Miguel Alvarado

Toluca, México; 29 de junio de 2020. De Toluca y Metepec salió la orden de desaparecer a los 43 normalistas de Ayotzinapa, el 26 de septiembre de 2014, según un reporte de la Marina a la extinta Procuraduría General de la República, el 15 de octubre de aquel año, cuando se comenzaba a investigar el caso. Ese reporte está contenido en el expediente A.P. PGR/SEIDO/UEIDMS/871/2014 de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada y de la Unidad Especializada en Investigación de Delitos en Materia de Secuestro.

Hoy se anunció la captura de José Ángel Salgado Casarrubias, “El Mochomo”, sucedida el 24 de junio de 2020 en Metepec. Es uno de los capos del cártel de los Guerreros Unidos involucrados en las desapariciones de Iguala, y las averiguaciones para dar con el paradero de los chicos podrían dar un giro definitivo. La captura de Ángel Casarrubias también revive los narco nexos que se desarrollaron en Toluca y Metepec, y que prosperaron gracias al silencio y la impunidad en las que se desarrollaron. Pero que los capos de los Guerreros Unidos eligieran la capital mexiquense no fue casualidad.

Fijación por Toluca

A los hermanos Casarrubias les gustaba Toluca para vivir y planeaban asentarse y realizar inversiones. Pero a los hermanos Sidronio Casarrubias, El Chino y Ángel Zenén, El Mochomo, su presente les negaría esa oportunidad y el sueño de instalar un autolavado y un restorán en La Asunción, Metepec, se les iría al diablo junto con casi todo lo que habían conseguido.

Ellos eran jefes de los Guerreros Unidos en el momento en que los 43 normalistas de Ayotzinapa fueron levantados en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre de 2014. A Sidronio lo atraparon días después, cuando iba a comer al restorán el Fogón do Brasil, sobre la carretera México-Toluca, porque por descuidado los federales alcanzaron a ver que portaba un arma. La cacha indiscreta de su .38 Súper lo delató y desde entonces está preso, aunque siempre a punto de quedar en libertad. Fue él quien refirió parte de la aventura toluqueña, y quien proporcionó detalles de que los Guerreros Unidos utilizaban la Torre Zero, en Metepec, para realizar pagos a sus aliados, los cuales debían encontrarse ahí con “el contador” de los narcos, El Camperra, Raúl Núñez Salgado. Ubicado en la calle Benito Juárez 1001 norte, en San Francisco Coauxusco, el edificio es un espectacular centro de negocios y de renta de oficinas a media hora del centro de Toluca, a una cuadra del Club de Golf San Carlos, fundado por Carlos Hank González a finales de los años 60. Toluca y Metepec fueron puntos habituales de pago y entregas para los Guerreros Unidos. Los Casarrubias también recibían envíos de El Camperra en el estacionamiento del centro comercial Plaza Galerías de Metepec.

Con Iguala en la sangre

El Camperra, para ubicarlo, era carnicero en 1997, y su negocio se llamaba El Chambarete, pero en poco tiempo pasó a ser uno de los brazos derechos de los hermanos Adán, El Tomate; Mario, El Sapo Guapo, detenido en mayo de 2014; Ángel, a quien la Procuraduría General de la República identificó como Silver en los análisis de cruces de llamadas y de Sidronio, El Chino. Estos dos últimos ya rentaban una casa en Metepec. Hay otro hermano, Alfredo Casarrubias, que resultó trabajar como militar en activo del ejército mexicano, el cual protegió su identidad lo más que pudo. No lo consiguió porque terminó sabiéndose su rango y sus implicaciones con sus hermanos narcos.

José Ángel y Sidronio rentaban una casa en Metepec y pagaban por ella 14 mil pesos, en uno de los fraccionamientos más discretos, a Norman Isaí Alarcón Mejía, un narco menor que había abandonado la venta de drogas y se dedicaba al sector inmobiliario.

El Chino Casarrubias y su grupo habían aprendido el oficio de limpiar pueblos, deshabitarlos, pero Ayotzinapa los había reventado. En realidad, ellos se reventaron solos y solos se pusieron al descubierto. Antes de Ayotzinapa, los Casarrubias habían llegado a la ciudad donde residía el gobernador mexiquense Eruviel Ávila y Toluca les gustó para quedarse.

