistazo a las estructuras de los partidos políticos locales y a quienes componen la administración estatal y municipal de la entidad. Ahí, en algunos nombres, se parapeta la sombra de Montiel, ahora mayor desde la muerte del ex gobernador Alfredo del Mazo González. Hoy, un sobrino suyo, Alfredo del Mazo, despacha como gobernador en el palacio administrativo de la calle de Lerdo. A Arturo Montiel y a su familia había que aguantarla porque era intocable y se situaba por encima de la ley. Hicieron de todo, quebrantaron la ley y se enriquecieron a manos llenas. Construyó desde la paciencia y los subterfugios la fuerza que lo llevaría a aspirar por una candidatura presidencial, que perdió a manos de otro como él, pero incluso peor, Roberto Madrazo, en 2005. Esa aduana no pudo pasarla cuando Madrazo exhibió en televisión documentos en los que demostraba el enriquecimiento inexplicable y gigantesco que a Montiel se le atribuía. Ese mensaje fue bien entendido y el ex gobernador mexiquense se bajó del caballo, y el sueño de ser el primer presidente emanado del Grupo Atlacomulco se esfumó junto con su segundo matrimonio, el que formaba con la francesa Maude Versini, una reportera de la revista Match de París, Francia, que vino a entrevistarlo y se enamoró de él, quién sabe por qué.

Ese amorío, uno de los escándalos públicos más recordados del ex gobernador, lo siguió para siempre porque Versini era guapa y cosmopolita, aunque nunca pudo probar que fuera reportera. Era, en todo caso, una caza-fortunas que llegó a México en busca de un amor y se enquistó en la corrupta y bizarra clase política mexicana. Llegó al Estado de México y conoció a Enrique Peña, pero también a los hijos de Montiel, que para entonces eran desaforados asistentes a discotecas y antros en Toluca y la ciudad de México. De la mano de ellos paseó por la ciudad y fue vista en la disco de moda de la capital, Villa Jardín. Semanas después ya la ciudad comentaba el idilio entre el gobernador y la francesa, que derivó primero en el divorcio apuradísimo del mandatario de su entonces esposa, Paula Yáñez, y su matrimonio a todo lujo en Valle de Bravo con la reportera imposible de París, una fiesta a la que acudieron artistas y políticos afines o comprometidos con el priista. Pero los escándalos son tantos que hay que elegir algunos.

El maestro de tenis

El 21 de noviembre de 2003 Mario Palacios Montarcé, de 35 años, fue asesinado en una panadería, en el centro de Toluca, cuando la ciudad no era lo que ahora es en cuestiones de inseguridad, feminicidios y ejecuciones. Así y todo, ese homicidio pasó apenas registrado porque Mario Palacios Montarcé no era nadie y aunque su homicidio fue una ejecución, nadie lo relacionó con algo más.  A él lo seguían pistoleros a los que no pudo evadir. Echó a correr y alcanzó a meterse a una panadería, hasta el área de los hornos, pero ahí se encontró con que no había salida alguna y por eso su cuerpo quedó tendido, muerto por bala. Palacios era argentino y era maestro de tenis. Pero el reportero Diego Osorno siguió el caso y encontró una buena historia. Osorno viajó a Neuquén, en Argentina, para entrevistar a familiares del fallecido y encontró testigos que, aseguran, se trató de una revancha. El maestro llegó a México y ayuda del ex futbolista profesional de los Diablos Rojos del Toluca, Roberto Depietri, encontró trabajo en el Club Toluca, un centro deportivo y convivencia social. Pero lo que comenzó como un buen viaje, se convirtió en otra cosa para el argentino, quien terminó conociendo el 20 de noviembre de 2002 a Maude Versini, la primera dama del Estado de México, cuando ella entregó un premio a un alumno de Palacios en un acto público.

Luego, los testigos aseguran haber visto a la esposa de Montiel con el entrenador en Valle de Bravo, al menos en dos ocasiones y algunos creen que la muerte del argentino se debió a una relación sentimental con Versini. Osorno describió a Palacios como “calvo, bajito y no tenía dinero, pero no le faltaban virtudes”. Luego narra la versión oficial de la Procuraduría estatal, en voz de Mario Carrasco, director de Servicios Periciales, quien confirmó que la muerte de Palacios fue “por un disparo en la sien y los asesinos no han sido detenidos”.


El libro La Diferencia, de Jorge G. Castañeda y Rubén Aguilar, narra que dos días después de la muerte de Palacios, la francesa Maude denunció una golpiza por parte de su marido, Arturo Montiel, pero además señala que los hijos gemelos de Montiel que procreó con ella no son de él.