Establecieron en el valle de Toluca su base de operaciones, al menos hasta mediados de octubre de 2014, según el reporte de la Marina entregado a la PGR el 15 de octubre de ese año, integrado escuetamente en un parte de presentación sobre las investigaciones por el levantamiento de los 43.

José Ángel El Mochomo y Mario Casarrubias Salgado, vivían en el número 8 de La Joya de Metepec, un fraccionamiento que desde 2004 fue usado por narcos y familiares de capos recluidos en el penal federal del Altiplano. Desde allí dictaban las órdenes que en Iguala cumplían al pie de la letra los sicarios al mando de Gildardo López, “El Gil”.

La llegada de los capos a Toluca no era fortuita. Habían buscado un camino para salir de Guerrero porque estaban copados por rojos y michoacanos. No tenían opciones, pues por Arcelia y el vecino municipio de Acapetlahuaya jamás pasarían, tampoco por Morelos, la tierra de Santiago Mazari, Carrete. El único corredor disponible era Ixtapan de la Sal, porque la policía municipal era aliada suya, tanto que hasta las armas les debían.
Sobre su estadía en la discreta Toluca se cuentan algunas anécdotas que revelaron la terrible nostalgia de los capos por su tierra. Era tanta que a veces, a media noche, hablaban a alguno de sus ayudantes en Iguala para ordenarles un pedido de tacos de canasta, para que se los llevaran de inmediato. Horas después, los tacos de canasta llegaban a Toluca, tal como les gustaba a los Casarrubias.

José Ángel Casarrubias era jefe de Tepecoacuilco y Huitzuco, muy cerca de Iguala, pero una pelea a muerte con otro narco, El Walter, lo sacó de sus plazas, aunque no del narcotráfico.

De 44 años, El Chino —así le decían a Sidronio— cargaba su propia tragedia nacida por el asesinato de otro de sus hermanos, el policía federal Francisco, a quien ejecutaron sus mismos compañeros porque, celosos, querían evitar el ascenso de un joven con menos mérito que ellos. Esta muerte marcó a los Casarrubias, quienes encontraron a los culpables porque lograron que alguien les diera un video donde estaba grabada la ejecución, que incriminaba a los federales.

Quien consiguió ese video fue José Alfredo Casarrubias Salgado, al menos hasta 2013 “Capitán Segundo de Arma Blindada y representante personal del General de Brigada Diplomado de Estado Mayor César de la Sancha Villa, Comandante de la 14va. Zona Militar”.

Esa relación con el Ejército sirvió para encontrar a los culpables, pero no para evitar la captura de El Chino Casarrubias en Estados Unidos el 17 de agosto de 2005, cuando trabajaba distribuyendo droga para el finado capo Adán Velázquez. Jamás pudo quitarse Iguala de la sangre y por más que quiso no pudo evitarla. Lo primero que hizo, cuando cumplió su condena en 2014, fue regresar a México.


Para ese momento el apellido Casarrubias causaba en Guerrero y la tierra calentana de los estados de México y Morelos un profundo respeto cultivado desde el temor, pero también encono y rencor en los enemigos que el clan se había forjado.

El Chino ya estaba en Iguala para 2014, citado en el negocio de Los Peques por el abogado de Mario Casarrubias, para encontrarse con los jefes igualtecos, que nada más verlo le ofrecieron una comida en su honor por el puro gusto de conocerlo. Le dieron una camioneta y dinero para comenzar otra vez. Un millón 800 mil pesos —un millón para él y lo restante para los abogados del Sapo Guapo— y una Raptor le permitieron hacerlo. Pero no estuvo mucho tiempo libre porque le dictaron formal prisión el 27 de octubre de 2015.

La familia

Leonor Villa Ortuño, suegra del alcalde José Luis Abarca aparece en un video cuando supuestamente había sido secuestrada. Vendada de manos y ojos, la madre de María de los Ángeles Pineda Villa relata, bajo amenaza, que su yerno protegía a Guerreros Unidos a cambio de 2 millones de pesos mensuales. La trama de relaciones se complica, desde luego, pero no es imposible de seguir, como una mala telenovela en la que incluso aparece el nombre de Federico Figueroa, hermano del cantante Joan Sebastian o José Manuel Figueroa, primos-hermanos del ex gobernador Rubén Figueroa.
Federico Figueroa es mencionado en el submundo de las narcorredes como el sucesor de Mario Casarrubias Salgado al frente de los Guerreros Unidos en Morelos.