 Osorno describe el día en que el maestro fue ejecutado: “el 21 de noviembre, Mario llegó al gimnasio del Club, a las 6 am. Como no había ningún alumno, hizo estiramientos. Al rato, acudieron unos 20 socios a los que puso a practicar en las mesas, sin prestarles mucha atención. Una de sus alumnas, Alicia Bennet, lo llamó para que se quedara un rato más a practicar con ella: tengo cosas que hacer, respondió en seco el instructor. Aunque la sesión colectiva a veces terminaba hasta las 10 am, Mario Suspendió todo hacia las 8. Apresurado, salió del gimnasio.

”En su Atos rojo, tomó la avenida Lerdo de Tejada y, antes de llegar al cruce con Josefa Ortiz de Domínguez -donde viraba en su habitual itinerario-, frenó el auto de golpe y entró a la panadería La Bondi.

”Según la declaración ministerial de la empleada del lugar -hecha frente a Avelino Gutiérrez-, Mario entró de prisa, agitado. Segundos más tarde, hicieron lo mismo dos hombres corpulentos de traje y corbata.

”Tírate al suelo y cállate, le dijeron a ella al tiempo que se abalanzaban sobre Mario, con quien forcejearon. El argentino lastimó su mano al detener un cuchillo que lo amenazaba, pero un momento después quedó inmóvil: uno de ellos le clavó un puñal en el cuello y otro le asestó con un tubo un golpe en la cabeza.

”Los asesinos arrastraron sangrante a Mario hasta el baño del negocio. Todo acabó con un balazo en la sien.

”Salieron del local sin robar nada.

”Las últimas palabras de Mario -según la declaración ministerial de la empleada de la panadería- fueron: ¡no me maten, tengo hijos!”.

Versini debió pronunciarse públicamente sobre el asunto para decir que “por lo que señala ese artículo, se basa en especulación, suposiciones y testimonios anónimos, sería muy importante por tratarse de un delito que esas afirmaciones pudieran aclararse ante un Tribunal y dejar de lado esa trama de mentiras que al menos en mi persona se señalan… entiendo que en México están por desarrollarse importantes eventos electorales en este año 2009 y resulta explicable para mí que este tipo de publicaciones aparezcan en estas fechas, pero no es válido que se hagan a costa de difamaciones y calumnias de personas. No es la primera vez que aparecen manifestaciones en este sentido sin sustento y sin verificarse con objetividad”.

El 28 de enero del 2009, Jorge Castañeda dijo a W Radio que con la publicación “se confirma que una de las afirmaciones que asentamos en el libro “La Diferencia”, la señora Maude Versini se presentó en la Embajada de Francia para levantar el acta por la golpiza que había sufrido a manos de alguien”, y remarcó que “hay funcionarios actuales que pertenecen al cártel número uno de la política nacional que eran funcionarios del gobierno del Estado de México cuando esto sucedió”.

En 2012, ya con Peña como presidente, la revista Forbes publicaba una lista de los 10 personajes más corruptos de México. En ella aparecía Montiel, quien desde su fábrica de cocinas Quetzal en Atlacomulco, afincadas después hasta en Polanco, delineó una empresa política personalísima que le alcanzó para negociar la prestancia y galanura de un sobrino muy mediático, que él mismo instruyó y que sabía dócil, dogmático. Forbes recontaba ya que Montiel separó a sus hijos de la mamá, Maude Versini, de quien para entonces ya estaba divorciado aunque era una de sus principales impulsoras para Los Pinos. Cuando Montiel abandonó la carrera, también su matrimonio acabó. Versini regresó a París y rehízo su vida. Montiel casó por tercera vez y hasta pudo reaparecer en público, en un foro que lo colmó de aplausos seis años después de que nadie metiera las manos por él, luego de ser investigado por enriquecimiento inexplicable, un caso que Alfonso Navarrete Prida, en ese entonces procurador del Edoméx, dio por cerrado al no encontrar pruebas de ninguna especie.

“Socialmente, todavía cultiva las viejas costumbres clientelares y corporativas. En ese sentido (Montiel) ha significado un retroceso, más que un avance en la cultura política […] El aparato político del Estado de México es su aval y se ha mantenido firme a diferencia de los golpeteos y resquebrajamientos nacionales”, decía el sociólogo José Antonio Trejo en una entrevista respecto a la figura del ex gobernador.

Los niños y Maude

Montiel arrastraba, desde la desastrosa precampaña interna por el PRI que le ganó Roberto Madrazo, una serie de altibajos en su segundo matrimonio con la francesa Maude Versini, con quien casó el 23 de junio del 2002. Una boda más o menos privada en Avándaro introdujo a la francesa a la vida política del Estado de México. Meses antes se la había visto, a ella y su hermana, acompañar en actos públicos a funcionarios mexiquenses que aceptaban aquella deferencia. La belleza de la francesa no tardó en llamar la atención y pronto se supo que era la prometida de Montiel Rojas. Las revistas rosas fueron usadas para esparcir la versión de que Versini era reportera de la publicación Match de París, en Francia y que había conocido al mandatario luego de una entrevista en la que se prendó de ella. Incluso mandaba arreglos florares y cestos de frutas, reseñaban los propios protagonistas de la historia de amor más comentada.

Luego vinieron los hijos, gemelos nacidos en el 2004, cuya llegada celebraba la pareja con los medios de comunicación. Una nota del diario El Universal reseñaba el 8 de noviembre de aquel que “hace poco más de un año que la vimos por última vez. En aquella ocasión lucía radiante, el doctor le acababa de comunicar que muy pronto sería mamá. ‘Lo vamos a anunciar en grande’”, decía Versini.

La felicidad de esa familia era absoluta. O casi. Paseaban juntos y visitaban además Acapulco para pasar periodos vacacionales que registraban en fotos y que luego dieron el salto a la prensa del país. Allí estaban Montiel y Maude, tomado el sol en una alberca cuya propiedad se cuestionó por no encontrar explicación para su adquisición. Posteriormente se supo también de otras casas, incluso una isla y un castillo, que la pareja habría comprado en algún momento.

Al terminar la investigación sobre enriquecimiento ilegal también encontró fin el matrimonio. Versini y Montiel partieron a París a vivir en un departamento de su propiedad, de 17 millones de pesos, pero el amor no los acompañaba. Pronto el divorcio sustituyó las risas y los paseos y una demanda sobre la custodia de los hijos, Sofía y Adrián, se puso sobre la mesa, además de una compensación económica que Montiel debía pagar. La separación se concretó rápidamente y pronto cada uno trató de seguir con sus vidas. Aquel pasó constó al ex mandatario cerca de 300 millones de pesos pero nunca se supo con certeza, salvo que en un contrato se habían enlistado los bienes de cada uno y los que habían adquirido en pareja para determinar su destino.

Todo concluyó legalmente a finales del 2007, cuando se logró un acuerdo que despertó las sospechas de opositores políticos, que veían en el contrato aquel la clave para demostrar las irregularidades del ex mandatario. Así, los 300 millones representarían un tercio del total del dinero de Montiel, que según la Secretaría de la Contraloría mexiquense era en el 2006 de hasta 110 millones de pesos. Pero los panistas decían que el de Atlacomulco tenía más de 50 millones de dólares, que obtuvo en los seis años de su mandato.

Para el 2009 los dos habían encontrado pareja. Versini se acompañaba del francés Phillipe Lancry, con quien casó en el 2008 en Marruecos. Por su parte, Montiel desposó a Norma Meraz en el 2008, reportera y funcionaria en el Edomex y Durango y con quien escribió un libro, Desde Atlacomulco, en el 2011, con el cual intentaba explicar las razones de sus procederes.

El año que eligió Montiel para reaparecer públicamente, traía también un pleito entre él y su ex esposa debido a la custodia de los niños. La francesa ha dicho que entregó a los hijos de ambos a Arturo para que pasaran en México las fiestas de fin de año pero que el día estipulado para que regresaran con la madre, nada más no aparecieron. Versini apuntó que estaba dispuesta a revelar los escándalos de corrupción de su ex pareja cuando gobernador mexiquense si los niños no le eran devueltos. Y en un año electoral, donde el sobrino de Montiel, Enrique Peña, quería ser presidente, el primer nubarrón de importancia apareció en el horizonte de su campaña, empañada ya por él mismo debido a chuscas pifias por comentarios públicos.

Versini acudió a su gobierno, el francés, para denunciar la retención ilegal de los niños y consiguió incluso que el Consulado de aquel país emitiera un comunicado donde acepta que “existe un conflicto legal entre la Sra. Maude Versini y el Sr. Arturo Montiel relacionado con la custodia de sus tres hijos, quienes habían sido confiados por el Tribunal de Primera Instancia de Tenancingo a la Sra. Versini. En el marco del Derecho de Visitas, previsto en este juicio de divorcio, los niños se encuentran en México desde el 17 de diciembre de 2011. Sin embargo, debían haber regresado a Francia el 2 de enero del 2012.

Al final el problema se arregló y los niños regresaron con su madre. Montiel, casado ahora con la joven michoacana Karla Cortés Treviño, se pasea en el Estado de México revisando las estructuras políticas que competirán el año próximo. La presunta agresión del ex mandatario al cantante D’Alessio no es otra cosa que la confirmación de un camino que el mismo Montiel eligió recorrer toda su vida. Siempre por encima de la ley, en el borde del escándalo, al ex gobernador del Estado de México poco le importa una cara ensangrentada más, o una menos.

Él es el, el rey Arturo de Atlacomulco.

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