A Mario Casarrubias Salgado lo llamaban “El Sapo” o “El Sapo Guapo” y fue detenido en Toluca en un operativo encabezado por la Marina, el 30 de abril del 2014. Casarrubias era escolta de los Beltrán Leyva y trabajó algún tiempo en Chicago, donde halló la manera de encontrar protección de norteamericanos para transportar droga en tráileres desde México. Era uno de los más importantes proveedores de heroína. Un video circulaba en redes sociales y desde allí un hombre llamado Carlos Campos Hernández, “El Comando”, vinculaba a funcionarios del Estado de México con el grupo de Casarrubias. Entre algunos, menciona al ex alcalde de Ixtapan de la Sal, Ignacio Ávila Navarrete, a quien ubica como compadre Casarrubias, quien usó la misma estrategia que Johnny Hurtado para comprar información a soldados pertenecientes a los batallones 27 y 35: los infiltró.

En el 2013, Casarrubias peleaba contra los Caballeros Templarios por el control del sur mexiquense y esa guerra, invisibilizada por las autoridades, se extendía desde Tejupilco hasta Iguala y Telolalpan, en Guerrero, e involucraba a municipios de Morelos y Michoacán, además de una precaria alianza con la Familia Michoacana, dirigida en ese entonces por José María Chávez Magaña o Leobigildo Arellano Pérez, “El Pony”; Héctor García, “El Player”; Pablo Jaimes Castrejón, “La Marrana”, jefe de plaza en Tlatlaya y el propio Hurtado.

Fue Mario Casarrubias quien consolidó el poder de los Guerreros Unidos y logró crear desde Morelos, un corredor natural hacia el valle de México, un emporio capaz de pelear por el control de la Tierra Caliente y que actualmente libra batallas por esa plaza contra el cártel de “Los Rojos”. Johnny Hurtado, “El Mojarro”, desde Arcelia, Guerrero, pelea todavía contra Templarios, Guerreros Unidos, Rojos y el ejército. Doce fosas clandestinas habían sido localizadas en Morelos hasta este año. La ciudad más cercana a Arcelia es Iguala y es un paso de droga usado por los cárteles en el sur. San Pedro Limón era, hasta principios de este año, uno de los centros de reunión de La Familia Michoacana.

La revelación del Camperra

El Camperra corroboró, en los primeros interrogatorios, que José Ángel Casarrubias Salgado vivía en Toluca, como consta en un parte de puesta a disposición, fechado el 15 de octubre de 2014, “sin número, suscrito por elementos de Secretaría de Marina Armada de México, mediante el cual dejan a disposición de esta Autoridad Ministerial al indiciado Raúl Núñez Salgado (a) «La Camperra», quien deja por sentado su pertenencia al autodenominado «Cartel de Guerreros Unidos»: y que se encontraba bajo las ordenes de Mario Casarrubias (a) «El Sapo Guapo», y que a raiz de la detención del mismo, es que se dedica a la venta de cocaína y marihuana, ahora bajo las ordenes de Ángel Casarrubias, (hermano del anteriormente citado), y que es el actual líder del Cartel de «Guerreros Unidos»; que además de vender droga su función principal también es la de pagar la nómina de los policías de Iguala Guerrero y que el dinero se lo entrega directamente a un tal Comandante Valladares, siendo que le entregaba la cantidad de $600,000.00 (seiscientos mil pesos 00/100 M.N.) mensuales, asimismo refiere saber que José Luis Sánchez Ramírez (a) «El Churro», es el «Jefe de Plaza de Buena Vista», y que tiene linea directa con «El Chino» quien es hermano de Ángel Casarrubias; y que el «Jefe de Plaza de Iguala de Guerrero», es «El Chaparro» y que es a raíz de la muerte de los «normalistas», es decir, de los estudiantes de la escuela normal rural «Isidro Burgos», de Ayotzinapa, cuyos hechos ocurrieron en el Municipio de Iguala, en el Estado de Guerrero, que fue que quemo toda la documentación que lo relacionara con el Cartel de «Guerreros Unidos»; agregando que Ángel Casarrubias Salgado, actualmente se encuentra radicando en Toluca, Estado de México y que desde ese lugar da las instrucciones para los demás integrantes de la organización criminal”, dice el expediente de la PGR, aquel año.

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